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lunes, 16 de junio de 2014

Sobre el éxito y la excelencia

Afirma la RAE que el éxito (del latín exitus, salida) es el resultado feliz de un negocio o actuación además de la buena aceptación que tiene alguien o algo. Con frecuencia hablamos de éxito y excelencia como si fueran sinónimos y, efectivamente, tienen algunos elementos en común, pero no son lo mismo. ¿No lo crees? Sigue leyendo.

La misma RAE afirma que la excelencia (del latín excellentia) es la superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo.

¿A que son parecidos? Expongamos dos formulaciones de ejemplo para reflexionar sobre ellas:
  1. Hoy he tenido éxito en este negocio.
  2. Hoy he realizado mi trabajo con excelencia.
Si he tenido éxito, estoy indicando que mi negocio ha finalizado según mi intención. En cambio, si mi trabajo ha sido realizado con excelencia lo que preciso es que fue hecho de manera eficiente, con calidad y con bondad (como dice la RAE), de modo que esa calidad produce admiración.
La admiración de la excelencia no proviene de finalizar la acción sino de la calidad de lo realizado.
Con solo el éxito, el caco consigue su botín, pero no podemos atribuirle un trabajo excelente, salvo que participemos de algún modo de la picaresca.
La excelencia alberga una componente moral, la bondad de la acción; el éxito no necesariamente.
No se puede decir que nuestros antepasados de Altamira tuvieran un éxito inefable: no hemos sabido de la existencia de esas pinturas rupestres hasta hace bien poco tiempo. Sin embargo, su trabajo fue excelente, digno de la estimación de todos en la actualidad y merecedor de unas medidas proteccionistas de conservación que indican la importancia del patrimonio cultural que suponen esas pinturas.

Cuando se habla de la cultura del esfuerzo, con frecuencia se habla de que conduce al éxito. A mí no me interesa esa cultura del esfuerzo si el camino hacia el éxito no pasa por las verdes praderas de la excelencia.

Cuando se utiliza tecnología educativa, sobre todo si hay gamificación por medio, hay que poner un exquisito cuidado pedagógico en que el objetivo de éxito no relegue la excelencia a la profunda oscuridad de las cavernas de la cultura del pelotazo.

¿Quieres saber más sobre la perversión en la cultura del esfuerzo? Te sorprenderás.

Ilustración: 
Antonio Marín (c). Más imágenes originales en http://dibuloco.wordpress.com/

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Alfredo Abad Domingo.
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sábado, 7 de junio de 2014

¿Eres pop o rock, de derechas o de izquierdas?

Os invito a hacer una pseudoencuesta entre quienes están a vuestro lado. Es muy sencillo, invitadles a escuchar una canción actual, cualquiera, y a continuación preguntarles si se trataba de pop o de rock.

Entre los encuestados que se sientan iniciados en estas lides musicales o al menos escuchen música de manera habitual -no necesariamente expertos-, observaréis que se decantan por pop o rock casi de una manera vehemente, como si la cuestión que se dirime fuera tan meridianamente clara.

A mi siempre me disuadió de emitir una opinión firme el pensamiento de que hay quien se clasifica como pop/rock, que es tanto como no definirse en absoluto.

Copio lo que afirma (solo 6 puntos de los 24 que propone) la revista GQ sobre cómo diferenciar el pop del rock:

1. La dicotomía retro de los Beatles y los Stones.
Los Beatles son pop y los Rolling Stones son rock.

2. La definición cardiológica de Roxette.
Si utiliza la palabra ‘heart’ en el estribillo de la canción, es pop. Ejemplos: “Tell It To My Heart”, “My Heart Will Go On”.

3. Excepción de Bon Jovi a la definición de Roxette.
Si utiliza la expresión ‘broken heart’, pronunciada ‘broukenjare’, es rock (y hay un 90% de posibilidades de que, efectivamente, sea Bon Jovi).

4. La hipótesis de la combinación de palabras medievales.
Todo grupo que tenga en sus letras o en el título de sus canciones alguna combinación de estas palabras es rock y más heavy que una lluvia de hachas: temple, doom, darkness, sword, hell, fire, beast, sacrifice, stone, knight o realm. Ejemplos: “temple of the beast”, “realm of fire”, “sword of doom”, “knight of stone” etc.

5. El teorema de la cultura contemporánea.
Toda canción que incluya una palabra de algo que ha sido inventado en los últimos 50 años, es pop. Ejemplos: Internet, Whatsapp o Nicolas Cage.

