Decía Vicki Baum (1888-1960), escritora austriaca y de nacionalidad estadounidense, que "La fama trae la soledad. El éxito es tan frío como el hielo y tan poco hospitalario como el Polo Norte".
En Tecnología, esto es una realidad: algo tan efímero como la técnica, y aun más las modernas tecnologías de la información, nos dejan huellas aparentemente imborrables, pero cuya impronta es pisoteada por el siguiente hollado. Podríamos afirmar que, en tecnología, cada huella es destruida por la de la siguiente pisada.
En Educación esta realidad es llevada al extremo: el éxito puede ser el obstáculo imponente que aleje a un profesor de sus alumnos, sobre todo si no lo sabe gestionar adecuadamente. En este sentido, el padre de la educación americana Horace Mann (1796-1859) repetía que "El maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío".
Por eso, esta vez en palabras del Nobel de Literatura Mauriac: "El día que tú no ardas de amor, muchos morirán de frío". Ilustración: Antonio Marín (c). Más imágenes originales en http://dibuloco.wordpress.com/
Aunque las pirámides no son solo específicas del antiguo Egipto, puesto que los mayas y aztecas también construyeron las suyas si ningún contacto conocido con los pobladores del Nilo, sí es cierto que pensar en pirámides es trasladarse con el pensamiento a un lugar desértico con arena, mucha arena y alguna que otra caravana de camellos.
Los expertos no se ponen de acuerdo en la forma en que los antiguos egipcios pudieran crear esas fabulosas construcciones. Hay teorías para todo, incluso que fueron los tan verdes como extraterrestres marcianos los verdaderos agentes de esas geométricas moles.
Se me ocurría que el mismo efecto me produce escuchar las noticias económicas vengan del continente marxista o del neocapitalista: todo está horrible, pero a la vez todo está mejorando sustancialmente. Y, si no, fijémonos en las declaraciones de Emilio Botín, presidente del Banco de Santander:
"Es un momento fantástico para España, llega dinero de todas partes".
Pues si llega el dinero desde fuera, pero no nos llega a los que nos tiene que llegar, digo yo que en algún sitio se quedará. ¿O no?
Esas grandes afirmaciones, hinchadas de prepotencia, cuando todos nos conocemos son como grandes pirámides de aristas perfectas.
Pero, no olvidemos, aprovechando que es 2 de noviembre, día de ánimas: las pirámides -tan hermosas- no son sino tumbas y los egipcios habitantes del Purgatorio.
Ahora lo entiendo, Botín, con su mejor voluntad, estaba rodando un anuncio y después del Purgatorio, se ha cubierto de gloria.
Oremus pro defunctis.
Cuenta la leyenda ( y Wikipedia) que Robin Hood era un hombre llamado Robin Longstride o Robin de Locksley, personaje de gran corazón y que vivía fuera de la ley, escondido en el Bosque de Sherwood, cerca de la ciudad de Nottingham. El mejor arquero, defensor de los pobres y oprimidos, luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan sin Tierra, que utilizaban la fuerza pública para acaparar ilegítimamente las riquezas de los nobles que se les oponían.
Robin Hood se hubiera casado con la bella Mariana Gilewater, hija del barón de Arlongford, pero la ceremonia es interrumpida por una banda de soldados del Príncipe Juan que irrumpen en la capilla y declaran a Robin Hood "un hombre fuera de la ley".
Éste consigue huir con sus fieles amigos y compañeros y se refugia en el bosque de Sherwood, convirtiéndose así en el príncipe de los ladrones. Mariana, encerrada con su propio padre, se escapa y se reúne con su novio, seguida por su confesor, el Hermano Miguel, que cambiará de nombre después por el de "Pequeño Juan".
Mientras tanto, el príncipe Juan se enamora de Mariana, la busca desesperadamente y quema el castillo de su padre. Después de mil aventuras en el bosque, Robin Hood y sus amigos encuentran un caballero desconocido: el Rey Ricardo, que vuelve de la Tierra Santa. Devuelve sus títulos nobiliarios a Robin y a los demás perseguidos y puede, por fin, desposar a su amada.
