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jueves, 12 de marzo de 2020

Lo que enseña un coronavirus

La Torre de Babel que quiere alcanzar el cielo por sí misma es a la soberbia humana, lo que un dudosamente vivo y miserable virus al propósito de pretender una seguridad absoluta: nuevos pelagianismos. Se me hace que, con toda nuestra prepotencia, somos muy vulnerables. 
#Covid_19
Pieter Bruegel: The Tower of Babel.
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Alfredo Abad Domingo.
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jueves, 30 de marzo de 2017

La ciencia en tu vida


Para iniciarnos, acotemos el ámbito de estudio: tomaremos por “vida” el entorno de relación en el que se desenvuelven las actividades personales o de interacción con otras personas con las que se mantienen vínculos, en cualquiera de sus facetas: materiales, laborales, profesionales, emocionales o, simplemente, concomitantes.

Ahora cabe distinguir dos tipos fundamentales de ciencia : por un lado las ciencias empíricas y las ciencias especulativas por otro. Puesto que el modo de enfocar el objeto de estudio de cada uno de estos tipos de ciencia es diverso, es posible alcanzar un ámbito de tratamiento muy extenso y que afecte a la mayor parte –si no a la totalidad- de una enriquecida experiencia humana.

Desde el punto de vista de las ciencias empíricas lo más significativo en nuestra vida queda empapado por la técnica, directamente fundamentada en los conocimientos científicos. Las actividades propias de la ingeniería se nutren intensamente de los hallazgos proporcionados por este tipo de ciencias. Por tanto, un amplio rango de afectación vital es el cubierto por la sociedad tecnológica, entendida en el sentido más amplio del término.

Así, tenemos ciencias como la Física, la Medicina, la Química, etc., que trascienden su objeto de estudio más íntimo y fructifican en multitud de aplicaciones que nos proveen de un cierto grado de desarrollo personal y social. Esto ha contribuido a la mejora sustancial de la calidad de vida humana y a un mejoramiento significativo de las relaciones que se pueden establecer entre las personas. Como ejemplo, se puede traer aquí el impacto que han tenido en la sociedad moderna las tecnologías de la información y la comunicación.


Por otro lado, las ciencias especulativas han provisto también de un importante nivel de desarrollo, en este caso, no necesariamente técnico. Además, estas ciencias capacitan al hombre para realizar una profunda reflexión sobre lo que es, lo que hace o puede hacer, e incluso sobre lo que puede llegar a ser, tanto por sí mismo como por su relación con otros, como es el caso de la Sociología o de las Ciencias políticas.
Aun así, podemos considerar otras ciencias que podríamos calificar como de transversales puesto que tienen una aplicación inmediata en muchos campos, tanto empíricos como especulativos, y que proveen de un armazón intelectual de calidad sobre el que construir el edificio científico, proporcionando además una cierta unidad y equilibrio entre todos los conocimientos, de modo que no aparezcan como dispersos.

Por ejemplo, podemos citar la ciencia matemática. En sí, no es una ciencia experimental, es más bien especulativa, pero su aplicación a las ciencias empíricas es de primer orden. Es más, sin la Matemática, las ciencias empíricas no podrían ser más que descriptivas, disminuyendo de este modo su valor predictivo de nuevos fenómenos, lo que es de vital importancia para la confirmación de la veracidad de toda teoría científica. Podríamos decir, de algún modo, que la Matemática forma parte del método científico.

De modo semejante, la Filosofía y sus ciencias derivadas –me viene a la mente, la Lógica- proporciona una conexión de la realidad medible con la realidad ontológica, lo que consigue una correlación entre la verdad y lo verosímil, entre lo lógico y lo ontológico.

Por tanto, atendiendo a estos dos modelos de ciencia, el hombre en su vida puede conocer cómo las cosas son (ciencia empírica) y lo que las cosas son (ciencias especulativas).
¿Podemos ahora afirmar que la ciencia está desconectada de la vida? 
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Alfredo Abad Domingo.
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sábado, 25 de marzo de 2017

Sobre la verdad y el conocimiento

Conseguir distinguir la verdad como realidad cognoscible externa al sujeto que la conoce del conocimiento que alcance ese sujeto de esa realidad es todo un reto.

Siguiendo este criterio, la verdad aparece siempre objetiva, puesto que es la realidad. Ahora bien, ¿puedo conocer la realidad tal y cómo es? Es más, ¿puedo tener alguna certeza de que lo que conozco de la realidad es auténticamente verdadero?

Si no apoyamos la correlación entre verdad y realidad se corre el importante riesgo de caer en el escepticismo, en el que se duda filosóficamente de que la verdad pueda ser conocida por un sujeto. Esta duda es razonable si la realidad permaneciera oculta a nuestro conocimiento, es decir, no le fuera aplicable ninguna epistemología. Sin embargo, si partimos del hecho de que la realidad mantiene una estructura cognoscible, entonces la realidad cognoscible –externa a mí- es lo que llamaré verdad.

A partir de aquí, podré afirmar que mi conocimiento es verdadero si se da una correlación estrecha entre la realidad y lo que conozco de ella. Si tomamos de esta manera la verdad, entonces ésta es única y no podemos hablar de mi verdad o tu verdad: sino de la verdad, que es la realidad en cuanto cognoscible.
No obstante, el sujeto tiene algo que decir y la historia de la Filosofía así lo ha demostrado.

Efectivamente cada sujeto conoce la verdad que encierra la realidad que le circunda de acuerdo con diversos factores que son subjetivos: el mismo sujeto, el contexto en que se conoce, la cultura, otros elementos sociales, etc.

