sábado, 10 de septiembre de 2016

La manzana dorada de la discordia

En uno de sus Relatos de la Antigüedad Griega, cuenta Gerardo Vidal cómo la mitología ofreció a Homero un marco sugestivo para sus relatos heroicos. La leyenda afirmaba que la guerra de Troya había comenzado en el Olimpo, en una inocente fiesta matrimonial. El enlace había de ser mixto: se unían en matrimonio un mortal, Peleo, y una diosa, Tetis, justamente los padres de quien llegaría a ser el principal de los héroes que lucharon y perecieron en Troya: el legendario Aquiles.

En el regocijo de la boda algo de gran relevancia pasó casi desapercibido: Eris, la diosa de la discordia, no fue invitada al banquete. El desaire tuvo trágicas consecuencias. De inmediato Eris ideó una maligna estrategia destinada a alterar bruscamente el plácido orden en que vivían los dioses. Envió una manzana dorada al Olimpo con un mensaje que únicamente decía: "Para la más hermosa".

Con tan pocas señas el don de Eris se convirtió instantáneamente en una maldición. En aquella época —continúa Vidal—, tal como en la nuestra, los concursos de belleza desataban todas las pasiones.
La naturaleza digital de nuestro mundo actual es la nueva manzana de una moderna Eris y, como entonces, la manzana sigue siendo dorada y, por ello, objeto de la apetencia de las diosas que habitan el Olimpo y que rivalizan entre sí.

Aunque no todos desbarran, muchos otros intereses se estrechan en torno a esta "digitalidad" que ofrece nuestra actual existencia. Este modo de vida, en sus aspectos más espurios, tiende a halagar la sensibilidad, el poder o el dinero. En este "mundo digital" cabe preguntarse qué tiene de especial el adjetivo digital que consigue modificar casi esencialmente al sustantivo mundo que le precede. De las muchas respuestas posibles nos fijaremos en una altamente específica: la repetibilidad.

Lo digital es fácilmente repetible sin error. Además, los procesos digitales son la materia próxima de los ordenadores, sus productos. Lo producido tiene la misma naturaleza que las herramientas que lo producen: hay una alta integración tecnológica y, por tanto, un espectacular desarrollo como producto de una muy rica innovación. Esta integración de herramientas y productos junto con la elevada productividad de los procesos repetibles y de ámbito universal hace que disminuyan significativamente tanto los costes de producción como los de distribución de productos. No debemos olvidarnos de que nuestra manzana es dorada y que, como ella, es igualmente repetible a lo largo de la historia.

Por último, podemos considerar la facilidad de acceso que proporcionan los aspectos digitales de la información. Internet es la red de acceso a los medios digitales por antonomasia. Si aceptamos esta universalidad del acceso a Internet, tenemos que concluir que nadie está excluido del disfrute de cualquier información digital en razón del modo de acceso. Esto quiere decir que es un magnífico medio para multiplicar lo bueno, y lo malo; la calidad, y la mediocridad.


El anonimato de los accesos a Internet lo hace idóneo especialmente para conseguir explotar los instintos que nadie querría que afloraran públicamente o a la comisión de delitos. Poner cota a la explotación de la sensibilidad, a la injerencia de lo económico sobre lo creativo o a las actividades fraudulentas es una cuestión de leyes, pero sobre todo de educación y no tanto de censura.

Tres fueron las diosas que se disputaron la hermosura sugerida por la manzana dorada de Eris; dorada, pero con gusano. Zeus, padre de los dioses del Olimpo, escogió a Paris, el hombre más bello de cuantos había en la tierra e hijo del rey de Troya, como juez de la contienda.

Atenea, diosa de la inteligencia, le prometió a Paris la sabiduría si la declaraba vencedora. Hera, esposa de Zeus, le ofreció el poder. Pero a ningún intento de soborno fue tan receptivo Paris —continúa Vidal en su relato— como al de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, que le prometió la mujer más bella que existiera sobre la tierra. No creo que los dioses griegos conocieran el mundo digital, pero, según Homero, ya eran sensibles a estas pasiones: la sensibilidad, el poder y el acopio de bienes.

La leyenda mitológica se complica a partir de aquí porque la mujer más bella era Helena, hija de los reyes de Esparta, que además estaba ya casada: un producto envenenado más de la diosa de la discordia. Conocemos el resto de la historia: la guerra entre Esparta y Troya con el legendario episodio del caballo de Troya, que terminó con la destrucción de la ciudad.

Podemos aprender algo: dejarse llevar por la seducción acaba por acoger un caballo de madera en nuestro quehacer.

Si te atreves, podrías preguntarte: ¿Cuál será mi Caballo de Troya digital?

Alfredo Abad Domingo.
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martes, 31 de mayo de 2016

¿Y si en la Formación Profesional encontraras la solución?

