lunes, 20 de marzo de 2017

Sísifo, ¡tienes un WhatsApp!

La tecnología inunda nuestras vidas y lo intenta a modo de invasión que debemos controlar para no caer esclavos de la modernidad. El equilibrio entre información y conocimiento, entre inteligencia y voluntad es de vital importancia para no dejarse arrastrar por la compulsividad de una vida carente de reflexión y dominada por los dispositivos electrónicos. Debemos estar tan alejados de la tecnofobia como de la tecnofilia.
No se imaginaba Sísifo lo que había de sucederle, camino de la cima del monte. Este rey griego, fundador de la ciudad griega de Corinto, fue un hombre astuto e ingenioso cualidades que demostró con frecuencia: se le ocurrió rodear toda su ciudad con altas murallas para que los viajeros que quisieran entrar en ella para comerciar con sus habitantes tuvieran que pagar para entrar allí, haciendo de las puertas de la ciudad el primer portazgo de cobro de impuestos.
Tanta astucia no le sentó nada bien: confiando en sí mismo, llegó a traicionar a Zeus , el mayor de todos los dioses del Olimpo, quien le condenó a muerte. Hades, hermano de Zeus, le debería recibir en el reino de los muertos, que era de su dominio. De camino, Sísifo consiguió escaparse en varias ocasiones, pero finalmente tuvo su castigo.

Su penitencia consistiría en subir una enorme roca a lo alto de una colina, pero a punto de llegar a la cima, la enorme piedra siempre se le escapaba, haciendo baldío todo su esfuerzo y teniendo que empezar de nuevo su hazaña en un eterno retorno.

Cada ser humano, como Sísifo, carga con su propia roca, solo que la nuestra cambia con los tiempos. Quizás, una de las rocas actuales sean las nuevas tecnologías, que llevamos a la espalda. Con ellas construimos el camino que tenemos por delante, pero debemos cuidar que su peso, en un eterno retorno, no acabe rompiendo nuestras espaldas. Por eso, un consumo equilibrado es para las nuevas tecnologías como lo es el oxígeno para el cuerpo.

Pregúntate: ¿Notas la vibración de tu móvil aun cuando no lo llevas encima? ¿Te sientes agobiado cuando observas que se agota tu batería o no encuentras tu smartphone? ¿Sientes la necesidad implacable de consultar compulsivamente la actividad en tus redes sociales?
Si te sientes identificado como actor principal de estas preguntas, es posible que estés afectado por nomofobia (ALFREDO ABAD. Familias Digitales. Capítulo 4, Dispositivos móviles, epígrafe Nomofobia), ese miedo irracional, no controlado, a estar separado de tus dispositivos móviles. Según un estudio publicado en 2015 por el periódico El País sobre conductas patológicas en Internet, realizado por la ONG Protégeles , que colabora en programas de la Comisión Europea, el 21,3% de los jóvenes está en riesgo de ser adicto a las nuevas tecnologías. Y el 1,5% ya lo es y no controlan su conducta, lo que afecta al trabajo y a las relaciones personales. Todo un problema.

Supongo que Sísifo, en su eterna y redundante tarea pensaría con ansiedad algún modo de destruir su ciclo de esfuerzo: su vida, ahora, carecía de sentido, puesto que no llevaba a ningún fin. Era esclavo de su propia actividad.
Muchos artistas, diseñadores y arquitectos se caracterizan por expresar un “horror vacui” (horror al vacío) en sus obras, es decir, rellenan los huecos en blanco que quedan en algunas zonas de la pared o el lienzo de manera intensiva y, para ello, emplean motivos vegetales o diseños geométricos, no necesariamente con un sentido expreso, porque les horroriza cualquier espacio carente de decoración. Es el adorno propio del Barroco  y más específicamente del Rococó . La actividad humana moderna ha caído en lo que podríamos llamar un “horror vacui tecnológico”. Las nuevas tecnologías han ocupado abrumadoramente el espacio de muchas personas. Estas personas han llegado a sustituir en buena medida las relaciones personales vis a vis por enlaces superfluos mediante la tecnología.
Ahora quiero plantear una pregunta al lector: ¿Quieres ser espectador de tu vida o más bien protagonista de ella?

En nuestra sociedad, estamos constantemente recibiendo estímulos. Incluso se ha hecho del ocio una necesidad, por eso ya no se entiende como algo adicional. Por tanto, es necesario reflexionar si necesitamos algo de silencio, que nos ayude a aprender y aprehender, para interiorizar y consolidar la información que recibimos, para convertir la información en conocimiento reflexivo. Sin el silencio ocurre lo que decía Heidegger : “El hombre habría negado y lanzado fuera de sí lo que tiene de más propio, a saber, que es un ser que reflexiona”.