Entonces, ¿por qué no podemos hablar de mi verdad y de tu verdad? La razón es tan precisa como profunda, pero en ningún caso sencilla: puedo referirme a distintos conocimientos de la misma y única verdad. Si dos sujetos difieren en su apreciación de una misma realidad, no es porque la realidad sea múltiple y dirimible, sino que el conocimiento que tienen de la misma es enriquecedoramente diverso por la acción de esos factores subjetivos o contextuales.

Por tanto, lo que un sujeto puede afirmar es que él percibe o piensa la realidad de un  modo que puede diferir de la percepción de otro: la realidad –totalmente objetiva y externa- no cambia, es única; la percepción de la misma, sí.  Y, este es justo el punto en donde subyace la posibilidad de error.

La confusión de verdad y conocimiento conduce necesariamente al relativismo, que expresa la verdad según los parámetros del sujeto que la conoce, abandonando una descripción de la realidad –descripción subjetiva- que toma como referencia las percepciones subjetivas, los distintos enfoques, los contextos sociales o culturales, etc.

El relativismo cognitivo alienta el diálogo pues hace concesiones a la disparidad de criterios de múltiples sujetos, pero sacrifica la conexión del conocimiento con la realidad, lo que impide el acceso a la verdad objetiva.

Obviamente, esta discusión se dinamiza sobre esa estrecha fistula que se establece entre la Lógica y la Ontología, es decir, que dependerá de cómo se tome la realidad, pero no debe afectar al método de conocimiento: mucho menos aún al método científico.

El escepticismo que el relativismo promueve no es el de la duda metódica de Descartes, que es una cuestión de método, sino que procede de una duda ontológica, pudiendo negar, incluso, que la realidad pueda ser cognoscible, además de simplemente percibida.

Claro que este avance, plantea nuevas cuestiones: ¿existe exclusivamente la realidad que puede ser percibida?, ¿toda realidad es percibida?, ¿todo lo percibido es real?, ¿cómo sé que lo que conozco tiene un fundamento real? No podemos decir, que la epistemología no nos planteará asuntos de interés.

Y en este blog de reflexión tecnológico, planteo una sibilina pregunta: ¿La Técnica es una ciencia? ¿La Tecnología es una ciencia?, o lo que es más agudo:¿Diferencias Técnica y Tecnología? 
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Alfredo Abad Domingo.
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lunes, 20 de marzo de 2017

Sísifo, ¡tienes un WhatsApp!

La tecnología inunda nuestras vidas y lo intenta a modo de invasión que debemos controlar para no caer esclavos de la modernidad. El equilibrio entre información y conocimiento, entre inteligencia y voluntad es de vital importancia para no dejarse arrastrar por la compulsividad de una vida carente de reflexión y dominada por los dispositivos electrónicos. Debemos estar tan alejados de la tecnofobia como de la tecnofilia.
No se imaginaba Sísifo lo que había de sucederle, camino de la cima del monte. Este rey griego, fundador de la ciudad griega de Corinto, fue un hombre astuto e ingenioso cualidades que demostró con frecuencia: se le ocurrió rodear toda su ciudad con altas murallas para que los viajeros que quisieran entrar en ella para comerciar con sus habitantes tuvieran que pagar para entrar allí, haciendo de las puertas de la ciudad el primer portazgo de cobro de impuestos.
Tanta astucia no le sentó nada bien: confiando en sí mismo, llegó a traicionar a Zeus , el mayor de todos los dioses del Olimpo, quien le condenó a muerte. Hades, hermano de Zeus, le debería recibir en el reino de los muertos, que era de su dominio. De camino, Sísifo consiguió escaparse en varias ocasiones, pero finalmente tuvo su castigo.

Su penitencia consistiría en subir una enorme roca a lo alto de una colina, pero a punto de llegar a la cima, la enorme piedra siempre se le escapaba, haciendo baldío todo su esfuerzo y teniendo que empezar de nuevo su hazaña en un eterno retorno.

Cada ser humano, como Sísifo, carga con su propia roca, solo que la nuestra cambia con los tiempos. Quizás, una de las rocas actuales sean las nuevas tecnologías, que llevamos a la espalda. Con ellas construimos el camino que tenemos por delante, pero debemos cuidar que su peso, en un eterno retorno, no acabe rompiendo nuestras espaldas. Por eso, un consumo equilibrado es para las nuevas tecnologías como lo es el oxígeno para el cuerpo.

Pregúntate: ¿Notas la vibración de tu móvil aun cuando no lo llevas encima? ¿Te sientes agobiado cuando observas que se agota tu batería o no encuentras tu smartphone? ¿Sientes la necesidad implacable de consultar compulsivamente la actividad en tus redes sociales?
Si te sientes identificado como actor principal de estas preguntas, es posible que estés afectado por nomofobia (ALFREDO ABAD. Familias Digitales. Capítulo 4, Dispositivos móviles, epígrafe Nomofobia), ese miedo irracional, no controlado, a estar separado de tus dispositivos móviles. Según un estudio publicado en 2015 por el periódico El País sobre conductas patológicas en Internet, realizado por la ONG Protégeles , que colabora en programas de la Comisión Europea, el 21,3% de los jóvenes está en riesgo de ser adicto a las nuevas tecnologías. Y el 1,5% ya lo es y no controlan su conducta, lo que afecta al trabajo y a las relaciones personales. Todo un problema.

