martes, 26 de marzo de 2013

Las falacias del pensamiento positivo

Puestos a elegir es mejor el optimismo que el pesimismo, pero no me quería yo referir aquí a las actitudes de visión frente a los acontecimientos vitales, puesto que no afectan a la verdad: la botella puede ser considerada como medio vacía o medio llena, pero mi consideración no afecta al contenido de la botella.

Me refiero aquí al alocado, por ciego, pensamiento positivo en sentido peyorativo: a pensar que alguna extraña fuerza en mi interior o en el exterior hará que todos mis problemas se solucionen automáticamente sin mi intervención: basta con que yo piense positivamente para que se opere la magia resolutiva.

Por tanto, hablamos de que el pensamiento positivo, que no optimista, sin más fundamento que el propio devenir, se resuelve en un profundo pesimismo, erigido sobre una aún más profunda desconfianza en la capacidad de la persona para tomar las riendas de su propia vida.

El vídeo que expongo a continuación nos da una idea de ello. Espero que os guste. Después del vídeo haremos una breve reflexión.



No hay que desesperar, como no hay que presumir, en el sentido desesperanzado del término, que no del vanidoso. Debemos tener una cierta confianza en nosotros mismos como resultado de la propia autonomía, signo de la libertad personal, pero esta confianza no puede ser absoluta.

Tampoco debemos desconfiar "absolutamente" de los demás, aunque sabemos que  nos pueden fallar -experiencia tenemos- del mismo modo que cada uno puede traicionarse también a sí mismo, de lo que también conservamos recuerdo. ¿Verdad, lector, que no es novedad?

Si tienes algo que argumentar, deja tu comentario e iniciaremos un debate.

Alfredo Abad Domingo.
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jueves, 21 de marzo de 2013

La conexión a tierra de la tecnología


De la electricidad y las madonnas de Rafael

Cierro la puerta de mi automóvil y, de manera instantánea, me recorre una descarga eléctrica que pone mi brazo a temblar, incontroladamente. Esto me obliga involuntariamente a lanzar las llaves, que todavía llevo en la mano, a unos metros de distancia: otra vez... ¡Ya me ha dado calambre!

No sé si el lector habrá vivido alguna vez esta situación de la vida corriente, más eléctrica que ordinaria, pero a mi me recuerda siempre la "obsesión" que teníamos -aquellos tiempos de jóvenes estudiantes universitarios- en el laboratorio de electricidad y electrónica por conectarlo todo a tierra. Precisamente porque al vehículo le falta una conexión a tierra es por lo que se carga de electricidad estática y, luego, se descarga por donde puede, es decir, a través del incauto conductor.

Quizás el lector conozca un cuadro de Rafael Sanzio titulado la "Virgen de la silla" (Madonna della seggiola), una de las muchas madonnas que creara el colorista pintor renacentista. Se trata de una pintura al óleo sobre tabla redonda de unos 70 cm de diámetro, que muestra a la Virgen, abrazando al Niño Jesús mientras que Juan Bautista, que le acompaña les dirige una mirada repleta de piedad.

A priori, podríamos opinar que es una obra artística que nos agrada o no; probablemente nos gustaría por el hecho de que está firmada por el insigne Rafael o por la connotación religiosa y maternal que sugiere, sin embargo, es una de las pinturas que se suelen poner como ejemplo para argumentar que el arte figurativo no puede prescindir de del sistema compositivo, en este caso, de tipo excéntrico.

La composición de tu vida

En la composición se hace un uso intensivo de la línea curva, como no podía ser de otro modo al ser la tabla circular. El autor deforma la composición para que todos los elementos queden integrados (véase, por ejemplo, el torcido cuello de la Virgen o el entrecruzamiento de brazos y piernas).

Sin embargo hay un elemento en la escena, que -casi imperceptible- alegóricamente impide que el cuadro eche a rodar por sí solo sobre la hipotética línea horizontal en la que descansa: el mástil de la silla. Este es justamente, el elemento que proporciona el sentido de la verticalidad y el que concede a la escena su clave de interpretación compositiva. Su función es la de freno de mano del círculo que pretende girar y girar sobre el suelo. Digamos que es la conexión a tierra de esta representación pictórica, a la que Rafael le concedió tanta importancia que pasó a formar parte del título de la obra.

