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jueves, 18 de abril de 2013

Movilidad (II): servicios basados en la nube

Servicios basados en la nube

Continuamos con este segundo post, esta serie de 10 artículos sobre movilidad subtitulados "La sustantivación técnica del adjetivo", que pretenden estudiar el estado de las tecnologías móviles actuales y que invitan a la reflexión sobre el impacto que tiene la aplicación de la movilidad TIC sobre la sociedad y el quehacer cotidiano. El subtítulo es, cuando menos, intrigante; pero espero que conforme avance el desarrollo de estos artículos, el lector avispado se irá persuadiendo del significado profundo que subyace de él.
El índice que desarrollaremos será el siguiente:
  1. Introducción: las tres tendencias tecnológicas actuales.
  2. Los servicios basados en la nube (este post).
  3. La convergencia de las comunicaciones.
  4. El fenómeno BYOD y la consumerización.
  5. Los nuevos dispositivos móviles.
  6. Las nuevas necesidades de los usuarios con movilidad.
  7. El nuevo "socialismo digital": un cambio en el paradigma social.
  8. Movilidad y aprendizaje.
  9. El utilitarismo de la compulsión postmodernista.
  10. Incidencia de estos cambios en las empresas.

(Post 2/10 de la serie Movilidad TIC: la sustantivación técnica del adjetivo).

La nube no es una tendencia. No es algo que esperamos: ya está aquí, aunque según el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Seguridad de la Información (ONTSI ), dependiente del Ministerio de Industria, el 55% de las empresas aún no saben qué es si bien el 25% afirma conocer la tecnología.

Quizás no nos damos cuenta pero llevamos utilizando masivamente algunos servicios de la nube desde hace años. La comodidad de tener siempre disponible la información, por ejemplo mediante servicios como Dropbox o Apple iCloud, de disponer de las aplicaciones que habitualmente utilizamos en su formato web ha hecho que poco a poco vayamos abandonando el paradigma de la computación tradicional...

En ella, el usuario debe ubicarse donde se localizan sus datos y sus aplicaciones para ir consiguiendo que datos y aplicaciones estén disponibles permanentemente con independencia de su localización física concreta, pero aún más: del dispositivo electrónico que se utilice para el acceso a la nube. Por eso podemos explicarnos fácilmente el éxito de servicios en la nube como los de Google o Microsoft Office 365.

Figura 1. Servicios provistos por Cloud Computing y relación de servicios entre capas.
Para el común de los usuarios, los servicios en la nube más utilizados son los de SaaS (Software as a Service), que se encargan de virtualizar las aplicaciones, y los de IaaS (Infrastructure as a Service) con servicios tan conocidos y desarrollados como el almacenamiento de documentos en la nube (Dropbox).
El tercer tipo de servicio en la nube es solo apto para desarrolladores, se trata de PaaS (Platform as a Service).

Que PaaS sea un servicio poco conocido, no quiere decir que sea poco utilizado y, mucho menos, de escasa relevancia: de PaaS dependen gran parte de las estrategias de muchas compañías como veremos más adelante.

En cualquiera de los casos la computación en la nube exige en los proveedores de servicios un sustrato tecnológico sin el que no podrían desarrollar sus servicios: se trata de la virtualización.

Este es el elemento estratégico fundamental para el desarrollo, no así para la comercialización de los servicios ya que la virtualización pasa desapercibida para los usuarios que consumen los servicios que provee.
Mediante la virtualización creamos ficciones de los sistemas, tanto hardware como software así como de las aplicaciones, de modo que sin ser, parece que son. Y son, pero virtuales; y por tanto, insensibles a los problemas relacionados con la localización, que son los grandes inconvenientes de los sistemas tradicionales y que comprometían la alta disponibilidad de los servicios ofrecidos. Lo importante es darse cuenta de que la virtualización no hace la nube, pero no hay nube sin virtualización.

Figura 2. Distintas soluciones de virtualización de sistemas y sus tipos tecnológicos (AxH, Asistida por Hardware).
Actores importantes en el escenario actual que comercializan productos de virtualización son Microsoft, VMware, Citrix o Parallels, aunque hay varias decenas de plataformas de virtualización de software libre para todos los gustos (véase Figura 2). Con estos productos se pueden construir nubes privadas, públicas e híbridas en función del modelo de propiedad.


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Alfredo Abad Domingo.
Twitter: @AlphesTIC,  https://twitter.com/AlphesTIC 
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Artículo "Tecnologías para la movilidad. La sustantivación técnica del adjetivo". Escrito originalmente y publicado en Escenario 2012. Instituto Tecnológico y Gráfico Tajamar. ISBN: 978-84-88543-12-7. Copyright 2012 by Alfredo Abad. Se otorga licencia de reproducción citando al autor y revista de publicación original.

Entradas relacionadas fuera de la serie:

lunes, 18 de febrero de 2013

Plan de contingencia: corre, que viene el meteorito


Pendientes. Todos estábamos pendientes del paso del asteroide  2012 DA14, que así es como se llama el pedrusco. Según National Geographic, se le calculaban una probabilidad de colisión con la Tierra del 0,031% y tendría unos 45 metros de diámetro, algo menos del ancho de un campo de fútbol. Su masa sería de unas 140.000 toneladas.
Un choque de estas características generaría una explosión de 2,4 megatones, es decir, que se liberaría una cantidad de energía equivalente a la explosión de 2,4 millones de toneladas de dinamita (TNT): ¡qué calor!
Para hacernos una idea aproximada, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki estaban entre los 15 y los 20 kilotones, o sea unas 150 veces menos: ¡qué grandioso es el salvaje poder de la naturaleza!