6. La verificación del movimiento de cabeza.
Si mientras esta sonando, eres capaz de bailarlo sin mover la cabeza, entonces es pop.

Si queremos argumentos más formales, aquí tenéis unos cuantos:
1- El pop tiene como esencia gustar a las masas, nunca buscará ser un género underground, porque su objetivo es vender. El rock en esencia busca plasmar una propuesta, pero siempre con la consciencia de que puede gustar o no, cuando las masas no le favorecen puede seguir desarrollándose en el nivel under o como dicen ahora, independiente.
2.-  El pop busca ser pegajoso, incluso meloso, las letras nunca intentarán llegar más allá de una frase bonita. Si se vuelve un clásico un tema es producto de la calidad y la constancia de siempre alcanzar los primeros puestos. Ejemplo más claro Michael Jackson. El rock no tiene como objetivo quedarse en una melodía pegajosa, busca también convertirse en un tema importante, inconscientemente se busca crear un  clásico, trascender a través de los años. Las letras a veces pueden protestar o crear consciencia.
3.- El pop nunca intentará ser agresivo, porque en sus seguidores eso en vez de ayudar ahuyenta a las audiencias. El rock puede darse el lujo de ser incluso inaccesible para las mayorías y ganar mucho respeto entre un público selecto.
¿Qué hemos aprendido? Que a veces las cosas no están tan claras como puede parecer a primera vista, pero aún así, el atrevimiento rompe las fronteras de la ignorancia.

Ahora proyecta lo aprendido y realiza esta otra encuesta: tal partido político ¿es de derechas o de izquierdas?

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Antonio Marín (c). Más imágenes originales en http://dibuloco.wordpress.com/

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jueves, 15 de mayo de 2014

Ready to war

"No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: Palos y piedras". 
Con esta diáfana frase aventuraba Albert Einstein (1879-1955) su visión de un hipotético futuro bélico, tan expresiva que no requiere un comentario posterior.

Una visión de la guerra desde otro ángulo es aportado por Hermann Hesse (1677-1962), escritor y pintor suizo de origen alemán:
"Nadie pensaba en una guerra, se aumentaba el armamento sólo por si acaso, porque los ricos ven con agrado muros de hierro alrededor de su dinero".

Desde el punto de vista operativo, la indicación viene del escritor francés Anatole France (1844-1924):
"Las victorias de los pueblos siempre son debidas a la inteligencia de los generales y al valor de los soldados; y las derrotas a la fatalidad".

El pesimismo extremo en la capacidad de bien del hombre es expresado desde algunas filosofías por Thomas Hobbes (1588-1679):
"La fuerza y el engaño son, en la guerra, las dos virtudes cardinales". 

Y ¿quien iba a decir que el mismo Goebbels afirmaría algo que ahora sabemos que es verdad?:
"En la guerra no existe la victoria, sino distintos grados de derrotas".

Aun así, sigo pensando que para evitar o destruir las guerras, también las tecnológicas, son útiles las cuatro virtudes cardinales, que siguen siendo cuatro, a saber:  prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
¿Alguien lo podría mejorar? 

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lunes, 24 de marzo de 2014

De las vanidades y otras envidias

Decía Hesíodo, poeta griego del siglo VIII a. C. que "No es el trabajo lo que envilece, sino la ociosidad".
En la época del clasicismo heleno no creo que pudieran tener en cuenta los factores que actualmente acompañan a quienes forzosamente quedan ociosos por falta de un puesto de trabajo por lo que nadie debe sentirse ofendido.

Tampoco pienso que Hesíodo quisiera llamar villanos, en el sentido peyorativo del término, a las muchedumbres de parados que tenemos actualmente en las sociedades modernas. Más bien supongo yo que el poeta se refería a esa acepción de la ociosidad que se predica de quien no hace nada, sin más interés que el de matar el tiempo, que no coincide necesariamente con quien no trabaja, o mejor, con quien -aunque quiera- no puede trabajar.

 En ocasiones el régimen de competencia lleva a situar a las personas en condiciones morales precarias que lesionan de algún modo su autoestima. En este sentido, apuntaba Indira Gandhi, estadista y política hindú en el siglo XX, que "Un día mi abuelo me dijo que hay dos tipos de personas: las que trabajan, y las que buscan el mérito. Me dijo que tratara de estar en el primer grupo: hay menos competencia ahí": ¡Cuánto sabía sobre vanidad el anciano!