Mucho se habla de educación. Mucho más de cómo la formación debería revertir en el empleo. Y aún más de cómo las destrezas adquiridas en los centros no sólo deberían centrarse en los contenidos sino en capacitar al alumno para emprender y fabricarse su propio puesto de trabajo.
  • ¿Sabías que en muchos centros educativos de Formación Profesional la inserción laboral es cercana al 100%?
  • ¿Sabías que parte de la instrucción recibida por el alumno de Formación Profesional se orienta al emprendimiento y la innovación?
  • ¿Sabías que el índice de satisfacción personal de quienes titulan en algún ciclo de Formación Profesional es de los más altos del territorio educativo?
  • Y, ¿sabías que la complacencia de quienes contratan alumnos de Formación Profesional en sus empresas es tan alto que frecuentemente se buscan estos perfiles antes que los de universitarios de tipo medio?

¿No lo crees? ¿Y si fuera cierto? ¿Te lo perderías? ¿Y si Sí...?

En la convocatoria de jornada de puertas abiertas de la Formación Profesional de Tajamar próxima puedes experimentarlo: 8-jun, 17:30h.

Aquí tienes toda la información de la jornada en formato gráfico:


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lunes, 2 de mayo de 2016

Qué verde era mi vaca... ¿O era mi valle?

Dice el Talmud que "el hombre fuerte gobierna sus pasiones; el hombre honrado trata a todos con dignidad; y el hombre sabio aprende de todos con amor".

Al toparme hace unos días con esta reflexión rápidamente conecté su contenido con esta otra historia:

Vaca pastando en un prado de hierbas frescas y verdes
"Érase una vaca que habitualmente pastaba con tranquilidad en una verde pradera. El pasto era alto y fresco, en la plenitud de su verdor; y hacía las delicias de la vaca que ora ramoneaba la yerba y otrora la rumiaba tumbada en la fresca y mullida hierba, contemplando el descanso de un horizonte dibujado.

Tan exquisitos cuidados redundaban en una producción láctea sana y abundante, lo que hacía las delicias de su granjero que contemplaba con agrado las musculosas cachas de la vaca y sus generosas ubres gritando el ordeño.

Llegado el estío, el prado acusó la sequía. Ahora la tierra reseca no producía un pasto tan alto y verde, la hierba amarilleaba y escaseaba pero era suficiente para el mantenimiento de la vaca, que seguía dando leche, aunque no en tanta cantidad como antes.

La sequía se mantuvo por más tiempo del habitual y ya no había pasto para todos los animales de la granja. La ración de  heno de la vaca fue a parar a otros animales más pequeños y más necesitados, porque la vaca, con su inmenso volumen, podía aguantar más tiempo sin comer. Esto adelgazó a la vaca en poco tiempo cobrando un aspecto famélico y, como no podía ser de otro modo, las ubres colapsaron deteniendo la producción láctea.

No a mucho tardar la vaca murió de hambre ante el asombro e indignación del granjero, que juraba contra la vaca por la gran faena que le había hecho.
¡Cómo se le marcaban a la famélica vaca muerta cada uno de sus huesos, grandes, muy grandes!
¡Dónde quedaron aquellas cachas, dónde aquellas ubres!"


Querido lector:
¿Te identificas? ¿Reconoces alguna situación en tu vida en la que has asumido el papel de la vaca, del pasto o de granjero? ¿Te acuerdas de aquellos verdes pastos?

Si es así, ahora reflexiona:

  1. Es cierto que las cosas cambian y que pensar en lo verde que era nuestro valle no mejorará la situación actual en la que nos encontremos.
  2. Podemos admitir que una situación de crisis, interna o externa, puede derivar en una escasez de pasto que exija reajustes para adecuarnos al estío.
  3. También podemos soportar que si no hay recursos para todos, algunos tendrán que ser sacrificados para que otros puedan sobrevivir: alguien tiene que ganar y alguna vaca tendrá que perder.
  4. Pero lo que no es admisible es que el granjero descargue toda la responsabilidad en la vaca, porque la consecuencia lógica de privar del alimento necesario es la muerte por inanición.


Escena de "Qué verde era mi valle" de John Ford, 1941.
Y esto es lo que puede pasar en algunas empresas, en algunas familias, en muchas relaciones sociales y en las sociedades mismas.

Acordarse de la belleza del prado no resuelve el futuro, pero contextualiza el problema porque exhibe un punto de referencia, nos indica cuál fue la verdad, ahora deteriorada.

Negar el verdor del valle o no querer recordarlo indica una renuncia, frecuentemente cobarde. Es propio de la misión del coach ayudar a ver la realidad tal como es, para que el coachee pueda enfrentarse a ella sin ocultarse tras los pliegues de una fingida ficción.

La primera parte de esta metáfora fue muy bien reflejada por John Ford en 1941 en su oscarizada película "¡Qué verde era mi valle", protagonizada por Walter Pidgeon y Maureen O'Hara entre otros.

Pero yo sigo pensando, después de tamizar esa realidad por lo sugerido por el Talmud...
¡Qué verde era mi vaca!.

Alfredo Abad Domingo.
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