Para hacernos una idea, debemos saber que el radio aproximado de la Tierra es de algo menos de 6.400 km. Los satélites artificiales geoestacionarios, esos que están siempre en el mismo sitio respecto de un observador terrestre, se encuentran situados a unos 36.000 km de altitud. Pero nuestro asteroide ha pasado a unos 27.000 km, es decir, que ha pasado entre los satélites geoestacionarios y la superficie de la Tierra y a una velocidad de 13 kilómetros por segundo: ¡Esta vez, realmente, se ha acercado bastante a nuestros cráneos!

Infografía sobre el asteroide 2012 DA14 (Fuente: Diario ABC, www.abc.es)

El asteroide de Rusia

Todos estábamos pendientes de este asteroide cuando nos sorprendió que otro, totalmente incontrolado, caía realmente en la atmósfera produciendo numerosos y variados desaguisados en Chelyabinsk (Rusia), cerca de los montes Urales.
Este cuerpo astral medía unos 15 metros en el momento en que hizo su espectacular entrada en la atmósfera y una masa de 7.000 toneladas, o sea, sensiblemente inferior al 2012 DA14.
Durante su descenso, el meteoro brilló más que el sol y se fue desprendiendo de unos centenares de kilotones de energía.

Otros asteroides caídos

En 1908 otro meteorito, que no dejó cráter, cayó en la taiga siberiana (Rusia), cerca del río Tunguska y arrasó una superficie de más de 2000 km cuadrados. La energía liberada se calculó en el equivalente a unas 300 veces la de la bomba nuclear de Hiroshima.

Se supone que el hipotético meteorito que hizo desaparecer entre otras especies a los dinosaurios hace 65 millones de años tenía un diámetro de 10 km.

El mayor impacto de que se tiene noticia se produjo hace 250 millones de años con un asteroide de 480 km de diámetro. Se encuentra en la Antártida a 2 km de profundidad bajo el hielo.

El daño producido por el meteorito de Rusia no ha sido producido por el impacto sobre la tierra de lo que quedaba de él. De hecho ha caído sobre un lago helado. El destrozo ha sido producido por la gigantesca onda de choque que ha generado al desacelerarse por contacto con la atmósfera: 30 segundos duró su descenso.

Un desastre para la actividad de tu compañía

Vamos a suponer que, efectivamente, en tus instalaciones empresariales no cae un meteorito, pero te pasa uno cerca. No hace falta que sea un objeto superdestructivo, basta con que sea uno como el último que ha caído. Ahora pregúntate: ¿Tienes tus datos a salvo? ¿Y, tus procesos?
Una buena parte de las empresas alojadas en el Word Trade Center no sobrevivieron a la catástrofe del 11-S. No ya por el impacto de los aviones que destruyeron las torres, sino porque no pudieron rehacerse tras la catástrofe por nos haber alojado copias de seguridad de los datos fuera de los edificios siniestrados.

Si fundamentas tu compañía en un conjunto de activos críticos que tienen como base la información o los procesos informatizados no puedes arriesgar. Tienes que aspirar a tener una una estructura informática distribuida o al menos deslocalizada. Basta con que pienses qué pasaría si en las instalaciones de tu empresa hubiera un corte de suministro eléctrico de un par de días.
Cloud Computing (la computación en la nube) te puede ayudar a construir este tipo de infraestructuras, aunque la nube no lo es todo. La serie de tres artículos, aquí en CuriositaTICs, sobre Cloud Computing te orientarán sobre cómo conseguirlo.

El 2012 DA14, volverá a la Tierra sucesivas veces, ya que tiene una órbita elíptica y no se descarta que en alguna de sus aproximaciones (por ejemplo, en 2020) llegue a impactar realmente o, al menos, roce la atmósfera con gran profusión de pirotecnia natural.

No es necesario esperar un cometa. Basta con pensar en un incendio, una inundación, un robo, un terremoto o cualquier catástrofe, aunque sea menor comparada con un choque astral.
Para entonces, ¿tendrás un eficaz plan de defensa ante desastres preparado para la supervivencia de tu organización? Es una gran misión del administrador de seguridad de toda compañía.

Por cierto: los cuerpos astrales de los que hablamos aquí se llaman asteroides (antiguamente planetoides) o cometas. Sólo cuando uno de estos cuerpos cae a tierra, se le acostumbra a llamar meteorito. 

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Alfredo Abad Domingo.
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Artículos relacionados:

domingo, 20 de enero de 2013

Tabletas y tulipanes: la burbuja de la movilidad TIC

Hasta no hace mucho, para la mayoría de nosotros las burbujas estaban en los refrescos con gas o, como mucho, en el cava del spot publicitario televisivo de final de cada año. Pero había otras burbujas que nos pasaban desapercibidas: las burbujas especulativas. Por no ir más lejos, tomaremos el ejemplo de la burbuja inmobiliaria. Las primeras burbujas se nos antojan inocentes, se componen de un gas inocuo como el dióxido de carbono (CO2), las segundas de ladrillos, euros y dólares.

Esto ha cambiado tanto, que el segundo tipo de burbujas ha eclipsado a las primeras, pero el boom  inmobiliario no ha sido la primera burbuja especulativa de que se tiene memoria. La primera de que se tiene constancia es la que se produjo en Holanda en el siglo XVII con los tulipanes. Sí, sí, estimado lector: los tulipanes.
En occidente, el tulipán se importó en el siglo XVI como planta ornamental procedente de Anatolia, la actual Turquía, en pleno imperio otomano. El tulipán era parte de la cultura en el medio oriente y en parte de China. Nadie podía predecir la relevancia que alcanzó en Europa y, en concreto, en los Países Bajos. En Holanda, que tenía una actividad comercial febril, los bulbos de tulipanes se convirtieron prácticamente en piezas de coleccionista, debido a la gran variedad de tulipanes que había y que los jardineros holandeses estaban creando.