¡Qué final de historia tan feliz! Lamentablemente, no todas las historias de servidumbres -incluidas las modernas, las actuales- acaban tan bien. Robin se opuso con un servicio a los desheredados al sometimiento de quienes ejercían el poder con tiranía. No quiero justificar yo las acciones de Robin, pero trasladándolas a la actualidad ¿a que el contexto las hace de alguna manera comprensibles?
¿Os acordáis cuando hace ya algunos años esperábamos ilusionados el día de la semana en que se ponía o se reponía en alguna cadena de televisión un nuevo capítulo de alguna de las series de Félix Rodríguez de la Fuente? Porque Félix fue quien nos engendró para la zoología, un auténtico padre taxonómico para varias generaciones.
De especial recuerdo fueron aquellos episodios que filmó sobre la vida y costumbres del lobo ibérico: aquellos animales que habíamos considerado como auténticas bestias, resulta que ahora aparecían como verdaderos corderitos, como si la fauna fuera clasificable moralmente en especies buenas o malas, atribuyendo a sus ejemplares la libertad que no tienen.
Claro que no toda la fauna es terrestre, también la hay fluvial y submarina: aquí podemos ver a TICpollo, nuestro personaje circunstancial, rodeado de pirañas.
Igual que los lobos nos recuerdan a nuestro querido amigo Félix, ¿no os recuerdan estas pirañas a esa población que pulula por muchas organizaciones que están a la caza y captura de cualquier oportunidad que nace de la más mínima herida sangrante?
Querido lector: cuidado con las pirañas, porque esta otra zoología sí que tiene libertad y no es consciente de que en aquella serie del zoólogo "El hombre y la tierra", la tierra era importante, pero también el hombre.
Una entrada ligera para un entorno veraniego.
¿Cómo era la vida cuando no teníamos móviles?
Porque, efectivamente, la entrada no puede ser más ligera pero ¿a que te lleva a pensar? ¿a que siembra dudas?
No está prohibido reflexionar, tampoco en verano.
¡Feliz travesía estival!
Iniciamos aquí una serie cómica de reflexión filosófica. El personaje de hoy es capaz de subirse a las cumbres y descender por los barrancos reflexionando sobre la "frase del día".
Hoy le tocó a Confucio: todo un cúmulo de sentido común.
Es verdad que el pasado, sea cual fuere, no debe atenazar o aherrojar nuestro futuro, pero también es verdad que no contar con lo acaecido en el pasado puede dar al traste con un futuro dirigido, lo que sería una necedad.
Con frecuencia, observamos en nosotros mismos y, aún más, a nuestro alrededor, a personas que se aventuran en el futuro sin conocer de dónde parten o en dónde están: esta sería la más formidable manera de considerar el propio futuro como un mero devenir, o sea, una forma más de renuncia a la propia libertad.
Hace algún tiempo comentábamos en un post algo sobre las tribus tecnológicas, pero estas clasificaciones no son exclusivas del mundo tecnológico, también se extiende a otros ámbitos.
En la década de los 70, se desplegó una importante contratación de futbolistas extranjeros en el fútbol español. El Real Madrid fichó a varios jugadores alemanes, por ejemplo, Gunter Netzer, Paul Breitner, Jensen o Stielike. En simultáneo, el Atlético de Madrid derivó hacia jugadores argentinos como Ayala, Heredia o Panadero Díaz.
TICpollo, vikingo, navegando el Guadalquivir.
La estética de estos grupos de jugadores hizo el resto: el pelo largo de los argentinos y su procedencia hizo que la afición blanca invocara a los atléticos como "indios". Los colchoneros, a su vez, no se quedaron atrás y viendo el aspecto nórdico de los jugadores teutónicos del Madrid (altos, fuertes, rubios y con bigote) fueron encasillados como los "vikingos".
En San Mamés, los "leones" del Athletic de Bilbao toman su nombre de la leyenda que cuenta que este santo amansó a los leones cuando fue arrojado a ellos para que fuera devorado en Cesarea de Capadocia (en la actual Turquía), en el siglo III.