Supongo que Sísifo, en su eterna y redundante tarea pensaría con ansiedad algún modo de destruir su ciclo de esfuerzo: su vida, ahora, carecía de sentido, puesto que no llevaba a ningún fin. Era esclavo de su propia actividad.
Muchos artistas, diseñadores y arquitectos se caracterizan por expresar un “horror vacui” (horror al vacío) en sus obras, es decir, rellenan los huecos en blanco que quedan en algunas zonas de la pared o el lienzo de manera intensiva y, para ello, emplean motivos vegetales o diseños geométricos, no necesariamente con un sentido expreso, porque les horroriza cualquier espacio carente de decoración. Es el adorno propio del Barroco  y más específicamente del Rococó . La actividad humana moderna ha caído en lo que podríamos llamar un “horror vacui tecnológico”. Las nuevas tecnologías han ocupado abrumadoramente el espacio de muchas personas. Estas personas han llegado a sustituir en buena medida las relaciones personales vis a vis por enlaces superfluos mediante la tecnología.
Ahora quiero plantear una pregunta al lector: ¿Quieres ser espectador de tu vida o más bien protagonista de ella?

En nuestra sociedad, estamos constantemente recibiendo estímulos. Incluso se ha hecho del ocio una necesidad, por eso ya no se entiende como algo adicional. Por tanto, es necesario reflexionar si necesitamos algo de silencio, que nos ayude a aprender y aprehender, para interiorizar y consolidar la información que recibimos, para convertir la información en conocimiento reflexivo. Sin el silencio ocurre lo que decía Heidegger : “El hombre habría negado y lanzado fuera de sí lo que tiene de más propio, a saber, que es un ser que reflexiona”.

El ruido no solo nos hace sordos, sino que también nos impide preguntarnos sobre lo que observamos en la realidad. Sin embargo, tenemos que preguntarnos: si es tan importante este silencio como parece, ¿por qué nos rodeamos de pantallas de manera compulsiva? (CATHERNIE L’ECUYER. Educar en el asombro. Capítulo “El silencio”, pag 115 y ss.)

Este silencio, no necesariamente el acústico, no tiene que ser permanente ni mucho menos, pero sí que es necesario para poder reflexionar e impedir la trepidación en nuestro día a día.
Quizá Sísifo iba reflexionando, rodeado de silencio, pero esa deliberación interior le pudo distraer y, suspendida la atención, tropezara en el camino dejando escapar su enorme piedra. Sísifo reflexionaba, pero ¿sobre qué? ¿sobre lo que era objeto de su destino o sencillamente se distrajo con los recovecos del camino?

Tenemos que preguntarnos por qué podemos perder estos momentos necesarios de silencio, poco a poco te darás cuenta de la cantidad de información y estímulos que se nos percuten día mediante las nuevas tecnologías. Por ejemplo, se dice que actualmente cada dos días se genera la misma cantidad de información en Internet que la humanidad había generado en 5.000 años antes de la introducción de las nuevas tecnologías. Este fenómeno producido en los últimos años se denomina infoxicación (ALFREDO ABAD. Familias Digitales. Capítulo 8. La Blogosfera, epígrafe El grave problema de la infoxicación): una intoxicación producida por la ingesta de demasiada información, que se hace no digerible.

Es muy importante saber diferenciar entre lo que es información y conocimiento. El mero hecho de que poseamos una cantidad muy elevada de información no significa que el conocimiento que uno pueda tener, basado en esa información, sea mayor.

Para que la información no se convierta en inútil al ser excesiva, ni nos lleve a ser imprudentes al tener al ser escasa, debemos tener suficientes datos y para ello debemos tener criterio de selección de las informaciones de las que partimos en un proceso de estudio. A este proceso de selección que sigue unos criterios perfectamente definidos, se le denomina curación de contenidos, que define un nuevo papel profesional llamado “content curator” (término inglés para designar a personas que realizan está función en una empresa).
De esta manera, cada persona sabrá qué información ha de tener en cuenta por su valor para llevar una vida recta y organizada, siendo protagonistas de cada uno de sus momentos. Así no seremos esclavos de las nuevas tecnologías para no caer en la servidumbre que apuntaba el filósofo y escritor existencialista Jean Paul Sartre“Lo que poseemos, nos posee”.

Las nuevas tecnologías nos plantean una colisión entre dos de las características más importantes que hacen de cada individuo una persona humana: la inteligencia y la voluntad. De esta manera evitaremos confundir la acción con la abstracción, la acción de inculcar con la de educar.
Las tecnologías de la información y la comunicación afectan tanto a la inteligencia que trabaja con información en forma de conceptos, como a la voluntad que produce acciones en forma de procesos: la infoxicación es a la inteligencia como la multitarea  a la voluntad (CATHERINE L’ECUYER. Educar en la realidad. Capítulo 4, pag. 49 y ss). Nos referimos con esta multitarea a dos acciones simultáneas que requieran procesar información, usando directamente la inteligencia; algo para lo que la naturaleza humana no está especialmente preparada, sin excluirlo.

La multitarea no deja de ser un mito porque desempeñar dos procesos que exijan atención permanente produce una ansiedad que no podemos soportar durante mucho tiempo sin caer en la trepidación.
De hecho, en la actualidad, se están desarrollando técnicas de gestión de la atención y concentración en un solo proceso con objeto de mejorar el rendimiento. Una de estas técnicas es el Mindfulness.