Fruto de esto, el precio de los tulipanes creció exponencialmente llegando a cantidades hiperbólicas: el bulbo de algún tulipán llegó a costar un precio similar al de un inmueble, el equivalente al salario de seis años. Puesto que su precio estaba muy encima de su valor, ya estaban las bases de una burbuja liliácea. Invirtiendo en tulipanes siempre se ganaba dinero fácil y a toda velocidad porque siempre había alguien dispuesto a pagar por ese tulipán algo más de lo que anteriormente costó.
Todo esto funcionó hasta que...

En las TIC, las burbujas no son tan antiguas, pero son más abundantes ¿acaso ya no se recuerda el ocaso de las famosas PUNTO-COM, que tuvieron su máximo apogeo en el año 2000? Lo que ocurre es que el pinchazo de estas burbujas estaba previsto desde su nacimiento.
Efectivamente las sociedades de capital riesgo aportaban gigantescas cantidades de fondos financieros a multitud de empresas nacientes (startups), sabiendo que asumían un gran riesgo, pero con la esperanza de que algunas de ellas -pocas- tuvieran un gran éxito y sus ganancias les proporcionarían los beneficios que buscaban y que les resarcirían de las pérdidas que se producirían necesariamente en la gran mayoría de las inversiones en las empresas que no llegaran a despegar.

Con el desarrollo de Internet, estas empresas experimentaron un crecimiento espectacular. El sector servicios creció por encima de toda previsión. Daba la sensación de que las empresas ya nunca tendrían que producir "productos", ya solo tendrían que gestionar "servicios". Pero no fue verdad. Ahora lo vemos claro cuando en Alemania el sector industrial es lo que ha dado estabilidad al país cuando ha decaído el sector terciario de servicios debido a la crisis financiera que todavía padecemos.

Actualmente, en las TIC, se está produciendo un fenómeno que merece nuestra reflexión. En las empresas, habitualmente se han necesitado equipos de escritorio con una capacidad de cálculo aceptable.
Pero ahora ya no es así. Muchas aplicaciones están en la nube y solo se necesita un escritorio gráfico, sin demasiada potencia (thin clients o clientes ligeros), para poder acceder a la nube que es en donde se ejecutan realmente las aplicaciones: tecnología que se proporciona a través del consumo de uno o varios servicios mediante Cloud Computing, que ya hemos tratado en este blog (¿Qué es Cloud Computing?).

Sin embargo, con la tecnología móvil está ocurriendo justo al contrario. Cada vez necesitamos móviles o tabletas más potentes. Hasta el punto de que algunos de estos dispositivos móviles son más potentes que algunos equipos de escritorio. Y no lo son más porque se necesitarían unas baterías importantes, que no existen o no se podrían transportar fácilmente, impidiendo la movilidad.
Esto está derivando en una nueva "convergencia entre dispositivos móviles y de escritorio". El más claro ejemplo de esto es el recientemente anunciado Ubuntu Phone OS, del que también hemos hecho comentarios en CuriositaTICs (Ubuntu Phone OS y el Cid Campeador).

Por eso, adquirimos una tableta, pero no solo, también necesitamos un teclado externo.Compramos un móvil, pero además unos altavoces para reproducir música desde el dispositivo móvil y que se escuche no solo junto al oído.
¿Qué puede determinar si hemos de hacer un despliegue con equipos de escritorio o equipos móviles? Pues, además del tipo de producción y de la necesidad de movilidad también dependerá de la naturaleza de las aplicaciones que se tengan que ejecutar: de si siguen o no un modelo SaaS  (software como servicio) en la nube  o no. Si las aplicaciones están construidas a medida y son más antiguas, los dispositivos móviles no nos serán de utilidad. Si por el contrario, las aplicaciones están en la nube, la movilidad puede ser una buena elección.

Pero, ¿qué nos estamos encontrando? Que los fabricantes nos tratan de convencer de que necesitamos equipos de escritorio y equipos móviles. Además los dispositivos móviles serán teléfonos, pero no solo, también tabletas o convertibles. También podemos fijarnos en los precios: ¿verdad que hay muchos dispositivos móviles que son más caros que equipos de escritorio?
Huele a burbuja. Consume, consume; que algo queda.

En las burbujas siempre hay un crecimiento inmoderado. Algunos especuladores holandeses del siglo XVII detectaron algunos signos de saturación en el mercado del tulipán y vendieron sus bulbos con grandes ganancias. Cuando el resto de comerciantes se dieron cuenta, la cantidad de bulbos en el mercado era enorme y los compradores ya no estaban dispuestos a pagar los precios que anteriormente habían estado pagando. En poco tiempo, el precio del tulipán se hundió y con él la economía de Holanda, que había hecho del tulipán el centro de su economía además de producto nacional.

Con al explosión de una burbuja no todos pierden, los hay que se forran y los hay que se arruinan, depende de en qué punto exacto del negocio estés en el momento del pinchazo gaseoso.
¿Cuándo explotará la burbuja de la movilidad?
Las sociedades de capital riesgo, en donde están invertidos parte de los fondos de nuestros planes de pensiones, también reciben el nombre de "Venture capital". Por aquello de que las inversiones de riesgo siempre suponen una aventura en el inversor.
No sé si te das cuenta -mi querido lector- de dónde se halla la aventura de los modernos tulipanes. 
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Alfredo Abad Domingo.
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viernes, 4 de enero de 2013

¿Qué es Cloud Computing? (parte 3 de 3)

Computación en la nube: disipando la borrasca (parte 3 de 3)

Este artículo está precedido por su primera parte y por una segunda parte.

