Nos proponemos examinar y reflexionar qué significado tiene esta novedosa tendencia informativa denominada "curación de contenidos" para los procesos específicos de entornos educativos, para los estudiantes y para los profesionales de la educación.
En el post anterior analizábamos las distintas fases del proceso de curación de contenidos, que resumiendo se centra en la selección de fuentes de información, el filtrado de contenidos, la evaluación y la difusión del contenido calificado.
También nos hacíamos eco de los beneficios que reporta la curación de contenidos para quienes lo incluyen en sus procesos de selección de información.
La curación de contenidos en la educación
Ahora vamos a poner el foco en el escenario educativo. Cuando hablamos de aprendizaje podemos caer fácilmente en el error de generalizar cualquier afirmación cuando no es lo mismo la educación infantil, que el entrenamiento técnico de un profesional o la inducción de la destreza investigadora en un doctorando. Ni tampoco se pueden aplicar todos los conceptos del mismo modo para todas las materias, ni en todas las edades, ni para todos los caracteres psicológicos, ni en todos los estratos sociales.Teniendo esta reflexión en cuenta, podemos preguntarnos: ¿conviene incorporar al proceso educativo el proceso o el resultado de una curación de contenidos? Mi opinión: depende; para qué, con quién, cómo, dónde,...; que es tanto, como no decir nada. Por tanto, no parece que una contestación argumentada se pueda expresar a la ligera.
La curación de contenidos para un estudiante
Si lo que pretendemos es educar al alumno en la destreza de aplicar unos criterios de selección a la ingente cantidad de información disponible en la web, la curación de contenidos es no solo recomendable sino parte del mismo proceso educativo. Podríamos decir que la curación de contenidos formaría parte de la avanzada alfabetización digital del estudiante y sería una destreza absolutamente necesaria para él.La curación de contenidos para un profesor
Claro que si lo que pretendemos es que un estudiante aprenda unos contenidos concretos y no tanto desde dónde aprenderlos, por qué debe aprenderlos u otras lateralidades, entonces no queda más remedio que seleccionar unos documentos, digitales o no, hacer que los lean, los comprendan, reflexionen sobre ellos, etc. Posteriormente, habrá que determinar el proceso de evaluación.Reunir información desperdigada para componer la estructura de un curso educativo ordenado no es fácil. Pienso que es una opinión ampliamente compartida por el profesorado en todas las etapas.
Hay mucho material accesible en la web, pero no hay uniformidad en los formatos, fácilmente se cae en redundancias, no se someten fácilmente a procedimientos de evaluación, frecuentemente son anticuados, cuando los necesitamos no siempre están online, etc.
En esto casos, el proceso de curación de contenidos tiene que ser muy exhaustivo puesto que el docente tiene que terminar por coordinar los contenidos exigidos por la ley, unos horarios y calendarios específicos e inamovibles, unos procesos de evaluación que él casi nunca elige, adecuar a sus alumnos -a cada alumno- las actividades didácticas, etc.
Esto es un trabajo abrumador, que excede con mucho la labor tradicional del profesor, porque añade a su trabajo habitual una labor editorial, bien creando él mismo los contenidos específicos o bien seleccionando los contenidos creados por otros y, entonces, tiene que aplicarse él mismo en la curación de contenidos.Las editoriales están facilitando algo esta labor puesto que reúnen materiales educativos, normalmente de producción propia, los estructuran según una didáctica y los modelan para que encajen en los curriculums propuestos por las leyes educativas. Claro que, entonces, ya no es Internet.
Efectivamente hemos cambiado los libros en papel por libros electrónicos, los cuadernos de ejercicios por formularios y cuestionarios electrónicos, pero..., ya no es Internet. O sea, que la modernidad es tecnológica, pero no necesariamente didáctica.
Y tendremos al profesor sobrecargado de trabajo, atendiendo a la selección de contenidos y no tanto, a pesar suyo, a sus alumnos. ¿Será que para personalizar el contenido haya que pasar necesariamente, y no por libre elección, por la despersonalización de la interacción profesor-alumno?
La nueva profesión del educador
Si el profesor se convierte en un nuevo "editor" o en un "sanador de contenidos" ¿dónde quedará el despliegue de la empatía que el profesor debe presentar a sus alumnos, tanto individualmente como en grupo?
Claro que tienen que ser auténticamente magistrales y pocas, si no, no sirven y se convierten en un rollo solemne. Pero era el método del peripatético Aristóteles.
La clase magistral no solo se propone unos objetivos de transmisión de conocimientos, sino que exige la creación de un clima de confianza y empatía en donde el profesor vende su contenido, de modo parecido a como seguimos con confianza las clasificaciones realizadas por el sanador de contenidos.
Querido lector, si eres profesor, no permitas que tu profesión quasi-artesanal se convierta en un mera curación de contenidos. La curación es ahora parte de tu profesión del mismo modo que tu serrucho y tu escoplo ahora han devenido en una tableta y una conexión de banda ancha, pero no te engañes: tu profesión no consiste en dirimir lo útil de lo inútil, por eso te digo:
¡Qué empobrecedores son los reduccionismos!: No consientas, profesor, que tu labor siempre peripatética se transforme en meramente peripsemática. Aunque no lo creas, tu pensamiento y actividad no son meramente decorativos.____________________
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