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jueves, 12 de marzo de 2020

Lo que enseña un coronavirus

La Torre de Babel que quiere alcanzar el cielo por sí misma es a la soberbia humana, lo que un dudosamente vivo y miserable virus al propósito de pretender una seguridad absoluta: nuevos pelagianismos. Se me hace que, con toda nuestra prepotencia, somos muy vulnerables. 
#Covid_19
Pieter Bruegel: The Tower of Babel.
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Alfredo Abad Domingo.
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lunes, 20 de marzo de 2017

Sísifo, ¡tienes un WhatsApp!

La tecnología inunda nuestras vidas y lo intenta a modo de invasión que debemos controlar para no caer esclavos de la modernidad. El equilibrio entre información y conocimiento, entre inteligencia y voluntad es de vital importancia para no dejarse arrastrar por la compulsividad de una vida carente de reflexión y dominada por los dispositivos electrónicos. Debemos estar tan alejados de la tecnofobia como de la tecnofilia.
No se imaginaba Sísifo lo que había de sucederle, camino de la cima del monte. Este rey griego, fundador de la ciudad griega de Corinto, fue un hombre astuto e ingenioso cualidades que demostró con frecuencia: se le ocurrió rodear toda su ciudad con altas murallas para que los viajeros que quisieran entrar en ella para comerciar con sus habitantes tuvieran que pagar para entrar allí, haciendo de las puertas de la ciudad el primer portazgo de cobro de impuestos.
Tanta astucia no le sentó nada bien: confiando en sí mismo, llegó a traicionar a Zeus , el mayor de todos los dioses del Olimpo, quien le condenó a muerte. Hades, hermano de Zeus, le debería recibir en el reino de los muertos, que era de su dominio. De camino, Sísifo consiguió escaparse en varias ocasiones, pero finalmente tuvo su castigo.

Su penitencia consistiría en subir una enorme roca a lo alto de una colina, pero a punto de llegar a la cima, la enorme piedra siempre se le escapaba, haciendo baldío todo su esfuerzo y teniendo que empezar de nuevo su hazaña en un eterno retorno.

Cada ser humano, como Sísifo, carga con su propia roca, solo que la nuestra cambia con los tiempos. Quizás, una de las rocas actuales sean las nuevas tecnologías, que llevamos a la espalda. Con ellas construimos el camino que tenemos por delante, pero debemos cuidar que su peso, en un eterno retorno, no acabe rompiendo nuestras espaldas. Por eso, un consumo equilibrado es para las nuevas tecnologías como lo es el oxígeno para el cuerpo.

Pregúntate: ¿Notas la vibración de tu móvil aun cuando no lo llevas encima? ¿Te sientes agobiado cuando observas que se agota tu batería o no encuentras tu smartphone? ¿Sientes la necesidad implacable de consultar compulsivamente la actividad en tus redes sociales?
Si te sientes identificado como actor principal de estas preguntas, es posible que estés afectado por nomofobia (ALFREDO ABAD. Familias Digitales. Capítulo 4, Dispositivos móviles, epígrafe Nomofobia), ese miedo irracional, no controlado, a estar separado de tus dispositivos móviles. Según un estudio publicado en 2015 por el periódico El País sobre conductas patológicas en Internet, realizado por la ONG Protégeles , que colabora en programas de la Comisión Europea, el 21,3% de los jóvenes está en riesgo de ser adicto a las nuevas tecnologías. Y el 1,5% ya lo es y no controlan su conducta, lo que afecta al trabajo y a las relaciones personales. Todo un problema.

Supongo que Sísifo, en su eterna y redundante tarea pensaría con ansiedad algún modo de destruir su ciclo de esfuerzo: su vida, ahora, carecía de sentido, puesto que no llevaba a ningún fin. Era esclavo de su propia actividad.
Muchos artistas, diseñadores y arquitectos se caracterizan por expresar un “horror vacui” (horror al vacío) en sus obras, es decir, rellenan los huecos en blanco que quedan en algunas zonas de la pared o el lienzo de manera intensiva y, para ello, emplean motivos vegetales o diseños geométricos, no necesariamente con un sentido expreso, porque les horroriza cualquier espacio carente de decoración. Es el adorno propio del Barroco  y más específicamente del Rococó . La actividad humana moderna ha caído en lo que podríamos llamar un “horror vacui tecnológico”. Las nuevas tecnologías han ocupado abrumadoramente el espacio de muchas personas. Estas personas han llegado a sustituir en buena medida las relaciones personales vis a vis por enlaces superfluos mediante la tecnología.
Ahora quiero plantear una pregunta al lector: ¿Quieres ser espectador de tu vida o más bien protagonista de ella?

En nuestra sociedad, estamos constantemente recibiendo estímulos. Incluso se ha hecho del ocio una necesidad, por eso ya no se entiende como algo adicional. Por tanto, es necesario reflexionar si necesitamos algo de silencio, que nos ayude a aprender y aprehender, para interiorizar y consolidar la información que recibimos, para convertir la información en conocimiento reflexivo. Sin el silencio ocurre lo que decía Heidegger : “El hombre habría negado y lanzado fuera de sí lo que tiene de más propio, a saber, que es un ser que reflexiona”.