¿Qué beneficios nos proporciona la nube?

Ya hemos ido desglosando algunos de los beneficios pero vamos a sistematizarlos para que aparezcan con mayor claridad.
Recientemente Microsoft publicó un documento dirigido a Gerentes de TI, que se puede descargar desde la dirección desde aquí, y en el que se analiza detenidamente la dirección que toman las empresas y como esto impactará en los servicios de la nube. En este documento se proponen tres factores de especial interés y que se presentan como beneficios de la nube:
  1. Capacidad de autoservicio: los clientes pueden solicitar los servicios que requieran para sacar adelante su producción mediante un sistema de autoservicio de aplicaciones de un modo casi automático y con unos tiempos de despliegue muy bajos, típicamente muy pocos minutos.
  2. Precio por uso: Se pueden predecir los costes del servicio puesto que la forma de pago es por uso. Además se permite una facturación granular en función de la cantidad y naturaleza de los recursos utilizados: coste por hora de CPU, por GByte de disco utilizado (o contratado), por Gbyte transmitido por la red, etc.
  3. Estandarización, escalabilidad y agilidad: Cloud Computing permite gestionar dinámicamente las diferentes cargas de trabajo que se demandan en los diferentes puntos del ciclo de producción de las empresas y responder al incremento o disminución de las demandas de recursos si afectar al rendimiento y si exigir unos costes de inversión iniciales elevados. Además todos los procesos en la nube están normalizados.

Un documento en la misma línea, mucho menos formal, pero muy ilustrativo es el que presentó Google en el Google Press Summit para hacer entender cómo la nube mejora sustancialmente la seguridad de los procesos informáticos y que se puede descargar desde en este enlace.
En este documento se presentan unos datos que ponen los pelos de punta: el 60% de la información de las empresas se encuentran en sistemas no protegidos, uno de cada diez portátiles es robado antes de cumplir un año de su compra, el 66% de los propietarios de pendrives afirman haber perdido alguno de estos dispositivos con información confidencial.

¿Quiere esto decir que ya no necesitaremos de un gestor de mantenimiento de equipos ya aplicaciones? En el entorno doméstico puede ser que sí, pero no en el corporativo o empresarial. Efectivamente los datos, las aplicaciones y la seguridad están garantizados, pero se exige un conocimiento de los procesos empresariales exhaustivo para acertar en las contrataciones de los servicios, sobre todo porque no será tan fácil cambiar de proveedor de servicios una vez que tengamos los datos en sus instalaciones y a los empleados formados en las nuevas herramientas.

Podríamos decir que la nube premia el orden y mejora las circunstancias económicas de las empresas, pero no resuelve los problemas estructurales de las corporaciones: aquí la figura del Gerente de Ti es de vital importancia, por eso todas las consultoras afirman la importancia que tiene que el CIO (Chief Information Officer) esté integrado en la alta dirección de la empresa, razón esta por la que el 90% de las implantaciones de aplicaciones de CRM, ERP y Business Intelligent fracasan en las empresas de tipo medio a pesar de que pueden suponerles inversiones superiores a la mitad de su presupuesto en TI a lo largo de varios ejercicios. En estos casos la nube puede ayudar al éxito, pero –si lo estructural no funciona previamente- no puede evitar el fracaso.

Los actores de la nube

La nube tiene actualmente una nube de proveedores, cada uno de los cuales provee uno o más servicios. Entre los principales actores están Amazon, Microsoft y Google. Hay muchos más, pero esos tres merecen que nos detengamos con algo más de atención. Una lista más completa se puede conseguir en la página https://cloudtaxonomy.opencrowd.com/

Amazon provee servicios a través de su plataforma Amazon EC2 (Elastic Compute Cloud), que –en palabras del propio Amazon- es un servicio web que proporciona capacidad informática con tamaño modificable en la nube. Se puede conseguir más información así como listas de precios en la página https://aws.amazon.com/es/ec2/.
Microsoft provee de elementos tecnológicos con su plataforma Windows Azure que integra todos los elementos necesarios para el despliegue de nubes. Puede conseguirse información en www.windowsazure.com.
Además Microsoft provee servicios en la nube a los usuarios de aplicaciones a través de sus servicios web online. Recientemente la compañía de Redmon ha puesto Microsoft Office en la nube con el servicio Microsoft Office 365, que sustituye al anterior Office Live.
Google también es un proveedor importante en la nube a través de Google Apps.

Para el lector interesado son muy recomendables los vídeos sobre Cloud Computing del canal de vídeo en Youtube de IBM, en el enlace siguiente: https://www.youtube.com/user/IBMPrensa.
Es posible probar durante un mes gratuitamente una aplicación CRM en la nube desde la web del proveedor de aplicaciones en la nube Salesforce en https://www.salesforce.com/es/.
Un buen tutorial de las tecnologías relacionadas con la nube se puede encontrar en https://www.thecloudtutorial.com/
Por último, es muy recomendable la página de Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Cloud_computing en donde hay enlaces a una gran cantidad de documentación adicional. 