También quedan fuera de este contexto quienes aun teniendo trabajo no pueden desarrollarlo bien porque su entorno laboral extorsiona injustamente sus posibilidades de desarrollo, por ejemplo, por rencillas, competitividad desbordada, pequeñas o grandes traiciones, etc. El trabajo sin prisa -decía Marañón- es el mayor descanso para el organismo. Sin embargo, someterse a un trabajo intenso aunque parsimonioso no es del patrimonio de la mayoría porque es muy difícil aislarse de las presiones y de las envidias.

Quien se deja llevar por la vanidad o por la envidia, en la ansiedad del objeto que persigue, y que con frecuencia consigue, obtiene su propio castigo. Se ríe el pudiente de la escasez del pobre como lo hace este del temor del rico. Quizás por eso decía el escritor español Benito Pérez Galdós: "Dichoso el que gusta las dulzuras del trabajo sin ser su esclavo". No dejes, buen amigo, que te roben la esperanza porque la pobreza sin esperanza es el dintel de la miseria.
Y si nos ponemos románticos, descubrimos con Goethe que solo si has estado todo el día trabajando es posible que un buen atardecer te salga al encuentro. 

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jueves, 6 de febrero de 2014

La radiografía

Decía Theodore Roosevelt, presidente norteamericano de principios del siglo XX, que "El periodista de investigación es a menudo indispensable para el bienestar de la sociedad, pero sólo si sabe cuando dejar de investigar".

No cabe duda de que una cierta dosis de introspección interior proporciona datos más o menos fiables de nuestras necesidades y posibilidades de cambio: es el primer paso en el camino de la mejora personal. Sin embargo, esta actitud puede derivar en un preciosismo interior encaminado en un primer estadio a lo obsesivo y en un segundo a lo compulsivo.

No está de más adquirir un cierto espíritu de examen (ahora se dice autocrítica), pero no para acuchillarse por los errores cometidos sino para orientar el futuro desde nuestro presente y tomando conciencia de cómo fue nuestro pasado.
De lo contrario, nos pasará como al español Severo Ochoa (premio Nobel en Medicina) que después de una vida de investigación se quejaba: "Me he dedicado a investigar la vida y no sé por qué ni para qué existe".

Y tú, lector, ¿practicas el examen -perdón, la autocrítica-? Y si no lo practicas ¿crees que podrás cambiar?
Pon cada día unos minutos de radiografía: aprenderás a mirarte como realmente eres y llegarás a ser como quieres ser.
¿Conoces alguna manera mejor de progresar en tu propia libertad? 

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martes, 21 de enero de 2014

Esa frigidez tecnológica que hiela la sangre

Decía Vicki Baum (1888-1960), escritora austriaca y de nacionalidad estadounidense, que "La fama trae la soledad. El éxito es tan frío como el hielo y tan poco hospitalario como el Polo Norte".

En Tecnología, esto es una realidad: algo tan efímero como la técnica, y aun más las modernas tecnologías de la información, nos dejan huellas aparentemente imborrables, pero cuya impronta es pisoteada por el siguiente hollado. Podríamos afirmar que, en tecnología, cada huella es destruida por la de la siguiente pisada.

En Educación esta realidad es llevada al extremo: el éxito puede ser el obstáculo imponente que aleje a un profesor de sus alumnos, sobre todo si no lo sabe gestionar adecuadamente. En este sentido, el padre de la educación americana Horace Mann (1796-1859) repetía que "El maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío".
Por eso, esta vez en palabras del Nobel de Literatura Mauriac: "El día que tú no ardas de amor, muchos morirán de frío".

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lunes, 18 de noviembre de 2013

Los nuevos terrores nocturnos

Paseaba tan tranquilo por la verde vereda de un acantilado. El mar abajo lanzaba las olas que batían contra las rocas con una espumosa violencia, sol en el cielo y brisa en la cara. Tanto la  sólida roca bajo mis pies como la altura sobre el agua infundían una gran seguridad, enhiesta, en mi camino.

Sonó el teléfono móvil, era el aviso de que un WhatsApp procedente de mi gestor financiero me aconsejaba cambiar una inversión para no seguir perdiendo capital pues mi fondo de inversiones ya había volatilizado tres cuartas partes de mis ahorros de toda la vida y no podía permitírmelo.