En la vida de cada uno conviene reflexionar sobre nuestro equilibrio entre la inteligencia y la voluntad, sin excluir los sentimientos, emociones y afectos. Nuestra sociedad actual premia la acción, la voluntad, pero no valora tanto la inteligencia en el ámbito personal. Es como si la balanza de nuestra vida estuviera desequilibrada por la voluntad frente la inteligencia, el hacer frente al pensar.
Si Sísifo hubiera reflexionado sobre las consecuencias de su conducta, quizás no hubiera tenido que cargar con la piedra, porque no hubiera traicionado a Zeus, pero eso requería pensamiento consecuencial y este modo de pensar requiere integración de inteligencia y voluntad.

Por lo general, un medicamento suele poseer un principio activo que es lo que hace que un enfermo se cure de su enfermedad, pero el medicamento se comercia junto con otra serie de sustancias llamadas excipientes que hacen que podamos digerir y aceptar el principio activo. Con las nuevas tecnologías ocurre algo similar. Por eso no nos podemos quedar solo con los excipientes de la modernidad haciendo un mal uso de los dispositivos, o utilizando solo las funciones más irrelevantes, sino que debemos usar estas tecnologías con equilibrio, mesura e inteligencia, conducidos por un fin previamente elegido con nuestra libertad de ejercicio.
No estoy diciendo que dejemos de usar las nuevas tecnologías, no podemos ser tecnófobos, apoyo su uso, pero deben ser correctamente usadas. Así no nos quedaremos fuera de este nuevo y maravilloso mundo de la Tecnología e Internet.

Este trabajo proporciona ideas sobre los riesgos que pueden impedir que el uso de las nuevas tecnologías consiga la eficacia para la que fueron diseñadas, porque es una evidencia que estas novedades ya han cambiado el mundo: no podemos prescindir de ellas sin salirnos del mundo, pero no debemos permitir que nuestra realidad se convierta en una evasión.
Para ello hemos reflexionado sobre cómo el tema de estudio interacciona con los distintos saberes filosóficos: antropología, gnoseología, psicología, ética y el modo político de relación personal entre humanos.
COLABORACIÓN.- 
Sergio Abad Zorzo.
Filosofía, Bachillerato tecnológico.
20017.
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Alfredo Abad Domingo.
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sábado, 30 de enero de 2016

¿Estas ilusionado, iluminado o entusiasmado? Tú eliges

 En la fábula de Samaniego, la zorra incapaz de alcanzar por sí misma las uvas, renunció a su objetivo protegiendo su orgullo apoyando la ficción interior de que "no estarían maduras".
Es voz común que a más del mediodía
en ayunas la zorra iba cazando.
Halla una parra, quedase mirando
de la alta vid el fruto que pendía.
Causábale mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.
Miró, saltó y anduvo en probaduras;
pero vio el imposible ya de fijo.
Entonces fue cuando la zorra dijo:
"¡No las quiero comer! ¡No están maduras!"
No por eso te muestres impaciente
si se te frustra, Fabio, algún intento;
aplica bien el cuento
y di: ¡No están maduras!, frescamente.
No hace mucho, refiriéndose a la complejidad política de formar gobierno, un amigo con quien hablaba afirmaba que había llegado a la conclusión de que "cualquier gobierno resultante sería el mejor de los posibles".
Y esto  -de inmediato- me recordó a Samaniego, a su zorra y a las inalcanzables uvas.

Afortunadamente hay personas que se ilusionan con facilidad, de hecho -afirman- se "vive de ilusiones". El latín del que procede el término ilusión  (illusio) tiene la misma raíz que lúdico y ludópata (del verbo illudere): jugar contra y hacer mofa; por lo que iluso se traduce por engaño o percepción irreal, antes de que en el siglo XIX adquiera el matiz de esperanza infundada o expectativa favorable.
Por tanto, vivir de ilusiones es enrolarse en una idea del devenir alimentada por una ficción construida imaginariamente, pero que no exige un apoyo en la realidad: la zorra se obligó a pensar que las uvas no estarían maduras, así no tendría que enfrentarse al fracaso impuesto por la limitación de alcanzarlas.
La motivación del cambio producido por una ilusión es exterior y, por ello mismo, cambiante, inestable.

El tipo de persona iluminada también tiene una relación intensa con el exterior, pero en cuanto que recibe una luz que la llena de claridad. Esa luz le viene de fuera, pero no le es ajena. En este caso, la motivación sigue siendo externa, pero tiene un reflejo subjetivo en su interior relacionado con la fuente de luz que le alumbra.
Por eso hablamos de visionarios, de personas que prevén situaciones, resultados de procesos y que pueden fundamentar sus predicciones.
Son personas que elucubran, término coloreado en su origen con el matiz de trabajar con luz por la noche, por ello en la actualidad nos sugiere una divagación de apariencia profunda -que puede llegar a serlo- o también imaginar sin mucho fundamento. El iluminado es un ilustrado, una persona que se abre a la realidad, por eso lee, estudia, investiga, pregunta, se interesa.
El iluminado o ilustrado cimenta su idea en una experiencia externa, pero la elabora cuando la realidad que le circunda traspasa la frontera de su subjetividad para manifestar la luz recibida.

Por último tenemos al entusiasta, que exhibe una exaltación de ánimo que parece venir de una energía exterior porque en su interior no se halla potencia suficiente que justifique tal impulso.
Este "enthusiasmus" latino procede  del griego 'ἐνθουσιασμός' - 'enthousiasmos': inspiración divina, arrebato o éxtasis; que a su vez deriva de 'entheos o enthous': que lleva un dios dentro.
El entusiasmo era ese furor o arrobamiento de las sibilas al formular sus oráculos inspirados por Apolo.

Para el entusiasta la motivación es interior, es posible que su semilla haya sido depositada por ese Apolo, pero nace y florece en su interior, porque se ha alejado de la ficción del ilusionado: es la realidad externa misma expresada desde su interior.