El ruido no solo nos hace sordos, sino que también nos impide preguntarnos sobre lo que observamos en la realidad. Sin embargo, tenemos que preguntarnos: si es tan importante este silencio como parece, ¿por qué nos rodeamos de pantallas de manera compulsiva? (CATHERNIE L’ECUYER. Educar en el asombro. Capítulo “El silencio”, pag 115 y ss.)

Este silencio, no necesariamente el acústico, no tiene que ser permanente ni mucho menos, pero sí que es necesario para poder reflexionar e impedir la trepidación en nuestro día a día.
Quizá Sísifo iba reflexionando, rodeado de silencio, pero esa deliberación interior le pudo distraer y, suspendida la atención, tropezara en el camino dejando escapar su enorme piedra. Sísifo reflexionaba, pero ¿sobre qué? ¿sobre lo que era objeto de su destino o sencillamente se distrajo con los recovecos del camino?

Tenemos que preguntarnos por qué podemos perder estos momentos necesarios de silencio, poco a poco te darás cuenta de la cantidad de información y estímulos que se nos percuten día mediante las nuevas tecnologías. Por ejemplo, se dice que actualmente cada dos días se genera la misma cantidad de información en Internet que la humanidad había generado en 5.000 años antes de la introducción de las nuevas tecnologías. Este fenómeno producido en los últimos años se denomina infoxicación (ALFREDO ABAD. Familias Digitales. Capítulo 8. La Blogosfera, epígrafe El grave problema de la infoxicación): una intoxicación producida por la ingesta de demasiada información, que se hace no digerible.

Es muy importante saber diferenciar entre lo que es información y conocimiento. El mero hecho de que poseamos una cantidad muy elevada de información no significa que el conocimiento que uno pueda tener, basado en esa información, sea mayor.

Para que la información no se convierta en inútil al ser excesiva, ni nos lleve a ser imprudentes al tener al ser escasa, debemos tener suficientes datos y para ello debemos tener criterio de selección de las informaciones de las que partimos en un proceso de estudio. A este proceso de selección que sigue unos criterios perfectamente definidos, se le denomina curación de contenidos, que define un nuevo papel profesional llamado “content curator” (término inglés para designar a personas que realizan está función en una empresa).
De esta manera, cada persona sabrá qué información ha de tener en cuenta por su valor para llevar una vida recta y organizada, siendo protagonistas de cada uno de sus momentos. Así no seremos esclavos de las nuevas tecnologías para no caer en la servidumbre que apuntaba el filósofo y escritor existencialista Jean Paul Sartre“Lo que poseemos, nos posee”.

Las nuevas tecnologías nos plantean una colisión entre dos de las características más importantes que hacen de cada individuo una persona humana: la inteligencia y la voluntad. De esta manera evitaremos confundir la acción con la abstracción, la acción de inculcar con la de educar.
Las tecnologías de la información y la comunicación afectan tanto a la inteligencia que trabaja con información en forma de conceptos, como a la voluntad que produce acciones en forma de procesos: la infoxicación es a la inteligencia como la multitarea  a la voluntad (CATHERINE L’ECUYER. Educar en la realidad. Capítulo 4, pag. 49 y ss). Nos referimos con esta multitarea a dos acciones simultáneas que requieran procesar información, usando directamente la inteligencia; algo para lo que la naturaleza humana no está especialmente preparada, sin excluirlo.

La multitarea no deja de ser un mito porque desempeñar dos procesos que exijan atención permanente produce una ansiedad que no podemos soportar durante mucho tiempo sin caer en la trepidación.
De hecho, en la actualidad, se están desarrollando técnicas de gestión de la atención y concentración en un solo proceso con objeto de mejorar el rendimiento. Una de estas técnicas es el Mindfulness.

En la vida de cada uno conviene reflexionar sobre nuestro equilibrio entre la inteligencia y la voluntad, sin excluir los sentimientos, emociones y afectos. Nuestra sociedad actual premia la acción, la voluntad, pero no valora tanto la inteligencia en el ámbito personal. Es como si la balanza de nuestra vida estuviera desequilibrada por la voluntad frente la inteligencia, el hacer frente al pensar.
Si Sísifo hubiera reflexionado sobre las consecuencias de su conducta, quizás no hubiera tenido que cargar con la piedra, porque no hubiera traicionado a Zeus, pero eso requería pensamiento consecuencial y este modo de pensar requiere integración de inteligencia y voluntad.

Por lo general, un medicamento suele poseer un principio activo que es lo que hace que un enfermo se cure de su enfermedad, pero el medicamento se comercia junto con otra serie de sustancias llamadas excipientes que hacen que podamos digerir y aceptar el principio activo. Con las nuevas tecnologías ocurre algo similar. Por eso no nos podemos quedar solo con los excipientes de la modernidad haciendo un mal uso de los dispositivos, o utilizando solo las funciones más irrelevantes, sino que debemos usar estas tecnologías con equilibrio, mesura e inteligencia, conducidos por un fin previamente elegido con nuestra libertad de ejercicio.
No estoy diciendo que dejemos de usar las nuevas tecnologías, no podemos ser tecnófobos, apoyo su uso, pero deben ser correctamente usadas. Así no nos quedaremos fuera de este nuevo y maravilloso mundo de la Tecnología e Internet.