Querido lector, ¿te habías dado cuenta -antes de leer esta reflexión- de la importancia de este brazo de la silla en el cuadro?
Virgen de la silla. Rafael Sanzio, 1513-1514. Óleo sobre tabla, 71 cm x 71 cm. Palacio Pitti, Florencia, Italia.

Con la tecnología sucede algo semejante: la utilizamos de manera indiscriminada. Incluso nos parece que quien no la utiliza, intensiva y extensivamente, es un individuo anacrónico, casi un bohemio, un monje budista o un despegado estoico. Pero,... Hay un pero.

Mucha o poca tecnología no es algo demasiado significativo en la composición de tu vida: sencillamente estás colocando estratégicamente las figuras en el cuadro para realizar una composición, pero estas figuras por sí solas -como hemos visto antes- no hacen la obra de arte. Te esforzarás, para no ser señalado o etiquetado, en integrar toda tu existencia en un marco tecnológico. Todo lo que antes hacías de manera natural, ahora no podrías hacerlo sin la tecnología que subyace. Además, buscas tecnología para poder hacer más y más, que no necesariamente mejor.

Esas dependencias...!

He llegado a escuchar a algunos jóvenes quejarse porque sin teléfono móvil no es posible quedar con los amigos para salir un sábado: ¡Siempre quedamos por Whatsapp! o ¡Mi libreta de contactos está dentro del móvil y lo he perdido!

La tecnología facilita, a la vez que limita, porque aun cuando dilata el campo de acción y extiende las fronteras, genera nuevas dependencias. Así, que podemos decir: ¡Qué bonito es todo, cuando todo es bonito!

Suena a retórica tautología, ¿verdad? No insistas, lo sé. Lo es. Solo en estas condiciones de comoditización tautológica es donde la tecnología nos proporciona una temblorosa seguridad.

Tu mundo redondo y cíclico -tu cuadro- se ha ido poblando de personajes: tu tableta, tu teléfono inteligente, tu ordenador personal, tus nubes, tu blog, tu twitter, varias conexiones a Internet, etc. Has ido doblegando las actividades hasta conseguir que las herramientas parezcan hechas expresamente para tu necesidad y no te das cuenta de que te duele, de que tienes el cuello torcido.
Eso sí, con mucho colorido, pero en la antesala de la tortícolis.

Te falta un elemento que te proporcione la verticalidad: El brazo seguro y firme de la silla. Has conseguido una composición circular que comenzará a girar en cualquier momento escapando a tu voluntad como rodaría el cuadro de Rafael sin su contexto de verticalidad.

Tú eres más importante que la tecnología que usas: ahí tienes tu silla. O, dicho de otro modo, tu conexión a tierra. Ahora ya eres autónomo para que la tecnología, como el automóvil, no te de calambre.

¿No te convence esto que afirmo? Mira el siguiente vídeo y disfrútalo. No soy yo contrario al uso de la tecnología; insisto, me da de comer; pero me agota la prepotencia de ese exhibicionista snobismo tecnológico.


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Entradas relacionadas:

lunes, 18 de marzo de 2013

¿Tienes pensamiento divergente o eres realmente creativo?

Sir Ken Robinson (Liverpool, Inglaterra, 1950) es un educador, escritor y conferenciante británico, experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos.
También ostenta el título de Doctor por la Universidad de Londres desde 1981. Debido a la relevancia de su actividad en los campos mencionados, especialmente en relación con el arte, fue nombrado sir por la reina de Inglaterra, Isabel II en 2003.

Os adjunto un vídeo infográfico basado en el pensamiento de Sir Ken Robinson,  recogido de Youtube que presenta una profunda reflexión sobre el estilo de la escuela tradicional y algunos riesgos que conlleva la modernidad. Se trata de pensar detenidamente en un posible cambio de paradigma.
El comentario del vídeo refleja unas palabras de Benjamin Franklin, recitadas por Ken, el autor del texto del vídeo:
"Hay tres tipos de personas en el mundo: los inamovibles, los movibles y los que se mueven".
Y yo me pregunto, querido lector: ¿Tú, a qué tipo perteneces?