El ilusionado y su versión sofisticada -el iluminado o ilustrado- pactan el declive de su acción esforzada cuando desaparece el estímulo externo; en cambio, el entusiasmado cuenta en sí las herramientas de la perseverancia con que le obsequia ese Apolo que le motiva en su interior: no se somete fácilmente a las circunstancias porque conoce el fundamento de su esperanza. No es que sus oráculos sean performativos de la realidad, sino que bien al contrario, es la realidad la que conforma su ánimo con un vínculo verde-esperanza.

En tecnología no se puede dar un paso sin ilusión, pero debemos aspirar a algo más: la fe ciega en la tecnología es una ilusión efímera, vana, banal.
Y mi amigo manifestó su necesidad de consenso político encerrada en una ilusión, pero no lo tengo por iluso ya que la necesidad guarda relación con la realidad: él manifestó su ilusión teñida de esperanza, propia de un entusiasmo aún escaso de ánimo por la dificultad que entraña el consenso. Por eso le dedico este post.

Ilusión, Ilustración y Entusiasmo son tres pupilos de la misma familia con los que nos cruzamos cada día en el camino de la vida.

Querido lector:
Si eres un iluso, bien por ti, no es bueno vivir desilusionado; Si eres un ilustrado, bien por ti, es bueno no vivir a oscuras; pero a mí me gustaría dejarme guiar por el entusiasmo.
En cualquier caso, ¡tú eliges!
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domingo, 19 de abril de 2015

Familias digitales

"Familias Digitales", nuevo libro en la colección Hacer Familia de la Editorial Palabra sobre las claves y consejos para convivir en una sociedad en red, especialmente para los ámbitos familiares y educativos.

Colección: Hacer Familia.
Editorial: Palabra.
Edición: 1ª, abril 2015.

Paginas: 192.
Encuadernado: Rústica.
Formato: 19 x 12.

Idioma: Español.
ISBN:978-84-9061-208-8.


Más información y compra online en:
        www.palabra.es/familias-digitales-1346.html

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Ahora, también traducido al Inglés y publicado en Estados Unidos por Editorial Excepter:

"Digital Families: Tips and Guidelines for Living in an Online Society", Alfred Domingo. Ed. Scepter. New York (USA), ago-2016.
PB: 978-1-59417-258-9 y eBook: 978-1-59417-259-3.

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Por último, también traducido al Portugués y publicado por la editorial Quadrante:

Título en Portugués: "Familias Digitais"


Ficha Técnica:
Número de Páginas: 126.
Editora: Quadrante.
Idioma: Português.
ISBN: 978-85-74652-36-8.
Dimensões do Livro: 14 x 21 cm.


Sinopsis:
Este libro se presenta como un manual para aprender a convivir con las nuevas tecnologías con una visión educativa para abordar este factor tan presente en la sociedad.

¿Conoces las ventajas de un consumo adecuado de las tecnologías de la información y la comunicación? Internet, los dispositivos móviles, los ordenadores, las redes sociales etc. han pasado a formar parte de la cultura del ser humano y conforma una nueva forma de vida de la que no es posible escapar. Saber cómo convivir con ello, educar en esta nueva forma de sociedad y conocer los beneficios y riegos es indispensable hoy en día.

Este libro es un guía sobre las nuevas tecnologías tanto para conocedores de la materia como para los que todavía no se atreven a dejarse llevar por la red. Es además un gran apoyo educativo para los que se enfrentan a este tema, nuevo para ellos, con hijos, alumnos, etc., a los que orientar.

Una forma positiva y novedosa de adentrarse en el mundo tecnológico.

Alfredo Abad (Madrid, 1961) es licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es profesor de Seguridad, Alta Disponibilidad y Redes de ordenadores. También escribe en CuriositaTICs, su blog de reflexión tecnológica. Ha gestionado la implantación de la tecnología en centros educativos y en empresas editoriales y ha sido profesor de masters de posgrado con la Fundación Universidad-Empresa sobre tecnología educativa en la UNED y en otras instituciones educativas y empresariales. 
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lunes, 30 de junio de 2014

Cuando lo gratuito se hace perverso

Hace pocos días publicaba Kaspersky, una de las compañías de seguridad informática más importantes a nivel mundial, un estudio personalizado sobre los contenidos no deseados más populares entre los menores.

Datos relevantes del estudio

El estudio registra una estadística de uso del control parental de sus productos de protección en España, por tanto, revela datos muy fiables sobre cuáles son las intenciones de acceso de los menores españoles.

El control parental de Kaspersky gestiona, entre otras, categorías de acceso como pornografía, violencia, drogas o software ilegal. El resultado del estudio es muy significativo porque el 40% de las visitas de niños españoles (realmente, usuarios controlados por un control parental) iban dirigidas a contenidos web clasificados como pornográficos, mientras que los intentos de acceso a software ilegal representan un 24%.
¿Esto es mucho o es poco? En mi opinión, es demasiado.

Si comparamos con otros países europeos, en España estamos en accesos a la pornografía por debajo del resto de Europa occidental, que se sitúa 10 puntos por encima (50%). Aunque lo más significativo es que el acceso a software pirata no alcanza en Europa occidental el 6% frente al 24% español, lo que significa una proporción del 400% de intentos de software ilegal en España con respecto de la media en Inglaterra, Alemania, Francia e Italia.
Si los accesos a la pornografía nos parecían muy significativos, los del acceso al software ilegal son descomunales.

¿Cómo podemos explicar esto?