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Alfredo Abad Domingo.
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Artículo "Computación en la nube: disipando la borrasca". Escrito originalmente y publicado en Escenario 2011. Instituto Tecnológico y Gráfico Tajamar. ISBN: 978-84-88543-11-0. Copyright 2011 by Alfredo Abad.

domingo, 30 de diciembre de 2012

¿Qué es Cloud Computing? (parte 2 de 3)

Computación en la nube: disipando la borrasca (parte 2 de 3)

Este artículo está precedido por su primera parte

Elementos tecnológicos de una nube

El concepto previo fundamental en Cloud Computing es “virtualización”, que en Informática indica la abstracción de un recurso: algo que un usuario usa como “si fuera…”, pero que realmente ”no es…”, o al menos no es como el usuario lo percibe, aunque le proporciona el servicio que él espera. Ahora virtualizamos sistemas con tecnologías como VMware, VirtualBox, XEN, VirtualPC, HyperV, Parallels o muchas otras y conseguimos que una pieza de software en el PC local (sistema o máquina virtual) se comporte como si fuera un sistema físico independiente. De modo semejante a la virtualización de sistemas pueden virtualizarse las aplicaciones, los medios de almacenamiento e incluso los recursos de red.

Las nubes se construyen siguiendo una arquitectura de capas que utilizan masivamente las tecnologías de virtualización. La funcionalidad de cada capa se expone como servicio a los clientes de la nube o a las otras capas en forma de servicios (véase Figura 2).
Figura 2. Arquitectura de capas de una nube
(fuente: Wikipedia, licencia CC-by-sa Sdhabeger).

Primera capa: Servicios de infraestructura o IaaS (Infrastructure as a Service).

En esta primera capa se prestan los servicios de almacenamiento de datos, de computación -capacidad de cálculo-, comunicaciones en red y de gestión de bases de datos. Por ejemplo, podríamos contratar un sistema informático virtual con una potencia de cálculo equivalente a dos procesadores Xeon de 64 bits y 1,7 GHz, 4 Gigabytes de RAM, capacidad de almacenamiento en disco de 250 Gbytes y un ancho de banda de red para el sistema de 100 Mbps decidiendo pagar por gigabyte transmitido por la red.

Segunda capa: Servicios de plataforma o PaaS (Platform as a Service).

Esta capa se encarga del entorno de desarrollo y de ejecución. Si el desarrollador tiene que montar una aplicación sobre la nube necesitará un conjunto de herramientas  (librerías, lenguajes de programación, etc.) con las que operar. Además, una vez montada la aplicación, esta debe ser ejecutada a través de un entorno de ejecución (runtime environment). Son comunes en las nubes lenguajes de programación y entornos de desarrollo como Django, Java, o la plataforma de código gestionado de Microsoft .NET Framework.

Tercera capa: Servicios de software o SaaS (Software as a Service).

En esta capa se exponen como servicios las interfaces de las aplicaciones de usuario para que estos puedan operar con ellas (frontend application). Aquí encontramos aplicaciones como los servicios de correo, Google Apps, Google Maps, Microsoft Office 365, los servicios de usuario de las redes sociales, etc. En un ámbito más específicamente empresarial: CRM, ERP, aplicaciones de Business Intelligence, etc.
Por debajo de la capa IaaS se situarían la infraestructura física de los servidores reales sobre los que se soportan todos los servicios virtualizados. Estos servidores físicos, aunque obviamente están localizados, pueden distribuirse por seguridad en diversos centros de procesos de datos.
Como todos los elementos de la arquitectura se brindan como servicios es por lo que es habitual hablar de Cloud Computing como de la tecnología XaaS (X as a Service o Todo como un servicio).
Por encima de las aplicaciones se situarían los usuarios que se beneficiarían de todos los servicios integrados y virtuales brindados por la nube sin necesidad de conocer su arquitectura interna, puesto que ellos sólo utilizan las aplicaciones a través de su explorador de Internet o un cliente de software semejante, bien desde un portátil, un teléfono móvil o cualquier dispositivos que se pueda conectar a Internet, que es el sustrato de comunicaciones de cualquier nube pública (véase Figura 3).
Figura 3. Interacción de los usuarios con los servicios de aplicaciones de la nube
 (fuente: Wikipedia, licencia Cc-by-sa-3.0 SamJohnston).
Un navegador web es una aplicación que tiene una apariencia muy sencilla, pero que interiormente es sumamente compleja porque gestiona un número importante de tecnologías en constante cambio. A pesar de su complejidad, estos aplicativos suelen ser gratuitos. ¿Por qué siendo tan costosos de desarrollar son gratuitos? Porque se han convertido en la pieza tecnológica que aglutina la entrada a la mayor parte de los servicios remotos a través de la web. Podríamos decir que el navegador se ha convertido en una especie de contenedor universal de aplicaciones remotas: lo que hace que una aplicación remota se virtualice como si fuera local. Quien tenga el control del navegador tiene controlados a los usuarios que lo empleen.
 ¡Qué bien se entienden ahora las guerras entre navegadores! Los servicios de la nube refuerzan esta tesis.  

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miércoles, 26 de diciembre de 2012

¿Qué es Cloud Computing? (parte 1 de 3)

Computación en la nube: disipando la borrasca (parte 1 de 3)

No cabe duda de que la voz “Adobe Acrobat” es conocida por la totalidad de los usuarios de cualquier dispositivo informático. Una búsqueda de esta voz en Google, y en el momento de escribir estas líneas, nos proporciona aproximadamente unos 60 millones de resultados. Si, en cambio, la voz buscada fuera “Cloud Computing”, los resultados obtenidos serían unos 20 millones: un tercio de los de Acrobat. Sin embargo, no hay una proporción entre los usuarios que conocen Acrobat y los que saben en qué consiste Cloud Computing o la nube. ¿Por qué? Podría justificarse afirmando que el concepto de nube es tan novedoso como extremadamente importante.
En febrero de 2011 por cada 10 búsquedas en Google de “Adobe Acrobat” se hicieron casi 5 de “Cloud Computing” a nivel mundial (fuente: Google Trends, véase figura 1).