Este trabajo proporciona ideas sobre los riesgos que pueden impedir que el uso de las nuevas tecnologías consiga la eficacia para la que fueron diseñadas, porque es una evidencia que estas novedades ya han cambiado el mundo: no podemos prescindir de ellas sin salirnos del mundo, pero no debemos permitir que nuestra realidad se convierta en una evasión.
Para ello hemos reflexionado sobre cómo el tema de estudio interacciona con los distintos saberes filosóficos: antropología, gnoseología, psicología, ética y el modo político de relación personal entre humanos.
COLABORACIÓN.- 
Sergio Abad Zorzo.
Filosofía, Bachillerato tecnológico.
20017.
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sábado, 10 de septiembre de 2016

La manzana dorada de la discordia

En uno de sus Relatos de la Antigüedad Griega, cuenta Gerardo Vidal cómo la mitología ofreció a Homero un marco sugestivo para sus relatos heroicos. La leyenda afirmaba que la guerra de Troya había comenzado en el Olimpo, en una inocente fiesta matrimonial. El enlace había de ser mixto: se unían en matrimonio un mortal, Peleo, y una diosa, Tetis, justamente los padres de quien llegaría a ser el principal de los héroes que lucharon y perecieron en Troya: el legendario Aquiles.

En el regocijo de la boda algo de gran relevancia pasó casi desapercibido: Eris, la diosa de la discordia, no fue invitada al banquete. El desaire tuvo trágicas consecuencias. De inmediato Eris ideó una maligna estrategia destinada a alterar bruscamente el plácido orden en que vivían los dioses. Envió una manzana dorada al Olimpo con un mensaje que únicamente decía: "Para la más hermosa".

Con tan pocas señas el don de Eris se convirtió instantáneamente en una maldición. En aquella época —continúa Vidal—, tal como en la nuestra, los concursos de belleza desataban todas las pasiones.
La naturaleza digital de nuestro mundo actual es la nueva manzana de una moderna Eris y, como entonces, la manzana sigue siendo dorada y, por ello, objeto de la apetencia de las diosas que habitan el Olimpo y que rivalizan entre sí.

Aunque no todos desbarran, muchos otros intereses se estrechan en torno a esta "digitalidad" que ofrece nuestra actual existencia. Este modo de vida, en sus aspectos más espurios, tiende a halagar la sensibilidad, el poder o el dinero. En este "mundo digital" cabe preguntarse qué tiene de especial el adjetivo digital que consigue modificar casi esencialmente al sustantivo mundo que le precede. De las muchas respuestas posibles nos fijaremos en una altamente específica: la repetibilidad.

Lo digital es fácilmente repetible sin error. Además, los procesos digitales son la materia próxima de los ordenadores, sus productos. Lo producido tiene la misma naturaleza que las herramientas que lo producen: hay una alta integración tecnológica y, por tanto, un espectacular desarrollo como producto de una muy rica innovación. Esta integración de herramientas y productos junto con la elevada productividad de los procesos repetibles y de ámbito universal hace que disminuyan significativamente tanto los costes de producción como los de distribución de productos. No debemos olvidarnos de que nuestra manzana es dorada y que, como ella, es igualmente repetible a lo largo de la historia.

Por último, podemos considerar la facilidad de acceso que proporcionan los aspectos digitales de la información. Internet es la red de acceso a los medios digitales por antonomasia. Si aceptamos esta universalidad del acceso a Internet, tenemos que concluir que nadie está excluido del disfrute de cualquier información digital en razón del modo de acceso. Esto quiere decir que es un magnífico medio para multiplicar lo bueno, y lo malo; la calidad, y la mediocridad.

El anonimato de los accesos a Internet lo hace idóneo especialmente para conseguir explotar los instintos que nadie querría que afloraran públicamente o a la comisión de delitos. Poner cota a la explotación de la sensibilidad, a la injerencia de lo económico sobre lo creativo o a las actividades fraudulentas es una cuestión de leyes, pero sobre todo de educación y no tanto de censura.

Tres fueron las diosas que se disputaron la hermosura sugerida por la manzana dorada de Eris; dorada, pero con gusano. Zeus, padre de los dioses del Olimpo, escogió a Paris, el hombre más bello de cuantos había en la tierra e hijo del rey de Troya, como juez de la contienda.

Atenea, diosa de la inteligencia, le prometió a Paris la sabiduría si la declaraba vencedora. Hera, esposa de Zeus, le ofreció el poder. Pero a ningún intento de soborno fue tan receptivo Paris —continúa Vidal en su relato— como al de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, que le prometió la mujer más bella que existiera sobre la tierra. No creo que los dioses griegos conocieran el mundo digital, pero, según Homero, ya eran sensibles a estas pasiones: la sensibilidad, el poder y el acopio de bienes.

La leyenda mitológica se complica a partir de aquí porque la mujer más bella era Helena, hija de los reyes de Esparta, que además estaba ya casada: un producto envenenado más de la diosa de la discordia. Conocemos el resto de la historia: la guerra entre Esparta y Troya con el legendario episodio del caballo de Troya, que terminó con la destrucción de la ciudad.

Podemos aprender algo: dejarse llevar por la seducción acaba por acoger un caballo de madera en nuestro quehacer.

Si te atreves, podrías preguntarte: ¿Cuál será mi Caballo de Troya digital? 

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lunes, 2 de mayo de 2016

Qué verde era mi vaca... ¿O era mi valle?