Aunque el vídeo se orienta al mundo educativo, se puede aplicar a otros sectores. No estoy totalmente de acuerdo con todo el contenido, pero sí con la mayor parte de él.
Especialmente interesante me parece la apreciación sobre que nos quejamos de que los alumnos actuales no prestan atención, pero no nos damos cuenta al grado de exposición disruptiva están expuestos debido a la modernidad tecnológica. No es una crítica a la modernidad ni a la tecnología, sino a su inserción discriminada en el devenir educativo actual.

Por otra parte, separa el significado del pensamiento divergente, tan de moda hoy, con la creatividad que subyace de él, aunque no necesariamente.
Por último, me parece que la estética del vídeo es una genialidad.
Si quieres comentar algún aspecto del vídeo que te parezca de relevancia o con el que no estés de acuerdo, aprovecha y haz comentarios: estableceremos un debate.


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Entradas relacionadas:
  1. Atrévete a soñar, innovando.
  2. Sueña con ser feliz y, además, consíguelo.

jueves, 14 de marzo de 2013

¿Qué modelo educativo eligen para sus hijos en Silicon Valley?

Cerebros de Silicon Valley envían a sus hijos a un colegio sin computadoras

 Así titulaba Infobae, un conocido blog, uno de sus artículos en que hacía referencia a una publicación del diario francés Le Monde.  Parece ser que la escuela Waldorf School de la Peninsula (California) acoge entre sus alumnos a una buena parte de los hijos de los "hiperconectados" empleados de Google, Apple, Microsoft y otras de las grandes compañías que operan en Silicon Valley. Aproximadamente tres cuartas partes del alumnado de esta escuela tiene este perfil. La escuela ha optado por un modelo de enseñanza novedoso: el modelo tech de la desconexión, un entorno educativo ayuno de nuevas tecnologías.
Cabe preguntarse, ¿por qué los profesionales de Silicon Valley han elegido este modelo educativo para sus hijos? Es extraño que muchos trabajadores de la sede central de Google -la compañía de Internet por antonomasia- decidan que es mejor llevar a sus hijos a escuelas que no usan computadoras.

Copio a continuación el testimonio de Pierre Lauren, uno de los padres que ha optado por este modelo, quien según una entrevista de Le Monde:
 "La computadora no es más que una herramienta. El que sólo tiene un martillo piensa que todos los problemas son clavos", dice. "Para aprender a escribir, es importante poder efectuar grandes gestos. Las matemáticas pasan por la visualización del espacio. La pantalla perturba el aprendizaje. Disminuye las experiencias físicas y emocionales".
Hay que reconocer que el comentario no carece de interés.


Sigue Le Monde añadiendo más leña al fuego:
En la Waldorf esa limitación -la provocada por las pantallas- no existe: se aprende a sumar y a restar dibujando o saltando a la cuerda. Consultado acerca de si no le preocupa que sus hijos estén en desventaja por este retraso en el uso del PC, Laurent responde: "No sabemos cómo será el mundo dentro de 15 años, las herramientas habrán tenido tiempo de cambiar muchas veces. Por haber trabajado 12 años en Microsoft, sé hasta qué punto el software se prepara para facilitar al máximo el acceso". También recuerda que todos los alumnos de la Waldorf tienen computadora en sus casas. La cuestión se reduce entonces a decidir cuándo levantar las limitaciones a su uso.

 Richard Stallman, el gurú del software libre, trabaja desconectado:
"La mayor parte del tiempo no tengo Internet. Una o dos veces por día, a veces tres, me conecto para enviar y recibir mis correos. Releo todo antes de enviar".
Así como por un lado muchas personas sufren de nomofobia -algo que ya habíamos tratado en otro post-, es decir, el miedo a no estar conectado (teléfono, Internet, etc.), otros ya empiezan a estar de vuelta y a recuperar el placer de la desconexión.

