Puestos a elegir es mejor el optimismo que el pesimismo, pero no me quería yo referir aquí a las actitudes de visión frente a los acontecimientos vitales, puesto que no afectan a la verdad: la botella puede ser considerada como medio vacía o medio llena, pero mi consideración no afecta al contenido de la botella.
Me refiero aquí al alocado, por ciego, pensamiento positivo en sentido peyorativo: a pensar que alguna extraña fuerza en mi interior o en el exterior hará que todos mis problemas se solucionen automáticamente sin mi intervención: basta con que yo piense positivamente para que se opere la magia resolutiva.
Por tanto, hablamos de que el pensamiento positivo, que no optimista, sin más fundamento que el propio devenir, se resuelve en un profundo pesimismo, erigido sobre una aún más profunda desconfianza en la capacidad de la persona para tomar las riendas de su propia vida.
El vídeo que expongo a continuación nos da una idea de ello. Espero que os guste. Después del vídeo haremos una breve reflexión.
No hay que desesperar, como no hay que presumir, en el sentido desesperanzado del término, que no del vanidoso. Debemos tener una cierta confianza en nosotros mismos como resultado de la propia autonomía, signo de la libertad personal, pero esta confianza no puede ser absoluta.
Tampoco debemos desconfiar "absolutamente" de los demás, aunque sabemos que nos pueden fallar -experiencia tenemos- del mismo modo que cada uno puede traicionarse también a sí mismo, de lo que también conservamos recuerdo. ¿Verdad, lector, que no es novedad?
Si tienes algo que argumentar, deja tu comentario e iniciaremos un debate.
Cierro la puerta de mi automóvil y, de manera instantánea, me recorre una descarga eléctrica que pone mi brazo a temblar, incontroladamente. Esto me obliga involuntariamente a lanzar las llaves, que todavía llevo en la mano, a unos metros de distancia: otra vez... ¡Ya me ha dado calambre!
No sé si el lector habrá vivido alguna vez esta situación de la vida corriente, más eléctrica que ordinaria, pero a mi me recuerda siempre la "obsesión" que teníamos -aquellos tiempos de jóvenes estudiantes universitarios- en el laboratorio de electricidad y electrónica por conectarlo todo a tierra. Precisamente porque al vehículo le falta una conexión a tierra es por lo que se carga de electricidad estática y, luego, se descarga por donde puede, es decir, a través del incauto conductor.
Quizás el lector conozca un cuadro de Rafael Sanziotitulado la "Virgen de la silla" (Madonna della seggiola), una de las muchas madonnas que creara el colorista pintor renacentista. Se trata de una pintura al óleo sobre tabla redonda de unos 70 cm de diámetro, que muestra a la Virgen, abrazando al Niño Jesús mientras que Juan Bautista, que le acompaña les dirige una mirada repleta de piedad.
A priori, podríamos opinar que es una obra artística que nos agrada o no; probablemente nos gustaría por el hecho de que está firmada por el insigne Rafael o por la connotación religiosa y maternal que sugiere, sin embargo, es una de las pinturas que se suelen poner como ejemplo para argumentar que el arte figurativo no puede prescindir de del sistema compositivo, en este caso, de tipo excéntrico.
La composición de tu vida
En la composición se hace un uso intensivo de la línea curva, como no podía ser de otro modo al ser la tabla circular. El autor deforma la composición para que todos los elementos queden integrados (véase, por ejemplo, el torcido cuello de la Virgen o el entrecruzamiento de brazos y piernas).
Sin embargo hay un elemento en la escena, que -casi imperceptible- alegóricamente impide que el cuadro eche a rodar por sí solo sobre la hipotética línea horizontal en la que descansa: el mástil de la silla. Este es justamente, el elemento que proporciona el sentido de la verticalidad y el que concede a la escena su clave de interpretación compositiva. Su función es la de freno de mano del círculo que pretende girar y girar sobre el suelo. Digamos que es la conexión a tierra de esta representación pictórica, a la que Rafael le concedió tanta importancia que pasó a formar parte del título de la obra.
Querido lector, ¿te habías dado cuenta -antes de leer esta reflexión- de la importancia de este brazo de la silla en el cuadro?
Virgen de la silla. Rafael Sanzio, 1513-1514. Óleo sobre tabla, 71 cm x 71 cm. Palacio Pitti, Florencia, Italia.