El ruido no solo nos hace sordos, sino que también nos impide preguntarnos sobre lo que observamos en la realidad. Sin embargo, tenemos que preguntarnos: si es tan importante este silencio como parece, ¿por qué nos rodeamos de pantallas de manera compulsiva? (CATHERNIE L’ECUYER. Educar en el asombro. Capítulo “El silencio”, pag 115 y ss.)

Este silencio, no necesariamente el acústico, no tiene que ser permanente ni mucho menos, pero sí que es necesario para poder reflexionar e impedir la trepidación en nuestro día a día.
Quizá Sísifo iba reflexionando, rodeado de silencio, pero esa deliberación interior le pudo distraer y, suspendida la atención, tropezara en el camino dejando escapar su enorme piedra. Sísifo reflexionaba, pero ¿sobre qué? ¿sobre lo que era objeto de su destino o sencillamente se distrajo con los recovecos del camino?

Tenemos que preguntarnos por qué podemos perder estos momentos necesarios de silencio, poco a poco te darás cuenta de la cantidad de información y estímulos que se nos percuten día mediante las nuevas tecnologías. Por ejemplo, se dice que actualmente cada dos días se genera la misma cantidad de información en Internet que la humanidad había generado en 5.000 años antes de la introducción de las nuevas tecnologías. Este fenómeno producido en los últimos años se denomina infoxicación (ALFREDO ABAD. Familias Digitales. Capítulo 8. La Blogosfera, epígrafe El grave problema de la infoxicación): una intoxicación producida por la ingesta de demasiada información, que se hace no digerible.

Es muy importante saber diferenciar entre lo que es información y conocimiento. El mero hecho de que poseamos una cantidad muy elevada de información no significa que el conocimiento que uno pueda tener, basado en esa información, sea mayor.

Para que la información no se convierta en inútil al ser excesiva, ni nos lleve a ser imprudentes al tener al ser escasa, debemos tener suficientes datos y para ello debemos tener criterio de selección de las informaciones de las que partimos en un proceso de estudio. A este proceso de selección que sigue unos criterios perfectamente definidos, se le denomina curación de contenidos, que define un nuevo papel profesional llamado “content curator” (término inglés para designar a personas que realizan está función en una empresa).
De esta manera, cada persona sabrá qué información ha de tener en cuenta por su valor para llevar una vida recta y organizada, siendo protagonistas de cada uno de sus momentos. Así no seremos esclavos de las nuevas tecnologías para no caer en la servidumbre que apuntaba el filósofo y escritor existencialista Jean Paul Sartre“Lo que poseemos, nos posee”.

Las nuevas tecnologías nos plantean una colisión entre dos de las características más importantes que hacen de cada individuo una persona humana: la inteligencia y la voluntad. De esta manera evitaremos confundir la acción con la abstracción, la acción de inculcar con la de educar.
Las tecnologías de la información y la comunicación afectan tanto a la inteligencia que trabaja con información en forma de conceptos, como a la voluntad que produce acciones en forma de procesos: la infoxicación es a la inteligencia como la multitarea  a la voluntad (CATHERINE L’ECUYER. Educar en la realidad. Capítulo 4, pag. 49 y ss). Nos referimos con esta multitarea a dos acciones simultáneas que requieran procesar información, usando directamente la inteligencia; algo para lo que la naturaleza humana no está especialmente preparada, sin excluirlo.

La multitarea no deja de ser un mito porque desempeñar dos procesos que exijan atención permanente produce una ansiedad que no podemos soportar durante mucho tiempo sin caer en la trepidación.
De hecho, en la actualidad, se están desarrollando técnicas de gestión de la atención y concentración en un solo proceso con objeto de mejorar el rendimiento. Una de estas técnicas es el Mindfulness.

En la vida de cada uno conviene reflexionar sobre nuestro equilibrio entre la inteligencia y la voluntad, sin excluir los sentimientos, emociones y afectos. Nuestra sociedad actual premia la acción, la voluntad, pero no valora tanto la inteligencia en el ámbito personal. Es como si la balanza de nuestra vida estuviera desequilibrada por la voluntad frente la inteligencia, el hacer frente al pensar.
Si Sísifo hubiera reflexionado sobre las consecuencias de su conducta, quizás no hubiera tenido que cargar con la piedra, porque no hubiera traicionado a Zeus, pero eso requería pensamiento consecuencial y este modo de pensar requiere integración de inteligencia y voluntad.