Dice el Talmud que "el hombre fuerte gobierna sus pasiones; el hombre honrado trata a todos con dignidad; y el hombre sabio aprende de todos con amor".

Al toparme hace unos días con esta reflexión rápidamente conecté su contenido con esta otra historia:

Vaca pastando en un prado de hierbas frescas y verdes
"Érase una vaca que habitualmente pastaba con tranquilidad en una verde pradera. El pasto era alto y fresco, en la plenitud de su verdor; y hacía las delicias de la vaca que ora ramoneaba la yerba y otrora la rumiaba tumbada en la fresca y mullida hierba, contemplando el descanso de un horizonte dibujado.

Tan exquisitos cuidados redundaban en una producción láctea sana y abundante, lo que hacía las delicias de su granjero que contemplaba con agrado las musculosas cachas de la vaca y sus generosas ubres gritando el ordeño.

Llegado el estío, el prado acusó la sequía. Ahora la tierra reseca no producía un pasto tan alto y verde, la hierba amarilleaba y escaseaba pero era suficiente para el mantenimiento de la vaca, que seguía dando leche, aunque no en tanta cantidad como antes.

La sequía se mantuvo por más tiempo del habitual y ya no había pasto para todos los animales de la granja. La ración de  heno de la vaca fue a parar a otros animales más pequeños y más necesitados, porque la vaca, con su inmenso volumen, podía aguantar más tiempo sin comer. Esto adelgazó a la vaca en poco tiempo cobrando un aspecto famélico y, como no podía ser de otro modo, las ubres colapsaron deteniendo la producción láctea.

No a mucho tardar la vaca murió de hambre ante el asombro e indignación del granjero, que juraba contra la vaca por la gran faena que le había hecho.
¡Cómo se le marcaban a la famélica vaca muerta cada uno de sus huesos, grandes, muy grandes!
¡Dónde quedaron aquellas cachas, dónde aquellas ubres!"
Querido lector:
¿Te identificas? ¿Reconoces alguna situación en tu vida en la que has asumido el papel de la vaca, del pasto o de granjero? ¿Te acuerdas de aquellos verdes pastos?

Si es así, ahora reflexiona:

  1. Es cierto que las cosas cambian y que pensar en lo verde que era nuestro valle no mejorará la situación actual en la que nos encontremos.
  2. Podemos admitir que una situación de crisis, interna o externa, puede derivar en una escasez de pasto que exija reajustes para adecuarnos al estío.
  3. También podemos soportar que si no hay recursos para todos, algunos tendrán que ser sacrificados para que otros puedan sobrevivir: alguien tiene que ganar y alguna vaca tendrá que perder.
  4. Pero lo que no es admisible es que el granjero descargue toda la responsabilidad en la vaca, porque la consecuencia lógica de privar del alimento necesario es la muerte por inanición.

          Escena de "Qué verde era mi valle" de John Ford, 1941.
Y esto es lo que puede pasar en algunas empresas, en algunas familias, en muchas relaciones sociales y en las sociedades mismas.

Acordarse de la belleza del prado no resuelve el futuro, pero contextualiza el problema porque exhibe un punto de referencia, nos indica cuál fue la verdad, ahora deteriorada.

Negar el verdor del valle o no querer recordarlo indica una renuncia, frecuentemente cobarde. Es propio de la misión del coach ayudar a ver la realidad tal como es, para que el coachee pueda enfrentarse a ella sin ocultarse tras los pliegues de una fingida ficción.

La primera parte de esta metáfora fue muy bien reflejada por John Ford en 1941 en su oscarizada película "¡Qué verde era mi valle", protagonizada por Walter Pidgeon y Maureen O'Hara entre otros.

Pero yo sigo pensando, después de tamizar esa realidad por lo sugerido por el Talmud...
¡Qué verde era mi vaca!.

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Alfredo Abad Domingo.
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domingo, 13 de diciembre de 2015

En la escuela debe enseñarse la vida, con tecnología o sin ella

Extracto de una entrevista publicada en adolescentesymas.com sobre el impacto social de la tecnología, especialmente en los niños y adolescentes, las familias y las escuelas:

Algunos centros educativos han incorporado la tecnología en sus aulas y programas de formación con resultados diversos. ¿Produce la tecnología educativa resultados positivos o es su eficacia es parte del marketing?

Cada vez son más los centros que utilizan la tecnología de manera habitual en el aula. Los resultados obtenidos son dispares, aunque aún los estudios realizados son pocos y muchos de ellos están sesgados por los intereses comerciales que median.

En la escuela debe enseñarse la vida. Si en la vida real hay tecnología, la escuela no puede apartarse de ella. Pero los resultados no se garantizan por el hecho de utilizarla. Desde el punto de vista del profesor o del aula es preciso seguir un método, adecuar la didáctica.

Esto a algunos alumnos les vendrá bien y a otros no tanto, de ahí la disparidad de resultados. Lo que sí permite la tecnología es la personalización de la educación de modo que cada alumno pueda tener su propio ritmo de exigencia, pero esto exige un esfuerzo extra para el profesor que no siempre está en condiciones de poder ofrecer, bien porque le falte formación, porque no tenga suficientes recursos o por una simple falta de tiempo. También las leyes pueden limitar este tipo de iniciativas.


¿Qué es mejor, elegir un centro educativo que tenga un programa con tabletas digitales o sin ellas?