Por último, la afición "culé" que da nombre a los aficionados de Barcelona tiene su raíz en su antiguo Campo de la Industria, en el que los aficionados que se sentaban en la última fila de la grada superior, exponían su "trasero" al exterior del campo. Del "culers" catalán se derivó el término actual de culé en castellano.
¿Quieres saber más de otros equipos?
Hablando de vikingos, ¿sabías que en el año 844, los vikingos fueron derrotados en el Guadalquivir, cerca de los campos de Tablada por los Omeya, los habitantes sevillanos de entonces?
El cine ha conseguido que todos conozcamos la legendaria relación entre Cleopatra, última reina del antiguo Egipto y de la dinastía ptolemaica, y el general y político romano del final de la época de la república Marco Antonio, enviado a Egipto por quien era su amigo, Julio César.
Aunque hay muchas otras versiones, todas basadas en la tragedia histórica en cinco actos que escribiera Shakespeare y representada por primera vez en 1607, viene a mi memoria ahora la película que dirigió y protagonizó Charlton Heston en 1972, junto con Hildegarde Neil en su papel de Cleopatra y otros actores, alguno de ellos españoles: no en balde, era una coproducción del Reino Unido, Suiza y España.
En su afán deslumbrador, Cleopatra intentó impresionar a Marco Antonio apostando con él delante de su corte que la reina sería capaz de organizar una cena de diez millones de sestercios. Trasladándonos en el tiempo, y para hacernos una idea aproximada, un sestercio era lo que costaba cena y cama en los hostales de la época. El desafío fue aceptado por Marco Antonio, seguro de que le ganaría la apuesta a la primera dama de Egipto.
Llegado el momento, se sirvió la cena -pomposa, a más no poder-, pero lejos de que pudiera acercarse a la cifra apostada. Marco Antonio, pensó que tenía ganada la apuesta: él nunca apostaba más que sobre seguro.
Cleopatra, que lucía en la cena un magnífico collar de perlas, le preguntó al juez de la apuesta cuánto podrían valer cada una de las perlas de la alhaja. A lo que el juez, sorprendido por la pregunta, contestó que unos cinco millones de sestercios, la mitad de la apuesta.
Ante la vista de todos los invitados a la cena, la reina desprendió una de las perlas engastadas en el collar y la hizo rodar hacia el fondo de una copa que contenía algo de vinagre. El carbonato cálcico, material de que se componen las perlas, se disolvió en el ácido vinagre hasta que la perla desapareció del fondo de la copa. Cleopatra, apurando la copa, se bebió el vinagre y, con él, la perla.
Marco Antonio se dio por derrotado: no hizo falta que Cleopatra se bebiera una segunda perla para cubrir totalmente el monto de la apuesta.
¿Por qué cuento esta anécdota?
Mantén la expectación hasta el final, querido lector, porque me parece que a veces los que tenemos alguna dedicación a la educación, heridos de modernismo, podemos llegar a confundir lo nuevo con lo bueno, lo que no es necesariamente cierto como tampoco lo es que todo lo nuevo sea malo. Bondad y modernidad son dos categorías separadas que solo mantienen una relación concomitante. Estas vacilaciones son aprovechadas por la ignorancia para arraigar en los estudiantes -ahora, nativos digitales-, quienes la mayor parte del tiempo son también jugadores, para seguir cometiendo faltas de ortografía o perseverar en su negativa a lo terrible de enfrentarse a un folio -perdón, ahora a una pantalla o una tableta- en blanco para redactar unas líneas sin la ayuda del corrector ortográfico o de las sugerencias sintácticas del procesador de textos, aun cuando este se encuentre alojado en la nube.
Observo que en algunos entornos educativos se está imponiendo la tecnología en las aulas de manera imprudente, a toda costa. Afirmo yo: habrá ideas, conceptos, actitudes, aptitudes cuya transferencia o aprehendimiento se llevará a cabo de manera más adecuada utilizando TIC en el aula, pero ¿todo? Puede que haya otras que no.
