sábado, 13 de julio de 2013

"People Tagging" (3 de 3): diagnóstico y terapia

Detección y terapia del "people tagging"

En el primer post (1/3) habíamos señalado el significado del "people tagging", lo que significaba etiquetar a las personas y cuál podría ser la función del coach para conseguir liberar al coachee de una emoción limitante.
En el segundo post (2/3) de esta serie nos preguntamos ¿qué beneficios se obtienen practicando el tagging? Y, ¿a quién perjudica esta maquiavélica actividad?
En este tercer y último post nos centraremos en la detección y terapia del tagging.

Y tú, ¿practicas el people tagging?

Probablemente, sí. ¿Lo haces conscientemente? Probablemente, no. ¿Es posible mejorar esta habilidad de relación con los demás? Absolutamente: basta con rectificar algunos de tus hábitos, pero antes hay que detectarlos.
Comencemos por el diagnóstico para continuar con una sencilla terapia. Puedes hacer el sencillo experimento que te propongo examinando la relación con algunas personas de tu alrededor, una a una.
  1. Una vez elegida una de ellas, escribe en un papel su nombre y haz tres columnas tituladas: "lo que pasa", "lo que pasaría" y "anotaciones".
  2. A continuación, escribe en la primera columna "lo que pasa" la lista de las cosas que no le permites a esa persona en su relación contigo. Por ejemplo, no le permito que me dirija la palabra, o no consentiría en comer con ella, o nunca haría un viaje en común, o nunca le prestaría dinero, etc.
  3. Ahora escribe en la columna de anotaciones las razones por las que has escrito lo que registraste en la primera columna: no quiero que me dirija la palabra porque es mentirosa, no comería con ella porque es avarienta y nunca paga la cuenta, no haría un viaje con ella porque es chabacana, nunca le prestaría dinero porque dilapida sus bienes, etc.
  4. Ahora, lector, entorna los ojos e imagina el mundo de relaciones que te rodean sin esas etiquetas, para escribir -despacio y con sinceridad- en la segunda columna lo que le consentirías a esas personas si no hubieras tenido esos encuentros negativos con ellas o no te hubieran llegado esas informaciones menos positivas sobre ellas.
  5. Seguidamente, analiza las diferencias entre la primera y segunda columna: ¿encuentras diferencias entre lo escrito en esas dos primeras columnas? ¿Sí? Acabas de detectar un comportamiento tuyo condicionado a la percepción que tienes de una persona. La tercera columna te indica el "tag" con que tienes etiquetada a esa persona.
  6. Ahora haz eso mismo con varias personas. Obtendrás un folio por cada una de ellas. Pon en común todos los folios y observa si hay algún tag (tercera columna) que aparece ligado a varias personas. Seguro que, si has aplicado bien el método de este procedimiento, encuentras varios. Ya has encontrado una etiqueta que aplicas a varias personas.
  7. Por último reflexiona sobre la etiqueta y las personas a las que se la aplicas ¿a que notas que tienes un comportamiento común con todas ellas? ¿a que no te importa tanto quién sea cuanto a qué grupo o etiqueta pertenecen?
Con este diagnóstico ya estás preparado para prepararte una vacuna. Cuando conozcas nuevas personas, ve prevenido de que es muy probable que en un primer encuentro etiquetes a esas personas con una de esas etiquetas de tu tercera columna.

Desde el punto de vista emocional, el hábito a desarrollar es el de suspender siempre el juicio, salvo que profesionalmente tengas que hacer una valoración.
Y, en ese caso, valora los hechos y no a las personas.
Serás mucho más feliz y te evitarás muchos disgustos.

Y si eres jefe, ¿entonces, qué?

Si eres jefe, entonces la habilidad de no etiquetar a las personas no es una opción para ti: lo tienes como una exigencia indiscutible. ¿Sabes por qué? Porque tienes poder para realzar y para hundir a las personas que dependen de ti. Si lo haces bien y tratas bien a las personas, tu potestad se convertirá en autoridad, sabiduría reconocida.
Si efectivamente tienes mando sobre otras personas tendrás que saber exigir como corresponde a tu cargo lo que es exigible en tus subordinados.

Por ello, estás especialmente expuesto a colgarles sambenitos a tus empleados y en vez de luchar y ayudarles a mejorar sus cualidades, les conducirás al abandono y se retrotraerán a sus costumbres habituales o, incluso, se radicalizarán en ellas.

Por tanto, etiquetarles significa abandonarles, lo que acrecentará abismalmente la distancia que mantienes con ellos, y ello no es bueno ni para la productividad de la empresa, ni para mejorar las relaciones personales, ni para conseguir que las personas sean felices.

Ten en cuenta que el principal responsable -no con necesidad, pero muy probablemente- de que un subordinado tuyo no sea feliz haciendo su función profesional eres tú, su jefe: bien personalmente, bien por la relación que él percibe que mantiene contigo o bien porque él también te ha etiquetado a ti.

Si él percibe que no puede confiar en ti, es hora de que tengas en cuenta el aforismo popular:
"Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto".


Alfredo Abad Domingo.
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