Es cuestión de tiempo –poco tiempo– que todos los centros educativos utilicen la tecnología en las aulas, por ello si un centro educativo basa su política de marketing en la tecnología está en camino de perder su identidad por haber vendido su idiosincrasia natural por la tecnología, es decir, por un plato de lentejas.

Por tanto, tecnología sí, pero sólo tecnología no. Pero esto no sería distinto a afirmar: inglés sí, pero solo inglés no. Soy partidario de derribar las barreras que –a pesar de su evidente y demostrada utilidad– han levantado los nuevos fundamentalismos educativos que cual extraterrestres tratan de abducir la formación de las personas.

La entrevista completa puede consultarse en adolescentesymas.com 
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domingo, 19 de abril de 2015

Familias digitales

"Familias Digitales", nuevo libro en la colección Hacer Familia de la Editorial Palabra sobre las claves y consejos para convivir en una sociedad en red, especialmente para los ámbitos familiares y educativos.

Colección: Hacer Familia.
Editorial: Palabra.
Edición: 1ª, abril 2015.

Paginas: 192.
Encuadernado: Rústica.
Formato: 19 x 12.

Idioma: Español.
ISBN:978-84-9061-208-8.


Más información y compra online en:
        www.palabra.es/familias-digitales-1346.html

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Ahora, también traducido al Inglés y publicado en Estados Unidos por Editorial Excepter:

"Digital Families: Tips and Guidelines for Living in an Online Society", Alfred Domingo. Ed. Scepter. New York (USA), ago-2016.
PB: 978-1-59417-258-9 y eBook: 978-1-59417-259-3.

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Por último, también traducido al Portugués y publicado por la editorial Quadrante:

Título en Portugués: "Familias Digitais"


Ficha Técnica:
Número de Páginas: 126.
Editora: Quadrante.
Idioma: Português.
ISBN: 978-85-74652-36-8.
Dimensões do Livro: 14 x 21 cm.


Sinopsis:
Este libro se presenta como un manual para aprender a convivir con las nuevas tecnologías con una visión educativa para abordar este factor tan presente en la sociedad.

¿Conoces las ventajas de un consumo adecuado de las tecnologías de la información y la comunicación? Internet, los dispositivos móviles, los ordenadores, las redes sociales etc. han pasado a formar parte de la cultura del ser humano y conforma una nueva forma de vida de la que no es posible escapar. Saber cómo convivir con ello, educar en esta nueva forma de sociedad y conocer los beneficios y riegos es indispensable hoy en día.

Este libro es un guía sobre las nuevas tecnologías tanto para conocedores de la materia como para los que todavía no se atreven a dejarse llevar por la red. Es además un gran apoyo educativo para los que se enfrentan a este tema, nuevo para ellos, con hijos, alumnos, etc., a los que orientar.

Una forma positiva y novedosa de adentrarse en el mundo tecnológico.

Alfredo Abad (Madrid, 1961) es licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es profesor de Seguridad, Alta Disponibilidad y Redes de ordenadores. También escribe en CuriositaTICs, su blog de reflexión tecnológica. Ha gestionado la implantación de la tecnología en centros educativos y en empresas editoriales y ha sido profesor de masters de posgrado con la Fundación Universidad-Empresa sobre tecnología educativa en la UNED y en otras instituciones educativas y empresariales. 
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lunes, 15 de septiembre de 2014

Vamping: trasnochar se pone de moda

La nueva moda entre los adolescentes internautas es eso que ellos mismos han venido a denominar "vamping" por la etiqueta que han utilizado en las redes sociales para marcar sus mensajes nocturnos: #vamping.

Consiste esta moda en permanecer horas y horas nocturnas conectados a las redes sociales, tiempo robado al sueño y al descanso. El atractivo de las redes sociales entre los adolescentes que las usan es tan intenso que trasnochar ha sido convertido en moda.

Los efectos del vamping podrían perjudicar a estos jóvenes de dos maneras:

  1. Por la obesidad digital que les producirá la compulsión de examinar constantemente qué ocurre entre sus contactos de la red, lo que en el fondo no es más que un incontrolado afán de novedades.
  2. Por la falta del descanso debido y la creación de hábitos que impidan el desarrollo normal de los ciclos circadianos.
Cualquiera de los dos factores desemboca en el arraigo de costumbres difíciles -aunque no imposibles- de erradicar y que influirán notablemente en las actividades diurnas.

Aunque el fenómeno se ha puesto de moda entre adolescentes, nativos digitales, también se ha extendido a adultos con el agravante de que la extrema dedicación que les exigen la constante atención a las redes sociales puede deteriorar la atención de sus obligaciones, también familiares.

Desde el punto de vista antropológico, esta moda también tiene su alcance. Recomiendo leer este artículo: "El utilitarismo de la compulsión modernista". Si realmente te interesa este tema, no te defraudará.

La educación de los menores es una responsabilidad primordial de sus padres, pero limitar las horas de acceso a los menores en el entorno familiar parece una medida de prudencia de primera calidad en la educación del carácter  y los hábitos en el adolescente. Eso sí, explicando adecuadamente la razón de esa limitación y dando ejemplo -padres y profesores- de cuáles son las ventajas de ser señores de uno mismo.

¡Que las redes sociales no te chupen la sangre! 