Al poco tiempo, un correo electrónico me advertía de que las facturas acumuladas del mes superaban el haber en mi cuenta corriente y se iban a devolver unas facturas: el banco me proponía cubrir el descubierto con un interés de dos cifras.

No terminaba de informar al banco de que aceptaba desangrarme -¡qué iba a hacer!- cuando entró una llamada telefónica. En este caso llamaban de la oficina de Recursos Humanos de mi empresa, porque yo era un privilegiado, tenía una empresa en la que trabajar; claro, que a partir de esa llamada iba a dejar de tenerla, o más bien, la empresa había decidido dejar de tenerme a mí.
Me entraron sudores fríos. En el hasta entonces azul cielo aparecieron unos nubarrones y la suave brisa en la cara se tornó violento tornado que hizo que mi seguridad, hasta entonces tan firme, me abandonara.
De repente, desperté. Menos mal, era un terror nocturno. Nada de lo soñado había pasado realmente. En ese momento, en mi todavía oscuro dormitorio, miré la hora en mi teléfono móvil que estaba en la mesilla de noche. En su pantalla, vi un mensaje WhatsApp de mi gestor financiero que no quise abrir, un correo de mi banco que no quise leer y una llamada perdida que no me atreví a contestar.

Vivimos -nos obligan- a vivir tan rápido y con tanta levedad que me hizo reflexionar:
¡Qué ligera es la delgada línea que separa la realidad del sueño! Realidad y sueño forman parte de la vida, de la misma vida.
Y, tú lector: ¿Crees que a ti nunca te pasará esto? 

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sábado, 2 de noviembre de 2013

Esta pirámide está en obras

Aunque las pirámides no son solo específicas del antiguo Egipto, puesto que los mayas y aztecas también construyeron las suyas si ningún contacto conocido con los pobladores del Nilo, sí es cierto que pensar en pirámides es trasladarse con el pensamiento a un lugar desértico con arena, mucha arena y alguna que otra caravana de camellos.

Los expertos no se ponen de acuerdo en la forma en que los antiguos egipcios pudieran crear esas fabulosas construcciones. Hay teorías para todo, incluso que fueron los tan verdes como extraterrestres marcianos los verdaderos agentes de esas geométricas moles.

Se me ocurría que el mismo efecto me produce escuchar las noticias económicas vengan del continente marxista o del neocapitalista: todo está horrible, pero a la vez todo está mejorando sustancialmente. Y, si no, fijémonos en las declaraciones de Emilio Botín, presidente del Banco de Santander:
"Es un momento fantástico para España, llega dinero de todas partes"
Pues si llega el dinero desde fuera, pero no nos llega a los que nos tiene que llegar, digo yo que en algún sitio se quedará. ¿O no?

Esas grandes afirmaciones, hinchadas de prepotencia, cuando todos nos conocemos son como grandes pirámides de aristas perfectas.
Pero, no olvidemos, aprovechando que es 2 de noviembre, día de ánimas: las pirámides -tan hermosas- no son sino tumbas y los egipcios habitantes del Purgatorio.
Ahora lo entiendo, Botín, con su mejor voluntad, estaba rodando un anuncio y después del Purgatorio, se ha cubierto de gloria.
Oremus pro defunctis.

¿No te crees lo de las pirámides? Yo tampoco. 


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miércoles, 16 de octubre de 2013

Robin Hood de los bosques

Robin, TICpollo, Hood
Cuenta la leyenda ( y Wikipedia) que Robin Hood era un hombre llamado Robin Longstride o Robin de Locksley, personaje de gran corazón y que vivía fuera de la ley, escondido en el Bosque de Sherwood, cerca de la ciudad de Nottingham. El mejor arquero, defensor de los pobres y oprimidos, luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan sin Tierra, que utilizaban la fuerza pública para acaparar ilegítimamente las riquezas de los nobles que se les oponían.

Robin Hood se hubiera casado con la bella Mariana Gilewater, hija del barón de Arlongford, pero la ceremonia es interrumpida por una banda de soldados del Príncipe Juan que irrumpen en la capilla y declaran a Robin Hood "un hombre fuera de la ley".

Éste consigue huir con sus fieles amigos y compañeros y se refugia en el bosque de Sherwood, convirtiéndose así en el príncipe de los ladrones. Mariana, encerrada con su propio padre, se escapa y se reúne con su novio, seguida por su confesor, el Hermano Miguel, que cambiará de nombre después por el de "Pequeño Juan".