Fred Stutzman, investigador de la Carnegie Mellon University, desarrolló incluso un programa llamado Freedom que bloquea el acceso a Internet durante 8 horas seguidas, obligando a reiniciar la computadora para reactivar el servicio. Deseoso de poder escribir sin distracciones, también diseñó Anti-social, un software que permite el acceso a Internet pero sin diversiones tales como Facebook y Twitter.
"Las computadoras se han convertido en máquinas de distracción. Hay que equiparse hoy de funcionalidades que las devuelvan a su rol de máquina de escribir", dice. "Es una forma de comprar tiempo".
Sherry Turkle, del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), autora del libro Alone Together (Solos juntos), dice que mirar sus correos o SMS frente a otros puede ser tan contagioso como un bostezo:
"La gente pasa 90% de su tiempo de trabajo con los mails, y en su casa envían SMS estando a la mesa".

El informe de Le Monde pronostica que cada vez habrá más gente pidiendo asistencia para desconectarse. No es un fenómeno de masas, sino más bien una tendencia minoritaria que involucra más bien a los sectores más acomodados. Francis Jauréguiberry, un sociólogo investigador de este tema afirma que "Algunos tienen el poder para desconectarse y otros, el deber de permanecer conectados".

Los "pobres de la tecnología" son los que no pueden eludir la responsabilidad de responder de inmediato un correo electrónico o un mensaje de texto. Por el contrario, los "nuevos ricos de la tecnología" son aquellos que tienen la posibilidad de filtrar e interponer una cierta distancia entre ellos mismos y los medios que les proporcionan información. Lo mismo pasó -dice Jauréguiberry- con la televisión: "el sobreconsumo es cosa de las clases populares".


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Entradas relacionadas:
  1. Menos FACE y más BOOK.
  2. La compulsión digital: un síndrome psiquiátrico.
  3. El síndrome de Diógenes digital.

viernes, 8 de marzo de 2013

Menos FACE y más BOOK

Asombrado. Reconozco que he quedado aturdido al comprobar el número de entradas que devuelve Google al buscar "menos FACE y más BOOK", incluyendo las ilustraciones que aparecen en la página de búsqueda de imágenes.
A pesar de estar inmersos en un ecosistema digital basado en redes sociales, que se ha venido a llamar Web 2.0, se atisba una cierta reacción que pone bajo sospecha este nuevo modo de acceso a la información que inducen las redes sociales, que lejos de ser exclusivo de alternativos y snobs, se ha hecho cultura.

Según Wikipedia, la nomofobia es el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil. El término, que es una abreviatura de la expresión inglesa "no-mobile-phone phobia", y fue acuñado durante un estudio realizado por la Oficina de Correos del Reino Unido encargado al instituto demoscópico YouGov para estimar la ansiedad que sufren los usuarios de teléfonos móviles.

Los datos del estudio

El estudio se llevó a cabo en Reino Unido en 2011 y contó con una muestra de 2.163 personas, revelando que casi el 53% de los usuarios de teléfonos móviles en el Reino Unido siente ansiedad cuando "pierden su teléfono móvil, se les agota la batería o el crédito, o no tienen cobertura de red".
De acuerdo con el estudio, alrededor del 58% de hombres y el 48% de mujeres sufre de la fobia, y un 9% adicional se siente estresado cuando sus móviles están apagados.
La investigación también ha demostrado que los niveles de estrés de una persona con nomofobia son equiparables con los que se tienen el día antes de la boda o de la visita al dentista.
Respecto de las razones para que la ansiedad se manifestase, el 55% afirmó que era por el hecho de estar "aislado" de las posibles llamadas o mensajes de familiares y amigos, mientras que un escaso 10% afirmó que la causa era su trabajo, ya que le exigía estar conectado permanentemente.