Estadística Google Trends para la voz "Cloud Computing"
Figura 1. Proporción de búsquedas de las voces “adobe acrobat” y
“cloud computing” en el buscador de Google según Google Trends.

¿Por qué una nube?

Todos hemos escuchado hablar de la “nube”, pero siempre se nos presenta este concepto como algo ligado al marketing y de comprensión difuminada. En la situación de crisis en la que nos hallamos, ha de pensarse muy detenidamente cualquier inversión que deba realizarse, razón por la que los reclamos publicitarios se perciben como si fueran ofertas transidas de amenazas: ha llegado el momento de hacer luminoso el conocimiento de la nube para que no se torne borrasca.

En la computación tradicional se emplea un método de utilización de los recursos lineal y localizado. Necesitamos un hardware y sobre él un sistema operativo, que a su vez soportará unas aplicaciones que gestionarán datos que residan en unos medios de almacenamientos concretos locales, que se transmitirán a través de una red, etc. El problema radica en que si uno sólo de los elementos que intervienen -hardware, software o comunicaciones- deja de funcionar, el proceso entero queda inhabilitado interrumpiendo la producción y disminuyendo la productividad. Las nubes vienen a paliar este problema puesto que intentar romper esta secuencia mediante paralelización o redundancia de los servicios y deslocalización de los recursos. Se podría afirmar que la nube representa la globalización de los procesos y servicios de los usuarios de aplicaciones informáticas.

¿Qué es una nube?

Lo primero que hay que tener claro es que la nube no es una nueva tecnología, sino más bien un nuevo modo de hacer negocios; o mejor, un nuevo método de utilización de la tecnología para hacer negocios. Lo que sí es cierto es que la computación en la nube utiliza intensivamente las nuevas tecnologías y su implantación comercial solo ha sido posible desde que se ha producido la maduración de las tecnologías de las que depende, momento que parece haber llegado.

Su filosofía fundamental consiste en considerar los principales procesos de negocio como servicios, que se pueden contratar y que pueden desligarse unos de otros como si fueran piezas de un Lego: la construcción del negocio es el ensamblado de las piezas oportunas de ese Lego, cada una de las cuales puede residir en sus propios sistemas y pueden ser de distintos fabricantes o proveedores de servicios.

Un ejemplo de computación en la nube lo tenemos en Google Apps. El servicio más conocido de Google es un buscador, pero no es el único: probablemente, ni siquiera el más importante desde el punto de vista tecnológico. Cuando damos de alta una cuenta en el servicio de webmail de Google tenemos la posibilidad de utilizar muchas de las herramientas de Google Apps, así podemos crear, guardar e intercambiar documentos creados desde el mismo explorador de Internet para que sean accesibles desde cualquier localización geográfica y compartidos con otros usuarios de Internet. Si deja de funcionar nuestro PC, no importa demasiado porque en él no residen los documentos que ahora estarían en la nube de Google: dispondríamos de un servicio de correo, de gestión de un gestor de imágenes como Picasa, de vídeos como Youtube, de aplicaciones ofimáticas como Google Apps, de mensajería electrónica como Gmail o Google Talk, etc. Y, accesibles desde cualquier ubicación. ¿Qué necesitamos? Una buena conexión a Internet: el punto más débil de la nube.

Cloud Computing se basa en una tecnología anterior que es Grid Computing (rejilla de computación), que consiste en hacer que el cálculo informático esté distribuido por multitud de sistemas que hacen que los procesos sean insensibles a los problemas puntuales en el hardware y en el software. Esta tecnología de rejilla está ampliamente probada y es muy utilizada para el cálculo científico en donde es necesaria una gran capacidad de computación: el nuevo experimento realizado en el CERN sobre colisión de hadrones (LHC) soporta su cálculo científico sobre unos centenares de miles de ordenadores repartidos por todo el mundo que cooperan entre sí mediante Grid Computing: esta tecnología proporciona, además de potencia (escalabilidad), redundancia de cálculo. Y, lo que es más importante, deslocalización del servicio y seguridad.

De modo semejante se pueden hacer redundantes y deslocalizados los sistemas de almacenamiento en disco y se pueden hacer interconexiones entre los sistemas mediante conexiones a Internet rápidas y redundantes.
Pero, si el despliegue de la nube exige esta ingente cantidad de infraestructura ¿cómo pagar los servicios que ofrece? Aquí viene lo mejor de la nube para este tiempo de crisis: los servicios en la nube se pagan por uso y por tanto, desde el punto de vista empresarial, se reducen los costes fijos en beneficio de los lineales, se relajan las amortizaciones y disminuyen los activos. En síntesis y simplificando mucho: sólo pagamos si producimos, pero si producimos tendremos oportunidades de poder pagar. 


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martes, 18 de diciembre de 2012

El síndrome de Diógenes digital del Big Data

En cierta ocasión, el filósofo griego Diógenes se encontró inesperadamente con Alejandro Magno, quien empezó la conversación así: -Yo soy Alejandro Magno. El filósofo contestó: -Yo, Diógenes el cínico. Alejandro entonces le preguntó de qué modo podía servirle. El filósofo replicó: -Puedes apartarte para no quitarme la luz del sol. Alejandro quedó tan impresionado con el dominio de sí mismo del filósofo que se marchó diciendo: "si yo no fuera Alejandro, querría ser Diógenes".