El acceso a páginas eróticas o pornográficas se puede explicar -no justificar- fácilmente por las tendencias concupiscibles de cualquier ser humano, sobre todo si está especialmente despierto en esas edades adolescentes en donde se tiene toda la pasión y disminuidas las defensas. La adolescencia se sitúa más o menos de la misma manera en el proceso evolutivo de cualquier persona, por eso la transversalidad de los datos por países viene a ser más o menos equivalente.

Sin embargo, la explicación de la abundancia exagerada de intentos de acceso al software ilegal en España con respecto del resto de la Europa occidental es mucho más prolija: en parte se alimenta de las costumbres generadas por la cultura de lo gratis y en parte por el atractivo reto de no tener que pagar por nada, aunque sea a fuerza de saltar por encima de la ley.
En cualquiera de los dos casos, la génesis es un problema educativo.

Es importante proteger al menor de contenidos no deseables, pero en el caso del software ilegal, conociendo que -aunque no necesariamente- frecuentemente su descarga viene infectada de malware, el riesgo para la seguridad del menor es extremo puesto que significa la apertura a todo un mundo de delincuencia, por ejemplo, a través del ciberacoso.

Además del problema semántico que entraña el término "free" en inglés, que se puede traducir al español como "gratis" o como "libre",  se añade una nueva confusión ya dentro de nuestro idioma, porque gratis puede predicarse de lo que carece de precio, de lo que carece de valor y por eso tiene precio cero o también puede indicar que aunque tenga valor y precio, lo puedo conseguir de balde: no es que el objeto sea gratuito en sí, sino que yo lo consigo gratis.

En cualquiera de los casos, se identifican gratis con ausencia de valor o bien gratis con reto para saltarme un pago: todo un desafío para la educación del menor y una perversión de lo gratuito.
Y ahora mi pregunta: ¿sólo del menor?

¿Quieres leer más sobre otras perversiones?

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sábado, 7 de junio de 2014

¿Eres pop o rock, de derechas o de izquierdas?

Os invito a hacer una pseudoencuesta entre quienes están a vuestro lado. Es muy sencillo, invitadles a escuchar una canción actual, cualquiera, y a continuación preguntarles si se trataba de pop o de rock.

Entre los encuestados que se sientan iniciados en estas lides musicales o al menos escuchen música de manera habitual -no necesariamente expertos-, observaréis que se decantan por pop o rock casi de una manera vehemente, como si la cuestión que se dirime fuera tan meridianamente clara.

A mi siempre me disuadió de emitir una opinión firme el pensamiento de que hay quien se clasifica como pop/rock, que es tanto como no definirse en absoluto.

Copio lo que afirma (solo 6 puntos de los 24 que propone) la revista GQ sobre cómo diferenciar el pop del rock:

1. La dicotomía retro de los Beatles y los Stones.
Los Beatles son pop y los Rolling Stones son rock.

2. La definición cardiológica de Roxette.
Si utiliza la palabra ‘heart’ en el estribillo de la canción, es pop. Ejemplos: “Tell It To My Heart”, “My Heart Will Go On”.

3. Excepción de Bon Jovi a la definición de Roxette.
Si utiliza la expresión ‘broken heart’, pronunciada ‘broukenjare’, es rock (y hay un 90% de posibilidades de que, efectivamente, sea Bon Jovi).

4. La hipótesis de la combinación de palabras medievales.
Todo grupo que tenga en sus letras o en el título de sus canciones alguna combinación de estas palabras es rock y más heavy que una lluvia de hachas: temple, doom, darkness, sword, hell, fire, beast, sacrifice, stone, knight o realm. Ejemplos: “temple of the beast”, “realm of fire”, “sword of doom”, “knight of stone” etc.

5. El teorema de la cultura contemporánea.
Toda canción que incluya una palabra de algo que ha sido inventado en los últimos 50 años, es pop. Ejemplos: Internet, Whatsapp o Nicolas Cage.

6. La verificación del movimiento de cabeza.
Si mientras esta sonando, eres capaz de bailarlo sin mover la cabeza, entonces es pop.

Si queremos argumentos más formales, aquí tenéis unos cuantos:
1- El pop tiene como esencia gustar a las masas, nunca buscará ser un género underground, porque su objetivo es vender. El rock en esencia busca plasmar una propuesta, pero siempre con la consciencia de que puede gustar o no, cuando las masas no le favorecen puede seguir desarrollándose en el nivel under o como dicen ahora, independiente.
2.-  El pop busca ser pegajoso, incluso meloso, las letras nunca intentarán llegar más allá de una frase bonita. Si se vuelve un clásico un tema es producto de la calidad y la constancia de siempre alcanzar los primeros puestos. Ejemplo más claro Michael Jackson. El rock no tiene como objetivo quedarse en una melodía pegajosa, busca también convertirse en un tema importante, inconscientemente se busca crear un  clásico, trascender a través de los años. Las letras a veces pueden protestar o crear consciencia.
3.- El pop nunca intentará ser agresivo, porque en sus seguidores eso en vez de ayudar ahuyenta a las audiencias. El rock puede darse el lujo de ser incluso inaccesible para las mayorías y ganar mucho respeto entre un público selecto.
¿Qué hemos aprendido? Que a veces las cosas no están tan claras como puede parecer a primera vista, pero aún así, el atrevimiento rompe las fronteras de la ignorancia.

Ahora proyecta lo aprendido y realiza esta otra encuesta: tal partido político ¿es de derechas o de izquierdas?