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Ilustración: Antonio Marín (c). Más imágenes originales en http://dibuloco.wordpress.com/

lunes, 30 de junio de 2014

Cuando lo gratuito se hace perverso

Hace pocos días publicaba Kaspersky, una de las compañías de seguridad informática más importantes a nivel mundial, un estudio personalizado sobre los contenidos no deseados más populares entre los menores.

Datos relevantes del estudio

El estudio registra una estadística de uso del control parental de sus productos de protección en España, por tanto, revela datos muy fiables sobre cuáles son las intenciones de acceso de los menores españoles.

El control parental de Kaspersky gestiona, entre otras, categorías de acceso como pornografía, violencia, drogas o software ilegal. El resultado del estudio es muy significativo porque el 40% de las visitas de niños españoles (realmente, usuarios controlados por un control parental) iban dirigidas a contenidos web clasificados como pornográficos, mientras que los intentos de acceso a software ilegal representan un 24%.
¿Esto es mucho o es poco? En mi opinión, es demasiado.

Si comparamos con otros países europeos, en España estamos en accesos a la pornografía por debajo del resto de Europa occidental, que se sitúa 10 puntos por encima (50%). Aunque lo más significativo es que el acceso a software pirata no alcanza en Europa occidental el 6% frente al 24% español, lo que significa una proporción del 400% de intentos de software ilegal en España con respecto de la media en Inglaterra, Alemania, Francia e Italia.
Si los accesos a la pornografía nos parecían muy significativos, los del acceso al software ilegal son descomunales.

¿Cómo podemos explicar esto?

El acceso a páginas eróticas o pornográficas se puede explicar -no justificar- fácilmente por las tendencias concupiscibles de cualquier ser humano, sobre todo si está especialmente despierto en esas edades adolescentes en donde se tiene toda la pasión y disminuidas las defensas. La adolescencia se sitúa más o menos de la misma manera en el proceso evolutivo de cualquier persona, por eso la transversalidad de los datos por países viene a ser más o menos equivalente.

Sin embargo, la explicación de la abundancia exagerada de intentos de acceso al software ilegal en España con respecto del resto de la Europa occidental es mucho más prolija: en parte se alimenta de las costumbres generadas por la cultura de lo gratis y en parte por el atractivo reto de no tener que pagar por nada, aunque sea a fuerza de saltar por encima de la ley.
En cualquiera de los dos casos, la génesis es un problema educativo.

Es importante proteger al menor de contenidos no deseables, pero en el caso del software ilegal, conociendo que -aunque no necesariamente- frecuentemente su descarga viene infectada de malware, el riesgo para la seguridad del menor es extremo puesto que significa la apertura a todo un mundo de delincuencia, por ejemplo, a través del ciberacoso.

Además del problema semántico que entraña el término "free" en inglés, que se puede traducir al español como "gratis" o como "libre",  se añade una nueva confusión ya dentro de nuestro idioma, porque gratis puede predicarse de lo que carece de precio, de lo que carece de valor y por eso tiene precio cero o también puede indicar que aunque tenga valor y precio, lo puedo conseguir de balde: no es que el objeto sea gratuito en sí, sino que yo lo consigo gratis.

En cualquiera de los casos, se identifican gratis con ausencia de valor o bien gratis con reto para saltarme un pago: todo un desafío para la educación del menor y una perversión de lo gratuito.
Y ahora mi pregunta: ¿sólo del menor?

¿Quieres leer más sobre otras perversiones?

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lunes, 16 de junio de 2014

Sobre el éxito y la excelencia

Afirma la RAE que el éxito (del latín exitus, salida) es el resultado feliz de un negocio o actuación además de la buena aceptación que tiene alguien o algo. Con frecuencia hablamos de éxito y excelencia como si fueran sinónimos y, efectivamente, tienen algunos elementos en común, pero no son lo mismo. ¿No lo crees? Sigue leyendo.

La misma RAE afirma que la excelencia (del latín excellentia) es la superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo.

¿A que son parecidos? Expongamos dos formulaciones de ejemplo para reflexionar sobre ellas:
  1. Hoy he tenido éxito en este negocio.
  2. Hoy he realizado mi trabajo con excelencia.
Si he tenido éxito, estoy indicando que mi negocio ha finalizado según mi intención. En cambio, si mi trabajo ha sido realizado con excelencia lo que preciso es que fue hecho de manera eficiente, con calidad y con bondad (como dice la RAE), de modo que esa calidad produce admiración.
La admiración de la excelencia no proviene de finalizar la acción sino de la calidad de lo realizado.
Con solo el éxito, el caco consigue su botín, pero no podemos atribuirle un trabajo excelente, salvo que participemos de algún modo de la picaresca.
La excelencia alberga una componente moral, la bondad de la acción; el éxito no necesariamente.
No se puede decir que nuestros antepasados de Altamira tuvieran un éxito inefable: no hemos sabido de la existencia de esas pinturas rupestres hasta hace bien poco tiempo. Sin embargo, su trabajo fue excelente, digno de la estimación de todos en la actualidad y merecedor de unas medidas proteccionistas de conservación que indican la importancia del patrimonio cultural que suponen esas pinturas.

Cuando se habla de la cultura del esfuerzo, con frecuencia se habla de que conduce al éxito. A mí no me interesa esa cultura del esfuerzo si el camino hacia el éxito no pasa por las verdes praderas de la excelencia.