Diógenes de Sinope vivió en el siglo IV a. C. Fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Ahora diríamos de la escuela perruna, porque el término cínico viene de KYON (perro, en griego), denominación originada por el modo frugal del modelo de vida de los filósofos cínicos. Es decir, Diógenes propugnaba lo que hoy llamaríamos una "vida de perros". El uso moderno del término cinismo lleva a la desconfianza en la sinceridad o bondad humana, así como una tendencia a expresar esta actitud mediante la burla y el sarcasmo.

Teofrasto retrata a un cínico de la siguiente manera:
“Es un hombre que maldice y tiene una reputación deplorable. Es sucio, bebe y nunca está en ayunas. Cuando puede hacerlo, estafa y golpea a quienes descubren el engaño antes de que puedan denunciarlo. Ninguna actividad le repugna: será patrón de una taberna y, si es necesario, encargado de un burdel, pregonero e incluso, si se quiere, recaudador de impuestos. Ladrón, habituado a las comisarías y a los guardias civiles, a menudo se lo encuentran locuaz, en la plaza pública, a menos que se convierta en abogado de todas las causas, aunque sean las más indefendibles. Prestamista con fianza, tiene además la soberbia de un famoso y no cuesta mucho imaginarlo. Para completar el cuadro, no olvidemos que el cínico deja, sin sentir vergüenza, que su madre se muera de hambre… ”

Recientemente, el estudio Digital Universe, elaborado por IDC y patrocinado por EMC, revela que a pesar del crecimiento incontrolado que experimenta la información almacenada en los dispositivos digitales, solo el 0,5% de ella es realmente analizada, es decir, el 99,5% de esa información se almacena para nada.
¿De cuántos datos hablamos? Actualmente (2012) se estima que el universo digital está compuesto de 2,8 zettabytes. La tendencia predice que en 2020 llegaremos a 40 zettabytes.
¿Cuánto es un zettabye? Exactamente mil millones de terabytes. Para aproximar aún más la idea, un terabyte se puede almacenar en 250 DVD aproximadamente. O sea, que para almacenar nuestro universo digital necesitaríamos 250 mil millones de DVD. Puesto que cada DVD tiene un grosos de 1,2 mm, la torre de DVD que necesitaríamos para almacenar el universo digital en DVD actualmente alcanzaría una altura aproximada de 300 kilómetros, o sea, alcanzaríamos llegar a la mitad de la Ionosfera, esa región atmosférica ionizada por el bombardeo de la radiación solar y que hace que algunas comunicaciones terrestres de radiofrecuencia se puedan llevar a cabo en un mundo esférico en el que emisor y receptor no tienen visibilidad directa en línea recta.

Este es el campo de trabajo de esa nueva tendencia a tratar grandes volúmenes de datos que es el Big Data, por lo que parece claro que es una nueva vía de negocio y por ello, los expertos no dejan de hablar de ello, junto con cloud computing.

El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento caracterizado por un total aislamiento social voluntario, que se traduce en una reclusión en el propio hogar y un abandono de la higiene. Las personas que lo sufren pueden llegar a acumular grandes cantidades de basura y desperdicios en sus domicilios, viviendo en condiciones que rozan la pobreza extrema (pese a que en algunos casos se puede llegar a tratar de personas con un alto nivel adquisitivo). Esta conducta fue bautizada con este nombre en referencia a nuestro Diógenes de Sínope, que preconizaba un modo de vida austero -de perros- con renuncia a todo tipo de comodidades.

Modernamente se habla del "síndrome de Diógenes digital" para referirse a un “defecto psicológico” que afecta a la voluntad de las personas, obligándoles a guardar cualquier contenido de música, vídeo y multimedia en general, que se encuentra en Internet.
La mayoría de esta información se guarda “por si acaso”, “para leerlo luego”, “por si un día me aburro”, etc.; y se van acumulando hasta que llega un momento en el que la capacidad del disco duro del ordenador no es suficiente y surge la necesidad de recurrir a dispositivos de almacenamiento externos.

Algunas recomendaciones sobre cómo afrontarlo y que copio aquí sugieren lo siguiente:
  1. En primer lugar, hay que ser conscientes de que los contenidos que guardamos ocupan un espacio, aunque no sea físico y que, por eso, es necesario hacer limpieza con frecuencia.
  2. En segundo lugar, se debe ser realista y seleccionar. No se puede saber de todo, por lo que hay que tener claro cuáles son nuestras áreas de interés y centrarnos en ellas.
  3. Herramientas de almacenamiento como Delicious nos pueden ayudar a tener ordenados todos esos enlaces interesantes que encontramos diariamente. Además, su sistema de etiquetas nos permite recuperarlos fácilmente si alguna vez necesitamos consultarlos. Con el resto de contenidos se pueden usar servicios de infraestructura en la nube como Dropbox, Skydrive de Microsoft o Google Drive. No obstante, no se trata de transpasar la información de un soporte a otro, se trata de seleccionar qué guardar y qué no.
  4. Lo más importante es evitar que el excesivo bombardeo de información que nos rodea diariamente nos agobie y nos supere. En muchas ocasiones, las personas sufren estrés simplemente por querer abarcar más de lo que son capaces.
En aquella ocasión, Diógenes iba gritando por las inmediaciones del areópago: -¿No hay hombres en Atenas? A sus gritos acudieron unos cuantos que se tenían por hombres. El cínico filósofo, blandiendo su bastón, los ahuyentó diciendo: -¡He dicho hombres, no desperdicios!

En resumen: hay que tomárselo con calma y perder el miedo a borrar contenidos. Antes de hacer clic en “GUARDAR”, piensa si realmente es necesario. Y, con discreción, hazte amigo de la tecla "DELETE".  