Mientras tanto, el príncipe Juan se enamora de Mariana, la busca desesperadamente y quema el castillo de su padre. Después de mil aventuras en el bosque, Robin Hood y sus amigos encuentran un caballero desconocido: el Rey Ricardo, que vuelve de la Tierra Santa. Devuelve sus títulos nobiliarios a Robin y a los demás perseguidos y puede, por fin, desposar a su amada.

¡Qué final de historia tan feliz! Lamentablemente, no todas las historias de servidumbres -incluidas las modernas, las actuales- acaban tan bien.
Robin se opuso con un servicio a los desheredados al sometimiento de quienes ejercían el poder con tiranía. No quiero justificar yo las acciones de Robin, pero trasladándolas a la actualidad ¿a que el contexto las hace de alguna manera comprensibles? 

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martes, 1 de octubre de 2013

Todo un mundo submarino

¿Os acordáis cuando hace ya algunos años esperábamos ilusionados el día de la semana en que se ponía o se reponía en alguna cadena de televisión un nuevo capítulo de alguna de las series de Félix Rodríguez de la Fuente? Porque Félix fue quien nos engendró para la zoología, un auténtico padre taxonómico para varias generaciones.

De especial recuerdo fueron aquellos episodios que filmó sobre la vida y costumbres del lobo ibérico: aquellos animales que habíamos considerado como auténticas bestias, resulta que ahora aparecían como verdaderos corderitos, como si la fauna fuera clasificable moralmente en especies buenas o malas, atribuyendo a sus ejemplares la libertad que no tienen.

Claro que no toda la fauna es terrestre, también la hay fluvial y submarina: aquí podemos ver a TICpollo, nuestro personaje circunstancial, rodeado de pirañas.

Igual que los lobos nos recuerdan a nuestro querido amigo Félix, ¿no os recuerdan estas pirañas a esa población que pulula por muchas organizaciones que están a la caza y captura de cualquier oportunidad que nace de la más mínima herida sangrante?

Querido lector: cuidado con las pirañas, porque esta otra zoología sí que tiene libertad y no es consciente de que en aquella serie del zoólogo "El hombre y la tierra", la tierra era importante, pero también el hombre. 

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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Tienes más cuento que Calleja

Saturnino Calleja, editor y pedagogo nacido en Burgos en 1853 fue el autor de varios libros de la educación primaria de la época amén de múltiples lecturas infantiles.

Calleja se resistía a dar crédito al aforismo español que indicaba que algunos "pasaban más hambre que un maestro de escuela".
Y, para ello, fundó la revista "La Ilustración de España" que en su cabecera de portada afirmaba ser un "Periódico consagrado a la defensa de los intereses del Magisterio Español", acompañada por el boletín "El Heraldo del Magisterio".

Cuenta Wikipedia que la Editorial Calleja llegó a publicar unos tres mil títulos y no solo de cuentos, sino también libros de texto y pedagogía.
Con semejante nivel de producción, querido lector, ahora entenderás por qué ante esas situaciones que se tornan abrumadoras y de gran inventiva, se recurre tan a menudo a la expresión:
 "¡Tienes más cuento que Calleja!".

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martes, 11 de junio de 2013

Estudia el pasado para conocer el futuro (Confucio)

Iniciamos aquí una serie cómica de reflexión filosófica. El personaje de hoy es capaz de subirse a las cumbres y descender por los barrancos reflexionando sobre la "frase del día".
Hoy le tocó a Confucio: todo un cúmulo de sentido común.

Es verdad que el pasado, sea cual fuere, no debe atenazar o aherrojar nuestro futuro, pero también es verdad que no contar con lo acaecido en el pasado puede dar al traste con un futuro dirigido, lo que sería una necedad.

Con frecuencia, observamos en nosotros mismos y, aún más, a nuestro alrededor, a personas que se aventuran en el futuro sin conocer de dónde parten o en dónde están: esta sería la más formidable manera de considerar el propio futuro como un mero devenir, o sea, una forma más de renuncia a la propia libertad.



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jueves, 6 de junio de 2013

Tribus futboleras: vikingos, indios, culés y leones

Hace algún tiempo comentábamos en un post algo sobre las tribus tecnológicas, pero estas clasificaciones no son exclusivas del mundo tecnológico, también se extiende a otros ámbitos.
En la década de los 70, se desplegó una importante contratación de futbolistas extranjeros en el fútbol español. El Real Madrid fichó a varios jugadores alemanes, por ejemplo, Gunter Netzer, Paul Breitner, Jensen o Stielike. En simultáneo, el Atlético de Madrid derivó hacia jugadores argentinos como Ayala, Heredia o Panadero Díaz.