Yo conozco buenos profesores que son buenos educadores con TIC y sin TIC: se adaptan al medio que poseen y al auditorio que les escucha. Sin embargo, tiendo a pensar que cuando alguien apuesta vehementemente por un cambio, sea cual fuere la dirección tomada, es porque su modo de hacer previo no funcionaba todo lo bien que se esperaba.
La innovación
De modo semejante, está ocurriendo con el talismán del término "innovación". Ahora, todo debe ser innovador.
¡O, no...! ¡Depende!
Si hay algo, un proceso, que funciona bien, ¿por qué hay que innovar para hacerlo de otra manera? No estaría justificada la inversión que exige la innovación para conseguir lo mismo que ya se conseguía antes.
Por tanto, innovación sí: cuando convenga. Decidir si conviene o no, requiere practicar la prudencia, que exige un juicio certero, basado en la realidad y no tanto en corazonadas, que aunque sean percibidas románticamente puede que no sean sino infartos de miocardio.
Así, es como yo considero que debe entrar la tecnología en las aulas: con eficacia, pero de puntillas y sin darle demasiada importancia. Como pasó por la garganta de Cleopatra la perla disuelta en un poco de vinagre.
Cierro la puerta de mi automóvil y, de manera instantánea, me recorre una descarga eléctrica que pone mi brazo a temblar, incontroladamente. Esto me obliga involuntariamente a lanzar las llaves, que todavía llevo en la mano, a unos metros de distancia: otra vez... ¡Ya me ha dado calambre!
No sé si el lector habrá vivido alguna vez esta situación de la vida corriente, más eléctrica que ordinaria, pero a mi me recuerda siempre la "obsesión" que teníamos -aquellos tiempos de jóvenes estudiantes universitarios- en el laboratorio de electricidad y electrónica por conectarlo todo a tierra. Precisamente porque al vehículo le falta una conexión a tierra es por lo que se carga de electricidad estática y, luego, se descarga por donde puede, es decir, a través del incauto conductor.
Quizás el lector conozca un cuadro de Rafael Sanziotitulado la "Virgen de la silla" (Madonna della seggiola), una de las muchas madonnas que creara el colorista pintor renacentista. Se trata de una pintura al óleo sobre tabla redonda de unos 70 cm de diámetro, que muestra a la Virgen, abrazando al Niño Jesús mientras que Juan Bautista, que le acompaña les dirige una mirada repleta de piedad.
A priori, podríamos opinar que es una obra artística que nos agrada o no; probablemente nos gustaría por el hecho de que está firmada por el insigne Rafael o por la connotación religiosa y maternal que sugiere, sin embargo, es una de las pinturas que se suelen poner como ejemplo para argumentar que el arte figurativo no puede prescindir de del sistema compositivo, en este caso, de tipo excéntrico.
La composición de tu vida
En la composición se hace un uso intensivo de la línea curva, como no podía ser de otro modo al ser la tabla circular. El autor deforma la composición para que todos los elementos queden integrados (véase, por ejemplo, el torcido cuello de la Virgen o el entrecruzamiento de brazos y piernas).
Sin embargo hay un elemento en la escena, que -casi imperceptible- alegóricamente impide que el cuadro eche a rodar por sí solo sobre la hipotética línea horizontal en la que descansa: el mástil de la silla. Este es justamente, el elemento que proporciona el sentido de la verticalidad y el que concede a la escena su clave de interpretación compositiva. Su función es la de freno de mano del círculo que pretende girar y girar sobre el suelo. Digamos que es la conexión a tierra de esta representación pictórica, a la que Rafael le concedió tanta importancia que pasó a formar parte del título de la obra.
Querido lector, ¿te habías dado cuenta -antes de leer esta reflexión- de la importancia de este brazo de la silla en el cuadro?
Virgen de la silla. Rafael Sanzio, 1513-1514. Óleo sobre tabla, 71 cm x 71 cm. Palacio Pitti, Florencia, Italia.
Con la tecnología sucede algo semejante: la utilizamos de manera indiscriminada. Incluso nos parece que quien no la utiliza, intensiva y extensivamente, es un individuo anacrónico, casi un bohemio, un monje budista o un despegado estoico. Pero,... Hay un pero.