Ilustración: 
Antonio Marín (c). Más imágenes originales en http://dibuloco.wordpress.com/

Reflexión:  
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Alfredo Abad Domingo.
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viernes, 30 de mayo de 2014

La comunicación al servicio de la Cultura del Encuentro

Reproducimos hoy, por su elevado interés y la profundidad de la reflexión, el texto propuesto para las 48 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del Papa Francisco, de fecha 1 de junio de 2014 y que lleva por título:

"La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro"

[Nota: las negritas y énfasis en el texto son míos].

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy vivimos en un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; por lo tanto, parece que debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. El desarrollo de los transportes y de las tecnologías de la comunicación nos acerca, conectándonos mejor, y la globalización nos hace interdependientes. Sin embargo, en la humanidad aún quedan divisiones, a veces muy marcadas. A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres. A menudo basta caminar por una ciudad para ver el contraste entre la gente que vive en las aceras y la luz resplandeciente de las tiendas. Nos hemos acostumbrado tanto a ello que ya no nos llama la atención. El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas.

En este mundo, los medios de comunicación pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos. Comunicar bien nos ayuda a conocernos mejor entre nosotros, a estar más unidos. Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto. La cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. Los medios de comunicación pueden ayudarnos en esta tarea, especialmente hoy, cuando las redes de la comunicación humana han alcanzado niveles de desarrollo inauditos. En particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios.


Sin embargo, también existen aspectos problemáticos: la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo.

La variedad de las opiniones expresadas puede ser percibida como una riqueza, pero también es posible encerrarse en una esfera hecha de informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados intereses políticos y económicos. El mundo de la comunicación puede ayudarnos a crecer o, por el contrario, a desorientarnos. El deseo de conexión digital puede terminar por aislarnos de nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado. Sin olvidar que quienes no acceden a estos medios de comunicación social –por tantos motivos-, corren el riesgo de quedar excluidos.

Estos límites son reales, pero no justifican un rechazo de los medios de comunicación social; más bien nos recuerdan que la comunicación es, en definitiva, una conquista más humana que tecnológica. Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar. Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad, entre otros.

Entonces, ¿cómo se puede poner la comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro? Para nosotros, discípulos del Señor, ¿qué significa encontrar una persona según el Evangelio? ¿Es posible, aun a pesar de nuestros límites y pecados, estar verdaderamente cerca los unos de los otros? Estas preguntas se resumen en la que un escriba, es decir un comunicador, le dirigió un día a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» (Lc. 10,29). La pregunta nos ayuda a entender la comunicación en términos de proximidad. Podríamos traducirla así: ¿cómo se manifiesta la «proximidad» en el uso de los medios de comunicación y en el nuevo ambiente creado por la tecnología digital? Descubro una respuesta en la parábola del buen samaritano, que es también una parábola del comunicador. En efecto, quien comunica se hace prójimo, cercano. El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad».

Cuando la comunicación tiene como objetivo preponderante inducir al consumo o a la manipulación de las personas, nos encontramos ante una agresión violenta como la que sufrió el hombre apaleado por los bandidos y abandonado al borde del camino, como leemos en la parábola. El levita y el sacerdote no ven en él a su prójimo, sino a un extraño de quien es mejor alejarse. En aquel tiempo, lo que les condicionaba eran las leyes de la purificación ritual. Hoy corremos el riesgo de que algunos medios nos condicionen hasta el punto de hacernos ignorar a nuestro prójimo real.

No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura. Las estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación. El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo quien comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un comunicador. Precisamente por eso el testimonio cristiano, gracias a la red, puede alcanzar las periferias existenciales.

Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera. Y las calles del mundo son el lugar donde la gente vive, donde es accesible efectiva y afectivamente. Entre estas calles también se encuentran las digitales, pobladas de humanidad, a menudo herida: hombres y mujeres que buscan una salvación o una esperanza. Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar «hasta los confines de la tierra» (Hch. 1,8). Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asimismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos.

Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de comunicar este rostro de la Iglesia? La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.

No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana» (Benedicto XVI,Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2013).

Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.

Que la imagen del buen samaritano que venda las heridas del hombre apaleado, versando sobre ellas aceite y vino, nos sirva como guía. Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien encontramos herido en el camino. No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital. El interés y la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación son importantes para dialogar con el hombre de hoy y llevarlo al encuentro con Cristo: una Iglesia que acompaña en el camino sabe ponerse en camino con todos. En este contexto, la revolución de los medios de comunicación y de la información constituye un desafío grande y apasionante que requiere energías renovadas y una imaginación nueva para transmitir a los demás la belleza de Dios.

Vaticano, 24 de enero de 2014, memoria de san Francisco de Sales
FRANCISCUS 

(Recogido de https://www.pccs.va/index.php/es/giornate-mondiali-delle-comunicazioni-sociali-4/2014)


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Alfredo Abad Domingo.
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jueves, 17 de abril de 2014

De la avaricia y otros remordimientos

Frecuentemente el sufrimiento humano es la manifestación de una vida llena de tensiones. El desequilibrio puede provenir de agentes externos que agreden modificando las circunstancias o del interior del sujeto.
Las injerencias exteriores nos hacen conscientes del dolor, pero las que provienen del interior nos dañan sin dejar rastro en la consciencia aunque no se inhiben en la conciencia.