Fobias producidas por carencias tecnológicas

De manera análoga, podríamos definir una "noFacefobia" o una "noTweetfobia".
Nos hemos acostumbrado -especialmente los más jóvenes- a sustituir las conversaciones por "Retweet", los asentimientos por "Me Gusta", los contenidos informativos por hipervínculos, etc. De hecho, apenas leemos lo que recibimos, incluso aunque nos guste su potencial contenido. Como mucho, leemos titulares y ni siquiera todos. Valoramos el contenido, que ignoramos, por la ocurrencia de quien lo tituló.
Todo esto genera un estado de ansiedad que puede provocar fobias. Porque lo importante ya no es tanto qué me cuentan las redes sociales (el contenido, objetivo del usuario), sino la relación de comunicación en sí (el medio, objetivo del proveedor tecnológico): nuestro interés queda desplazado por el del proveedor de la red social, es decir, se intuye una cierta falta de libertad en beneficio de otro tanto de colectivización.
Es como si se hubieran sustituido las personas por individuos y las relaciones personales por meros impactos  informativos.
Por ello, y sin despreciar en absoluto la nueva tecnología, hay quien considera que estos elementos, llevados al extremo constituyen unos fuertes distractores de la atención y pueden relajar la capacidad de esfuerzo para realizar tareas concretas, ya que este queda repartido en la pura gestión de tareas (tasks dispatcher).
No importa tanto lo que hagas como el hecho de hacer en sí mismo. Todo un voluntarismo. No es un buen camino.

Y, entonces, ¿qué hacemos?

El tema del post es autoexplicativo; más leer y menos redes sociales, es decir, menos toques y más profundidad: ¡Guerra a la superficialidad!
A los que aún disfrutamos del placer de leer un libro en papel, esto se nos hace evidente. Aunque la lectura en papel sea ahora considerada tan antiecológica. Insisto, es un placer.

Pero, no es necesaria la lectura en papel: la batalla no se presenta contra los medios técnicos sino en el hábito de inconstancia generado por el picoteo de la Web 2.0: lo importante -a mi juicio- es el hábito de lectura y que éste invite a la reflexión.

Por eso el lema de la imagen que me hizo pensar me parece genial.
Lea, salga de pobre: menos face y más book.


Alfredo Abad Domingo.
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Entradas relacionadas:
  1. La compulsión digital: un síndrome psiquiátrico.
  2. El síndrome de Diógenes digital.
  3. Mariposeando de flor en flor.

martes, 5 de marzo de 2013

Diógenes enciende el farol, ¿salimos del túnel?

Leía hace unos días algo sobre la vida de Diógenes, el cínico:
Considerando su peculiar forma de vida, es imposible evitar hacerse una serie de preguntas. ¿Por qué vivía en un tonel? ¿Por qué rehusaba cualquier tipo de comodidad, hasta el punto de vestir sólo una túnica o de lamer el agua de los charcos, como hacen los perros? ¿Y qué quería decir con su busco un hombre, su respuesta a todo aquel que le preguntaba por su caminar a plena luz del día por las calles de Atenas llevando un farol encendido en la mano
Diógenes (TICpollo) enciende el farol para atisbar el final de túnel.
Diógenes fue el primero de una nutrida pléyade de filósofos que entendieron la sabiduría como el rechazo de la vida ordinaria. Provistos de una túnica y una escudilla, orgullosos de su pobreza, vagaban mendigando por las ciudades de Grecia predicando el ascetismo, el retorno a la vida natural, el abandono de toda actividad intelectual y el desprecio a las comodidades. Los atenienses consideraron que tamaña excentricidad, rayana en la locura, era en cambio rica en amonestaciones, de modo que terminaron por apreciar a aquel filósofo que comía, dormía y realizaba sus necesidades corporales delante de todo el mundo y sin importarle el lugar.

Reflexión:

En nuestros días, Diógenes encendería el farol para encontrar el final de este túnel en que nos hallamos, pero de momento, sin perder la esperanza, solo se alcanza a distinguir las sombras de habitantes tenebrosos, intuitivos inquilinos de tan gran oscuridad.

Ilustración: 
Antonio Marín (c). Más imágenes originales en http://dibuloco.wordpress.com/


Reflexión: 
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sábado, 2 de marzo de 2013

Mariposeando... de flor en flor

Las redes sociales, ¿nos informan o nos deforman?

Hace pocos días he oído a varias personas algunos comentarios relativos a la pregunta del titular un momento de reflexión. Lo hacían en un contexto familiar para decidir si imponer o no restricciones a sus hijos adolescentes en el acceso a las redes sociales.
En principio me pareció que limitar exhaustivamente estas nuevas vías de información supondría situar fuera del contexto actual a esas criaturas, pero luego -pensando que se trataba de padres preocupados por la educación de sus hijos- decidí acogerme a una cavilación más profunda: aunque solo fuera iluminados por el instinto paternal, ¿no habría algo de verdad en este dubitativo planteamiento paterno?