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Alfredo Abad Domingo.
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viernes, 7 de diciembre de 2012

¿Están nuestros datos seguros en la nube?

Luis XIVCuentan que en los tiempos de Luis XIV, rey de Francia (y Navarra) no estaba precisamente de moda la higiene personal, y no ya en el pueblo plebeyo, sino que la suciedad era una característica atribuible también a la nobleza. Si aceptamos esta aproximación al siglo XVII, se me antoja paradójico que a Luis XIV se le conociera como el Rey Sol.

Parece ser que, en semejante medioambiente, las pelucas de época que dictaba la moda del siglo no eran sino guaridas para legiones de insectos y parásitos: un verdadero ecosistema para el piojo. Se estilaban unas manitas de madera o marfil de largo mango -todavía se pueden encontrar en algunos comercios- que se utilizaban para rascarse lo más discretamente posible el cuero cabelludo por debajo de la peluca, sin tener que desprenderse de ella.

 Esto me recordaba a mí la situación en que -si nos descuidamos- se pueden encontrar nuestros datos en la nube, al menos en servicios de infraestructura de cloud computing tales como los de almacenamiento remoto de los datos. Esta afirmación -pienso- exige una explicación.

Hace poco saltaba a la prensa especializada un estudio de Kroll Ontrack sobre empresas que habían sufrido algún tipo de pérdida de datos en 2011. Los resultados del estudio me parecieron espectaculares porque afirmaban que el 49% de las empresas habían perdido datos durante el año. ¿En qué entorno residían los datos perdidos por estas empresas? El 55% almacenaba los datos perdidos en local (en un entorno físico local), el 26% los tenía alojados en un entorno local pero virtual, el 3% tenía los datos en la nube y un 16% mantenía datos en estos dos últimos entornos.

La conclusión es obvia: los datos que residen en entornos virtualizados o en la nube también se pueden perder. Esto puede confundir a los administradores de sistemas quienes frecuentemente contratan servicios en la nube para "garantizar" la seguridad de los datos, ya que aunque siempre y desde cualquier lugar pueden estar disponibles. Un segundo objetivo es alejar los datos de la acción de los usuarios que los manejan, que son los principales agentes de riesgo para esas informaciones.

¿Ponemos un ejemplo? ¿Quién no ha perdido datos alojados en Dropbox al compartir ficheros con otras personas que por descuido han borrado los ficheros compartidos? Estos ficheros compartidos disponen de menor seguridad que los alojados en un entorno de servidor tradicional con un buen sistema de permisos. Claro que, entonces, perderíamos las ventajas de la nube relativas a la deslocalización de los recursos.

Este no es el único problema. Vamos a suponer un sistema de almacenamiento en la nube que los empleados de cierta empresa utilizan a título individual. Esa empresa, que es cuidadosa con sus datos, ha registrado en la Agencia Española de Protección de Datos aquellos ficheros de datos que la ley le obliga. Los empleados trabajan con esos datos de acuerdo con los procesos previstos para que se preserve la información personal alojada en las bases de datos. Pero hay empleados que en su afán de mejorar su producción se llevan trabajo a casa. En su hogar no tienen acceso a la base de datos de trabajo y la empresa, por prudencia, impide que los trabajadores intercambien información desde sus equipos mediante medios extraíbles: así no se intercambian virus ni se producen fugas de información, piensa el administrador.
Esto no es un problema para el empleado productivo, sube los datos de trabajo a la nube y  los tendrá permanentemente accesibles desde el equipo de su casa: en esto consiste la nube. Además la información ha viajado a la nube utilizando protocolos de transporte cifrados como HTTPS. El empleado no ha violado ninguna norma explícita de la empresa. Es más, piensa que está haciendo bien las cosas, ha tomado medidas de seguridad. Pero puede estar incumpliendo la ley. Este trabajador, comparte una carpeta en la nube con alguna otra persona, carpeta que, además de las fotos realizadas el fin de semana anterior, contiene también el fichero de su empresa protegido por la ley: ha producido una fuga de datos sobre un fichero cuyo acceso debería estar restringido y auditado. A partir de aquí comenzará el calvario de denuncias, auditorias, pruebas periciales y sanciones.

Quizás el administrador conozca este riesgo, pero el número de vías de agua que puede haber en una organización es tan elevado que no tiene más remedio que asumir una gran cantidad de riesgos. ¿Qué va a hacer? ¿Dejará a sus empleados sin Internet? Es posible que, aunque quisiera, no pudiera porque casi seguro que esos trabajadores necesitan Internet como medio de su trabajo.
Si se le pregunta al administrador, afirmará en sagrado que su red es segura. Pero todos sabemos que no. Si hay algo difícil en la administración de la seguridad es gestionar un plan de defensa en profundidad. El administrador se ha puesto la peluca -como Luis XIV-, pero debajo de ella alberga una colección de parásitos y riesgos que, posiblemente no ha querido, sabido o podido gestionar. Frecuentemente atenazado por el miedo a delatar sus deficiencias, a asumir sus responsabilidades en la implantación de una política de seguridad o a enfrentarse al nivel gerencial para gestionar un presupuesto en seguridad, quien habitualmente  no entenderá el porqué de estos riesgos. Las épocas de crisis acentúan estas situaciones.

No puedo ocultar que me mueve a compasión la situación de multitud de administradores que se rascan con la manita de marfil por debajo de la peluca con mucho cuidado para que no se note y no se les mueva.

Por cierto, si queréis pasar un buen rato, leeros el informe de Kroll Ontrack sobre los diez mayores desastres de pérdida de datos de 2012

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Alfredo Abad Domingo.
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