Mucha o poca tecnología no es algo demasiado significativo en la composición de tu vida: sencillamente estás colocando estratégicamente las figuras en el cuadro para realizar una composición, pero estas figuras por sí solas -como hemos visto antes- no hacen la obra de arte. Te esforzarás, para no ser señalado o etiquetado, en integrar toda tu existencia en un marco tecnológico. Todo lo que antes hacías de manera natural, ahora no podrías hacerlo sin la tecnología que subyace. Además, buscas tecnología para poder hacer más y más, que no necesariamente mejor.
Esas dependencias...!
He llegado a escuchar a algunos jóvenes quejarse porque sin teléfono móvil no es posible quedar con los amigos para salir un sábado: ¡Siempre quedamos por Whatsapp! o ¡Mi libreta de contactos está dentro del móvil y lo he perdido!
La tecnología facilita, a la vez que limita, porque aun cuando dilata el campo de acción y extiende las fronteras, genera nuevas dependencias. Así, que podemos decir: ¡Qué bonito es todo, cuando todo es bonito!
Suena a retórica tautología, ¿verdad? No insistas, lo sé. Lo es. Solo en estas condiciones de comoditización tautológica es donde la tecnología nos proporciona una temblorosa seguridad.
Tu mundo redondo y cíclico -tu cuadro- se ha ido poblando de personajes: tu tableta, tu teléfono inteligente, tu ordenador personal, tus nubes, tu blog, tu twitter, varias conexiones a Internet, etc. Has ido doblegando las actividades hasta conseguir que las herramientas parezcan hechas expresamente para tu necesidad y no te das cuenta de que te duele, de que tienes el cuello torcido.
Eso sí, con mucho colorido, pero en la antesala de la tortícolis.
Te falta un elemento que te proporcione la verticalidad: El brazo seguro y firme de la silla. Has conseguido una composición circular que comenzará a girar en cualquier momento escapando a tu voluntad como rodaría el cuadro de Rafael sin su contexto de verticalidad.
Tú eres más importante que la tecnología que usas: ahí tienes tu silla. O, dicho de otro modo, tu conexión a tierra. Ahora ya eres autónomo para que la tecnología, como el automóvil, no te de calambre.
¿No te convence esto que afirmo? Mira el siguiente vídeo y disfrútalo. No soy yo contrario al uso de la tecnología; insisto, me da de comer; pero me agota la prepotencia de ese exhibicionista snobismo tecnológico.
Cerebros de Silicon Valley envían a sus hijos a un colegio sin computadoras
Así titulaba Infobae, un conocido blog, uno de sus artículos en que hacía referencia a una publicación del diario francés Le Monde. Parece ser que la escuela Waldorf School de la Peninsula (California) acoge entre sus alumnos a una buena parte de los hijos de los "hiperconectados" empleados de Google, Apple, Microsoft y otras de las grandes compañías que operan en Silicon Valley. Aproximadamente tres cuartas partes del alumnado de esta escuela tiene este perfil. La escuela ha optado por un modelo de enseñanza novedoso: el modelo tech de la desconexión, un entorno educativo ayuno de nuevas tecnologías.
Cabe preguntarse, ¿por qué los profesionales de Silicon Valley han elegido este modelo educativo para sus hijos? Es extraño que muchos trabajadores de la sede central de Google -la compañía de Internet por antonomasia- decidan que es mejor llevar a sus hijos a escuelas que no usan computadoras.
Copio a continuación el testimonio de Pierre Lauren, uno de los padres que ha optado por este modelo, quien según una entrevista de Le Monde:
"La computadora no es más que una herramienta. El que sólo tiene un martillo piensa que todos los problemas son clavos", dice. "Para aprender a escribir, es importante poder efectuar grandes gestos. Las matemáticas pasan por la visualización del espacio. La pantalla perturba el aprendizaje. Disminuye las experiencias físicas y emocionales".
Hay que reconocer que el comentario no carece de interés.