TICpollo, vikingo, navegando el Guadalquivir.

La estética de estos grupos de jugadores hizo el resto: el pelo largo de los argentinos y su procedencia hizo que la afición blanca invocara a los atléticos como "indios". Los colchoneros, a su vez, no se quedaron atrás y viendo el aspecto nórdico de los jugadores teutónicos del Madrid (altos, fuertes, rubios y con bigote) fueron encasillados como los "vikingos".

En San Mamés, los "leones" del Athletic de Bilbao toman su nombre de la leyenda que cuenta que este santo amansó a los leones cuando fue arrojado a ellos para que fuera devorado en Cesarea de Capadocia (en la actual Turquía), en el siglo III.

Por último, la afición "culé" que da nombre a los aficionados de Barcelona tiene su raíz en su antiguo Campo de la Industria, en el que los aficionados que se sentaban en la última fila de la grada superior, exponían su "trasero" al exterior del campo. Del "culers" catalán se derivó el término actual de culé en castellano.
¿Quieres saber más de otros equipos?

Hablando de vikingos, ¿sabías que en el año 844, los vikingos fueron derrotados en el Guadalquivir, cerca de los campos de Tablada por los Omeya, los  habitantes sevillanos de entonces?

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Otros post relacionados:

martes, 23 de abril de 2013

La tensión en Corea es tecnológica, pero no tanto

TICpollo, Tarzán, en las selvas coreanas.
Copio aquí una noticia de la agencia EFE del 19 de octubre, que ya apuntaba maneras:
Seúl, 19 oct (EFE).- Corea del Norte amenazó hoy con atacar una zona fronteriza de Corea del Sur si activistas de este país lanzan desde allí globos hacia el territorio norcoreano con panfletos contra el régimen de Kim Jong-un, lo que considera una "guerra psicológica".
En un comunicado, la agencia estatal norcoreana KCNA señaló que los activistas planean lanzar el próximo lunes folletos "difamando la dignidad del liderazgo supremo de la República Popular Democrática de Corea" desde el pabellón de Rimjin, en la ciudad fronteriza de Paju.

Ahora se plantea una posible guerra nuclear, que es fundamentalmente tecnológica, pero no parece ser una guerra 2.0. En Corea, la falta de libertad, impediría que la inteligencia de Corea del Sur o de sus aliados puedan lanzar folletos digitales a través de Internet.

Una vez más, y sin idolatrías digitales, Internet se manifiesta como termómetro de la libertad.

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martes, 5 de marzo de 2013

Diógenes enciende el farol, ¿salimos del túnel?

Leía hace unos días algo sobre la vida de Diógenes, el cínico:
Considerando su peculiar forma de vida, es imposible evitar hacerse una serie de preguntas. ¿Por qué vivía en un tonel? ¿Por qué rehusaba cualquier tipo de comodidad, hasta el punto de vestir sólo una túnica o de lamer el agua de los charcos, como hacen los perros? ¿Y qué quería decir con su busco un hombre, su respuesta a todo aquel que le preguntaba por su caminar a plena luz del día por las calles de Atenas llevando un farol encendido en la mano

Diógenes (TICpollo) enciende el farol para atisbar el final
de túnel.
Diógenes fue el primero de una nutrida pléyade de filósofos que entendieron la sabiduría como el rechazo de la vida ordinaria. Provistos de una túnica y una escudilla, orgullosos de su pobreza, vagaban mendigando por las ciudades de Grecia predicando el ascetismo, el retorno a la vida natural, el abandono de toda actividad intelectual y el desprecio a las comodidades. Los atenienses consideraron que tamaña excentricidad, rayana en la locura, era en cambio rica en amonestaciones, de modo que terminaron por apreciar a aquel filósofo que comía, dormía y realizaba sus necesidades corporales delante de todo el mundo y sin importarle el lugar.



Reflexión:

En nuestros días, Diógenes encendería el farol para encontrar el final de este túnel en que nos hallamos, pero de momento, sin perder la esperanza, solo se alcanza a distinguir las sombras de habitantes tenebrosos, intuitivos inquilinos de tan gran oscuridad.

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