Cuando se utiliza tecnología educativa, sobre todo si hay gamificación por medio, hay que poner un exquisito cuidado pedagógico en que el objetivo de éxito no relegue la excelencia a la profunda oscuridad de las cavernas de la cultura del pelotazo.

¿Quieres saber más sobre la perversión en la cultura del esfuerzo? Te sorprenderás.

Ilustración: 
Antonio Marín (c). Más imágenes originales en http://dibuloco.wordpress.com/

Reflexión: 
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viernes, 30 de mayo de 2014

La comunicación al servicio de la Cultura del Encuentro

Reproducimos hoy, por su elevado interés y la profundidad de la reflexión, el texto propuesto para las 48 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del Papa Francisco, de fecha 1 de junio de 2014 y que lleva por título:

"La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro"

[Nota: las negritas y énfasis en el texto son míos].

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy vivimos en un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; por lo tanto, parece que debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. El desarrollo de los transportes y de las tecnologías de la comunicación nos acerca, conectándonos mejor, y la globalización nos hace interdependientes. Sin embargo, en la humanidad aún quedan divisiones, a veces muy marcadas. A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres. A menudo basta caminar por una ciudad para ver el contraste entre la gente que vive en las aceras y la luz resplandeciente de las tiendas. Nos hemos acostumbrado tanto a ello que ya no nos llama la atención. El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas.

En este mundo, los medios de comunicación pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos. Comunicar bien nos ayuda a conocernos mejor entre nosotros, a estar más unidos. Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto. La cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. Los medios de comunicación pueden ayudarnos en esta tarea, especialmente hoy, cuando las redes de la comunicación humana han alcanzado niveles de desarrollo inauditos. En particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios.


Sin embargo, también existen aspectos problemáticos: la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo.

La variedad de las opiniones expresadas puede ser percibida como una riqueza, pero también es posible encerrarse en una esfera hecha de informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados intereses políticos y económicos. El mundo de la comunicación puede ayudarnos a crecer o, por el contrario, a desorientarnos. El deseo de conexión digital puede terminar por aislarnos de nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado. Sin olvidar que quienes no acceden a estos medios de comunicación social –por tantos motivos-, corren el riesgo de quedar excluidos.

Estos límites son reales, pero no justifican un rechazo de los medios de comunicación social; más bien nos recuerdan que la comunicación es, en definitiva, una conquista más humana que tecnológica. Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar. Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad, entre otros.

Entonces, ¿cómo se puede poner la comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro? Para nosotros, discípulos del Señor, ¿qué significa encontrar una persona según el Evangelio? ¿Es posible, aun a pesar de nuestros límites y pecados, estar verdaderamente cerca los unos de los otros? Estas preguntas se resumen en la que un escriba, es decir un comunicador, le dirigió un día a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» (Lc. 10,29). La pregunta nos ayuda a entender la comunicación en términos de proximidad. Podríamos traducirla así: ¿cómo se manifiesta la «proximidad» en el uso de los medios de comunicación y en el nuevo ambiente creado por la tecnología digital? Descubro una respuesta en la parábola del buen samaritano, que es también una parábola del comunicador. En efecto, quien comunica se hace prójimo, cercano. El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad».

Cuando la comunicación tiene como objetivo preponderante inducir al consumo o a la manipulación de las personas, nos encontramos ante una agresión violenta como la que sufrió el hombre apaleado por los bandidos y abandonado al borde del camino, como leemos en la parábola. El levita y el sacerdote no ven en él a su prójimo, sino a un extraño de quien es mejor alejarse. En aquel tiempo, lo que les condicionaba eran las leyes de la purificación ritual. Hoy corremos el riesgo de que algunos medios nos condicionen hasta el punto de hacernos ignorar a nuestro prójimo real.

No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura. Las estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación. El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo quien comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un comunicador. Precisamente por eso el testimonio cristiano, gracias a la red, puede alcanzar las periferias existenciales.

Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera. Y las calles del mundo son el lugar donde la gente vive, donde es accesible efectiva y afectivamente. Entre estas calles también se encuentran las digitales, pobladas de humanidad, a menudo herida: hombres y mujeres que buscan una salvación o una esperanza. Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar «hasta los confines de la tierra» (Hch. 1,8). Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asimismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos.

Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de comunicar este rostro de la Iglesia? La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.

No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana» (Benedicto XVI,Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2013).

Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.

Que la imagen del buen samaritano que venda las heridas del hombre apaleado, versando sobre ellas aceite y vino, nos sirva como guía. Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien encontramos herido en el camino. No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital. El interés y la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación son importantes para dialogar con el hombre de hoy y llevarlo al encuentro con Cristo: una Iglesia que acompaña en el camino sabe ponerse en camino con todos. En este contexto, la revolución de los medios de comunicación y de la información constituye un desafío grande y apasionante que requiere energías renovadas y una imaginación nueva para transmitir a los demás la belleza de Dios.

Vaticano, 24 de enero de 2014, memoria de san Francisco de Sales
FRANCISCUS 

(Recogido de https://www.pccs.va/index.php/es/giornate-mondiali-delle-comunicazioni-sociali-4/2014)


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Alfredo Abad Domingo.
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jueves, 15 de mayo de 2014

Ready to war

"No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: Palos y piedras". 
Con esta diáfana frase aventuraba Albert Einstein (1879-1955) su visión de un hipotético futuro bélico, tan expresiva que no requiere un comentario posterior.