Efectivamente, las redes sociales nos conectan al mundo. De hecho, son parte del mundo. Pero, ¿son todo el mundo? Aquí está la clave de la reflexión: ¿tienen razón de medio o tienen razón de fin?
Si el niño -o el padre- es capaz de poner control y autodominio sobre su uso, no hay una razón suficiente para limitar el acceso. Sin embargo, este autodominio no siempre se hace posible, especialmente en jóvenes, que no tienen aun formada su voluntad o en casos en que se está en un estado emocionalmente deconstruido.

Querido lector, con la máxima sinceridad contigo mismo, hazte estas cuatro siguientes preguntas:

1. ¿Lees todos los posts a los que estás suscrito en las redes sociales?

Es evidente que uno no puede leer todo lo que le llega, pero esto nos invita a plantearnos nuevas cuestiones: ¿Cuál es el método que utilizamos para hacer una selección, solo la curiosidad o hay algo más profundo? Si solo es la curiosidad estás expuesto a cualquier resfriado.

2. Los posts que estimulan tu curiosidad o que sencillamente has elegido, ¿con qué profundidad los lees?

Es cierto que una vez que uno ha comenzado a leer un artículo de su interés, si su contenido no cubre las expectativas generadas, puede ser una pérdida de tiempo continuar con su lectura. Sin embargo, ¿te pasa eso con todos los posts o con la mayoría de ellos? Cuando lees algo te interesa, ¿sabes quién lo firma? Si te ocurre con frecuencia, acusas un problema compulsivo. Quieres mucho, pero no sabes qué es lo que mucho quieres.

3. ¿Dejan los artículos leídos alguna huella intelectual?

Un artículo bien leído debe dejar algún tipo de poso. Ninguna lectura debería dejarse al margen de una crítica constructiva. Constructiva. ¿para quién? Al menos para el lector. Pero una lectura constructiva, debe ser reflexiva y eso exige tiempo, calma y un objetivo definido. Es cierto que el tiempo borrará paulatinamente la memoria del artículo, pero el poso no es memoria, más bien es solera, vino añejo, cuidadoso cultivo con fundada esperanza de fruto. Haces bien en leer, pero si la lectura no te deja huella, ¿para qué lees?

4. ¿No será que has sustituido la actividad intelectual por la mera interacción relacional que te proporciona una red social?

Yo veo a muchas personas a mi alrededor, no solo jóvenes, poseídos -no poseedores- de sus dispositivos móviles y permanentemente conectados a las redes sociales, que lo reciben todo y más, porque el número de sus suscripciones es innumerable, en los que el criterio de elección es la mera curiosidad -con frecuencia morbosa-, que nunca leen ningún artículo hasta el final y a los que, por supuesto, esta lectura de estarcidos no les deja ninguna huella.

Mariposeo o picoteo

En una ocasión, una persona de cierta edad, cercana a mí y de demostrada parsimonia, hizo en mi presencia, aunque para sí misma, una consideración que dejó escapar en voz baja, de forma que quienes estábamos a su alrededor pudimos escuchar.

Estaba rodeado de personas que interaccionaban con sus dispositivos móviles produciendo los casi tan inaudibles como inefables "ruiditos" a modo de clics que todos percibimos inadvertidamente. Esta persona asoció una metáfora a este desasosegado paisaje urbano:
"Será muy interesante, eficaz y moderno, pero me hace sentir en medio de un corral de gallinas que picotean el grano".

Examina, lector, si en tu vida no habrás sufrido una metamorfosis: quizás, de tu crisálida haya emergido una mariposa que revolotea de flor en flor, que recoge durante un efímero instante algo del néctar de las flores que la tecnología te ofrece por doquier, pero que te impide una estabilidad nutricional.
Si es así -en sentido figurado- puede que estés alimentando una anorexia en la inteligencia y una bulimia en la voluntad.


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