Sigue Le Monde añadiendo más leña al fuego:
En la Waldorf esa limitación -la provocada por las pantallas- no existe: se aprende a sumar y a restar dibujando o saltando a la cuerda. Consultado acerca de si no le preocupa que sus hijos estén en desventaja por este retraso en el uso del PC, Laurent responde: "No sabemos cómo será el mundo dentro de 15 años, las herramientas habrán tenido tiempo de cambiar muchas veces. Por haber trabajado 12 años en Microsoft, sé hasta qué punto el software se prepara para facilitar al máximo el acceso". También recuerda que todos los alumnos de la Waldorf tienen computadora en sus casas. La cuestión se reduce entonces a decidir cuándo levantar las limitaciones a su uso.
Richard Stallman, el gurú del software libre, trabaja desconectado:
"La mayor parte del tiempo no tengo Internet. Una o dos veces por día, a veces tres, me conecto para enviar y recibir mis correos. Releo todo antes de enviar".
Así como por un lado muchas personas sufren de nomofobia -algo que ya habíamos tratado en otro post-, es decir, el miedo a no estar conectado (teléfono, Internet, etc.), otros ya empiezan a estar de vuelta y a recuperar el placer de la desconexión.
Fred Stutzman, investigador de la Carnegie Mellon University, desarrolló incluso un programa llamado Freedom que bloquea el acceso a Internet durante 8 horas seguidas, obligando a reiniciar la computadora para reactivar el servicio. Deseoso de poder escribir sin distracciones, también diseñó Anti-social, un software que permite el acceso a Internet pero sin diversiones tales como Facebook y Twitter.
"Las computadoras se han convertido en máquinas de distracción. Hay que equiparse hoy de funcionalidades que las devuelvan a su rol de máquina de escribir", dice. "Es una forma de comprar tiempo".
"La gente pasa 90% de su tiempo de trabajo con los mails, y en su casa envían SMS estando a la mesa".
El informe de Le Monde pronostica que cada vez habrá más gente pidiendo asistencia para desconectarse. No es un fenómeno de masas, sino más bien una tendencia minoritaria que involucra más bien a los sectores más acomodados. Francis Jauréguiberry, un sociólogo investigador de este tema afirma que "Algunos tienen el poder para desconectarse y otros, el deber de permanecer conectados".
Los "pobres de la tecnología" son los que no pueden eludir la responsabilidad de responder de inmediato un correo electrónico o un mensaje de texto. Por el contrario, los "nuevos ricos de la tecnología" son aquellos que tienen la posibilidad de filtrar e interponer una cierta distancia entre ellos mismos y los medios que les proporcionan información. Lo mismo pasó -dice Jauréguiberry- con la televisión: "el sobreconsumo es cosa de las clases populares".
Cuando la policía investiga la violencia en la calle, enseguida trata de estudiar la posible relación de los hechos violentos con las andanzas de alguna banda callejera. Quizá, porque lanzar una conjetura de relación con una banda, puede explicar mejor lo ocurrido e incluso predecir nuevos acontecimientos.
En cualquier caso, permite iniciar una búsqueda sistemática de los posibles delincuentes y aventurar nuevas hipótesis de trabajo que ayuden a la prevención.
Pero, las bandas callejeras no son las únicas tribus en nuestro entorno. También nos rodean las tribus tecnomóviles, verdaderos grupos tecnófilos que se yerguen tecnófobos como fuerte oposición contra los del bando contrario, aquellos pobrecillos -sin derecho a la vida- que eligieron la otra marca. Más que rodearnos, estas tribus, podemos asegurar que nos habitan o, incluso. nos parasitan. Porque, tú que lees este post, eres -sin pretenderlo- uno de ellos.
Y...tú, ¿a qué tribu perteneces? Dime cuál es tu móvil y te diré quién eres...
Sigue leyendo, querido lector, e identifícate tú mismo.
Hace poco me encontré con la figura adjunta, que me hizo reflexionar. Obsérvala con detenimiento y verás como podrás clasificarte a ti mismo y a tus conocidos.
Sobran las palabras.