Una visión de la guerra desde otro ángulo es aportado por Hermann Hesse (1677-1962), escritor y pintor suizo de origen alemán:
"Nadie pensaba en una guerra, se aumentaba el armamento sólo por si acaso, porque los ricos ven con agrado muros de hierro alrededor de su dinero".

Desde el punto de vista operativo, la indicación viene del escritor francés Anatole France (1844-1924):
"Las victorias de los pueblos siempre son debidas a la inteligencia de los generales y al valor de los soldados; y las derrotas a la fatalidad".

El pesimismo extremo en la capacidad de bien del hombre es expresado desde algunas filosofías por Thomas Hobbes (1588-1679):
"La fuerza y el engaño son, en la guerra, las dos virtudes cardinales". 

Y ¿quien iba a decir que el mismo Goebbels afirmaría algo que ahora sabemos que es verdad?:
"En la guerra no existe la victoria, sino distintos grados de derrotas".

Aun así, sigo pensando que para evitar o destruir las guerras, también las tecnológicas, son útiles las cuatro virtudes cardinales, que siguen siendo cuatro, a saber:  prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
¿Alguien lo podría mejorar? 

Ilustración: 
Antonio Marín (c). Más imágenes originales en http://dibuloco.wordpress.com/

Reflexión: 
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sábado, 3 de mayo de 2014

Donde tus sueños te lleven


Dicen que el pesimismo tiene un prestigio que no merece. Creo que está bien dicho, pero ¿nos lo creemos realmente? ¿No será que el pesimismo actúa como un narcótico de nuestra propia incapacidad o de nuestra comodidad?

Hoy os dejo el vídeo de Javier Iriondo, locutado con la voz de Pablo Motos, que merece la pena ver con detenimiento.

Sin embargo, hay algo en lo que no estoy totalmente de acuerdo. Efectivamente el pasado no debe determinar el futuro, porque el pasado, pasado está; pero eso no significa que debamos ignorarlo.
El futuro define la meta, pero al ruta que determina qué camino seguir no está totalmente definido si faltan el punto de partida y el punto de llegada: el de llegada está en el futuro, pero el de partida está en el presente, momento que fue engendrado en el pasado.

Por tanto, parece una medida de prudencia contemplar el pasado no para agobiarse o para retomar malas experiencias sino para conocerse y definir mejor qué me acerca a un futuro libremente elegido.
Decía Vincent Lombardi (entrenador de fútbol americano de ascendencia italiana) que:
"El único lugar en el cual ‘éxito’ viene antes de ‘trabajo’ es en el diccionario" claro que "Si tú crees que estás derrotado, lo estás. Si crees que no te atreves, no lo harás". 



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viernes, 25 de abril de 2014

Google Glass para ciegos y guías de ciegos

Acabamos de ser percutidos con el lanzamiento de las Google Glass, elemento tecnológico que abre las puertas a la integración de la realidad con el acceso a datos sobre la misma en tiempo real: un amalgama entre la realidad virtual, realidad aumentada y la Internet de las cosas que se presenta como verdaderamente prometedor, aunque todavía a un precio muy elevado. Claro, que son solo los comienzos.

¡No se basta la realidad a sí misma, que necesitamos añadirle nuevas informaciones! No es crítica, todo lo contrario, pero antes de incorporar valor añadido informativo a la realidad podríamos abrir los ojos para llenarnos de lo que tienen delante, con esa plenitud que los clásicos llamaron contemplación.

Aquí te dejo una infografía realizada por el Centro de innovación del BBVA que nos hace una radiografía de la tecnología Google Glass. Su estudio detenido enriquecerá sustancialmente al lector.

Radiografía de Google Glass (Fuente: Centro de innovación del BBVA).

Google Glass nos ayudará significativamente comprender lo que hay más allá de la realidad simplemente percibida, pero animo al lector a que haga un ejercicio de reflexión sobre lo que ve en el mundo sin necesidad de gafas que le virtualicen su entorno. Por ejemplo, también dejo un mapa de la distribución del hambre en el mundo: para saber que hay hambre por todos sitios no son necesarias unas Google Glass.
También es cierto que la superposición de este mapamundi como realidad informativa añadida a la vista de un globo terráqueo no podría hacer más solidarios y en esto, Google Glass tiene mucho que aportar.
Puede que una vez más, la tecnología venga en auxilio de la solidaridad, aunque solo sea por la insistente percusión informativa. Con algo más de suerte dejaremos de ser ciegos y ello nos brindará la oportunidad de poder contemplar una realidad más amplia abandonando nuestro oficio de guía de ciegos.

Mapa del hambre silenciada en el mundo.

Podríamos considerar del mismo modo que no solo son gestionables las necesidades físicas, materiales o fisiológicas. Las realidades morales, intelectuales o espirituales también están amenazadas, como lo demuestra la siguiente infografía:
Persecución de cristianos en el mundo en 2013 (Fuente: www.worldwatchlist.us)

Decía  Víktor Frankl que «Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.» 

O. en su versión más sencilla: "Es sencillo ser feliz, lo difícil es ser sencillo" (Mario San Miguel, cantante). 

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