Un buen ejemplo lo tenemos en la avaricia, de la que Jean de La Fontaine (escritor y poeta francés del siglo XVII), afirmaba que lo pierde todo por quererlo todo. El remordimiento interior que produce la avaricia no solo es tan inconsciente como agresivo. Ya en nuestro siglo, pienso que es lo que significaba Francisco Ayala cuando decía que "La avaricia es la más desinteresada de las pasiones, ya que exige una abnegación, a veces de magnitud heroica".
Y no solo eso, sino que el avariento suministra -sin querer- combustible para los celos, que no son sino una mezcla explosiva de amor, odio, avaricia y orgullo: todo un séquito de vanidades.
En la vida profesional la avaricia se manifiesta como reserva cautiva de conocimientos y experiencias. Miguel de Unamuno (filósofo español del siglo XX) se refería a ello cuando afirmaba que "Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos".
Tecnológicamente hablando la tendencia de software libre intenta atenuar este tipo de comportamiento avariento.
Y si quieres profundizar sobre el daño que produce la avaricia, te diré con San Bernardo de Claraval que no es sino "un continuo vivir en la pobreza por temor a ser pobre".

Querido lector, ¿te compensa la avaricia? 



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martes, 1 de abril de 2014

El frasco de las esencias: la integridad


Dicen que el mejor negocio es comprar a un hombre por lo que vale y venderlo por lo que él piensa que vale.
No sé si es así, pero lo que se me hace evidente es que a todos nos ocurre que imaginamos valer más de lo que los demás piensan que valemos. Tenemos una cierta tendencia a considerarnos mejores de lo que realmente somos.

Con frecuencia establecemos nuestro propio valor por lo que hacemos, por lo que representamos, por lo que tenemos. Y entonces, erramos el tiro.
Ya en el siglo I Juvenal, poeta satírico romano, afirmaba que "la integridad del hombre se mide por su conducta, no por sus profesiones".

También observamos que no siempre nuestra conducta es recta. En ocasiones no nos salen las cosas como queremos que nos salgan. Ni siquiera podemos garantizar querer hacer las cosas con rectitud. Hacer el bien exige aprendizaje, además de querer hacerlo. Séneca, filósofo latino contemporáneo de Jesucristo, se formulaba la siguiente pregunta retórica: ¿Qué importa saber lo que es una recta si no se sabe lo que es la rectitud?

Cuando nos proponemos vivir en cualquier circunstancia una vida recta disponemos nuestros pasos hacia la altiplanicie de la integridad. La mirada de otros no perturbará nuestro buen hacer ni nuestro bien pensar, sobre todo porque "sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y reconocer sus errores" (Benjamín Franklin).

Ahora, querido lector, ¿te atreves a destapar el frasco de las esencias de tu propia integridad? 

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Alfredo Abad Domingo.
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domingo, 16 de marzo de 2014

La levedad de lo que parece tan importante


Todo el mundo lo hace, pero vivir no siempre es tan fácil. Nos cuesta todo nuestro esfuerzo, a razón de 24 horas por día.
Claro que como la vida es un evento 24x7, que no admite interrupción, no le concedemos demasiada importancia y presuponemos que el 24x7 se amplía  automáticamente a 365x24x7 y así podríamos extendernos en la serie temporal.

Esto es lo que parece, pero todos sabemos que realmente no es así, porque aun inconscientemente aprendemos de manera natural que ninguna biografía tiene discontinuidades topológicas: todas se expresan en un único segmento continuado, si bien acotado por una frontera.

Lo que les pasa a nuestras vidas ocurre necesariamente a todo aquello que cargamos sobre ellas. Nos hemos acostumbrado a unos modos de vida -modernos, decimos ahora- que incorporan herramientas, tecnologías o usos totalmente inconcebibles en otras épocas (no hace tanto de ello) pero que inhieren de tal modo en nuestra actividad que no podemos ni imaginar cómo hemos sido capaces de llegar hasta el momento actual sin ellas.
Es como si el móvil, la tableta o Internet fueran nuevos apéndices con los que ahora nacemos. Y, en cierto modo, así puede parecer. Pero no es del todo cierto, porque el móvil, la tableta o Internet generan en nosotros una dependencia externa. En casos extremos, una fuerte adicción.

Las dependencias siempre generan ansiedades y, cuando no se pueden controlar, frustraciones.
Cuando estamos en posesión de aquello que satisface nuestro inmediato deseo, parece como si reposáramos en un estado de calma, pero siempre se asoma a nuestra intimidad una duda en forma de corazonada: ¿qué pasaría si tuviera que dejar de satisfacer esa necesidad que ahora tengo cubierta?
Plantearse esta pregunta, intentar resolverla con sinceridad y gestionar sobriamente sus comprometedoras consecuencias nos empuja a iniciar un camino que nos induce un cierto grado de madurez.

Con motivo de algunas discontinuidades de servicio nos planteamos que hasta hace poco nos parecía que sin WhatsApp no podríamos vivir porque, tautológicamente hablando, de hecho no podríamos vivir. Sin embargo, hemos descubierto que lo que resolvía parte de nuestra vida no era WhatsApp sino el significado en nuestras vidas de lo que representa la mensajería instantánea. Y aquello que era un servicio 24x7 ha revelado su auténtica realidad y casi ha producido una quiebra en nuestras vidas. Pero, también ha puesto de relevancia otros servicios alternativos semejantes con sus ventajas e inconvenientes y nos ha hecho comprender que lo importante no son los servicios de la vida sino la vida misma.
Si usas prudentemente los servicios tecnológicos pronto descubrirás que apagar el móvil de vez en cuando te proporcionará muchas otras ventajas.
Y desde aquí te propongo que abandones esa obesidad digital y sigas una dieta de adelgazamiento tecnológico, al menos, para sobreponerte a tus tan incontroladas como incontrolables dependencias. 
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Alfredo Abad Domingo.
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