Con la tecnología sucede algo semejante: la utilizamos de manera indiscriminada. Incluso nos parece que quien no la utiliza, intensiva y extensivamente, es un individuo anacrónico, casi un bohemio, un monje budista o un despegado estoico. Pero,... Hay un pero.
Mucha o poca tecnología no es algo demasiado significativo en la composición de tu vida: sencillamente estás colocando estratégicamente las figuras en el cuadro para realizar una composición, pero estas figuras por sí solas -como hemos visto antes- no hacen la obra de arte. Te esforzarás, para no ser señalado o etiquetado, en integrar toda tu existencia en un marco tecnológico. Todo lo que antes hacías de manera natural, ahora no podrías hacerlo sin la tecnología que subyace. Además, buscas tecnología para poder hacer más y más, que no necesariamente mejor.
Esas dependencias...!
He llegado a escuchar a algunos jóvenes quejarse porque sin teléfono móvil no es posible quedar con los amigos para salir un sábado: ¡Siempre quedamos por Whatsapp! o ¡Mi libreta de contactos está dentro del móvil y lo he perdido!
La tecnología facilita, a la vez que limita, porque aun cuando dilata el campo de acción y extiende las fronteras, genera nuevas dependencias. Así, que podemos decir: ¡Qué bonito es todo, cuando todo es bonito!
Suena a retórica tautología, ¿verdad? No insistas, lo sé. Lo es. Solo en estas condiciones de comoditización tautológica es donde la tecnología nos proporciona una temblorosa seguridad.
Tu mundo redondo y cíclico -tu cuadro- se ha ido poblando de personajes: tu tableta, tu teléfono inteligente, tu ordenador personal, tus nubes, tu blog, tu twitter, varias conexiones a Internet, etc. Has ido doblegando las actividades hasta conseguir que las herramientas parezcan hechas expresamente para tu necesidad y no te das cuenta de que te duele, de que tienes el cuello torcido.
Eso sí, con mucho colorido, pero en la antesala de la tortícolis.
Te falta un elemento que te proporcione la verticalidad: El brazo seguro y firme de la silla. Has conseguido una composición circular que comenzará a girar en cualquier momento escapando a tu voluntad como rodaría el cuadro de Rafael sin su contexto de verticalidad.
Tú eres más importante que la tecnología que usas: ahí tienes tu silla. O, dicho de otro modo, tu conexión a tierra. Ahora ya eres autónomo para que la tecnología, como el automóvil, no te de calambre.
¿No te convence esto que afirmo? Mira el siguiente vídeo y disfrútalo. No soy yo contrario al uso de la tecnología; insisto, me da de comer; pero me agota la prepotencia de ese exhibicionista snobismo tecnológico.
Sir Ken Robinson (Liverpool, Inglaterra, 1950) es un educador, escritor y conferenciante británico, experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos.
También ostenta el título de Doctor por la Universidad de Londres desde 1981. Debido a la relevancia de su actividad en los campos mencionados, especialmente en relación con el arte, fue nombrado sir por la reina de Inglaterra, Isabel II en 2003.
Os adjunto un vídeo infográfico basado en el pensamiento de Sir Ken Robinson, recogido de Youtube que presenta una profunda reflexión sobre el estilo de la escuela tradicional y algunos riesgos que conlleva la modernidad. Se trata de pensar detenidamente en un posible cambio de paradigma.
El comentario del vídeo refleja unas palabras de Benjamin Franklin, recitadas por Ken, el autor del texto del vídeo:
"Hay tres tipos de personas en el mundo: los inamovibles, los movibles y los que se mueven". Y yo me pregunto, querido lector: ¿Tú, a qué tipo perteneces?
Aunque el vídeo se orienta al mundo educativo, se puede aplicar a otros sectores. No estoy totalmente de acuerdo con todo el contenido, pero sí con la mayor parte de él.
Especialmente interesante me parece la apreciación sobre que nos quejamos de que los alumnos actuales no prestan atención, pero no nos damos cuenta al grado de exposición disruptiva están expuestos debido a la modernidad tecnológica. No es una crítica a la modernidad ni a la tecnología, sino a su inserción discriminada en el devenir educativo actual.
Por otra parte, separa el significado del pensamiento divergente, tan de moda hoy, con la creatividad que subyace de él, aunque no necesariamente.
Por último, me parece que la estética del vídeo es una genialidad.
Si quieres comentar algún aspecto del vídeo que te parezca de relevancia o con el que no estés de acuerdo, aprovecha y haz comentarios: estableceremos un debate.