Por lo general, un medicamento suele poseer un principio activo que es lo que hace que un enfermo se cure de su enfermedad, pero el medicamento se comercia junto con otra serie de sustancias llamadas excipientes que hacen que podamos digerir y aceptar el principio activo. Con las nuevas tecnologías ocurre algo similar. Por eso no nos podemos quedar solo con los excipientes de la modernidad haciendo un mal uso de los dispositivos, o utilizando solo las funciones más irrelevantes, sino que debemos usar estas tecnologías con equilibrio, mesura e inteligencia, conducidos por un fin previamente elegido con nuestra libertad de ejercicio.
No estoy diciendo que dejemos de usar las nuevas tecnologías, no podemos ser tecnófobos, apoyo su uso, pero deben ser correctamente usadas. Así no nos quedaremos fuera de este nuevo y maravilloso mundo de la Tecnología e Internet.

Este trabajo proporciona ideas sobre los riesgos que pueden impedir que el uso de las nuevas tecnologías consiga la eficacia para la que fueron diseñadas, porque es una evidencia que estas novedades ya han cambiado el mundo: no podemos prescindir de ellas sin salirnos del mundo, pero no debemos permitir que nuestra realidad se convierta en una evasión.
Para ello hemos reflexionado sobre cómo el tema de estudio interacciona con los distintos saberes filosóficos: antropología, gnoseología, psicología, ética y el modo político de relación personal entre humanos.

COLABORACIÓN.-
Sergio Abad Zorzo.
Filosofía, Bachillerato tecnológico.
20017.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Integración de la tecnología en centros docentes

En el marco del I Encuentro nacional de centros innovadores, celebrado recientemente en Madrid y patrocinado por la red de investigadores DIM-EDU y la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), se llevó a cabo un seminario sobre buenas prácticas y algunas orientaciones en la implantación prudente, pero ágil, de la innovación educativa en los centros.
El seminario estuvo a cargo de los profesores Pere Marquès y Alfredo Abad.

La última parte del seminario se centró especialmente en la tecnología como vehículo de innovación.
Desde aquí se puede acceder al contenido del seminario.


Sobre las orientaciones metodológicas y curriculares de la innovación educativa, consultar peremarques.net.

Detalle del Auditorio lleno de asistentes.
Iniciando el último tramo del seminario sobre
integración de la tecnología en escuelas.



Alfredo Abad Domingo.
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sábado, 10 de septiembre de 2016

La manzana dorada de la discordia

En uno de sus Relatos de la Antigüedad Griega, cuenta Gerardo Vidal cómo la mitología ofreció a Homero un marco sugestivo para sus relatos heroicos. La leyenda afirmaba que la guerra de Troya había comenzado en el Olimpo, en una inocente fiesta matrimonial. El enlace había de ser mixto: se unían en matrimonio un mortal, Peleo, y una diosa, Tetis, justamente los padres de quien llegaría a ser el principal de los héroes que lucharon y perecieron en Troya: el legendario Aquiles.

En el regocijo de la boda algo de gran relevancia pasó casi desapercibido: Eris, la diosa de la discordia, no fue invitada al banquete. El desaire tuvo trágicas consecuencias. De inmediato Eris ideó una maligna estrategia destinada a alterar bruscamente el plácido orden en que vivían los dioses. Envió una manzana dorada al Olimpo con un mensaje que únicamente decía: "Para la más hermosa".

Con tan pocas señas el don de Eris se convirtió instantáneamente en una maldición. En aquella época —continúa Vidal—, tal como en la nuestra, los concursos de belleza desataban todas las pasiones.
La naturaleza digital de nuestro mundo actual es la nueva manzana de una moderna Eris y, como entonces, la manzana sigue siendo dorada y, por ello, objeto de la apetencia de las diosas que habitan el Olimpo y que rivalizan entre sí.

Aunque no todos desbarran, muchos otros intereses se estrechan en torno a esta "digitalidad" que ofrece nuestra actual existencia. Este modo de vida, en sus aspectos más espurios, tiende a halagar la sensibilidad, el poder o el dinero. En este "mundo digital" cabe preguntarse qué tiene de especial el adjetivo digital que consigue modificar casi esencialmente al sustantivo mundo que le precede. De las muchas respuestas posibles nos fijaremos en una altamente específica: la repetibilidad.

Lo digital es fácilmente repetible sin error. Además, los procesos digitales son la materia próxima de los ordenadores, sus productos. Lo producido tiene la misma naturaleza que las herramientas que lo producen: hay una alta integración tecnológica y, por tanto, un espectacular desarrollo como producto de una muy rica innovación. Esta integración de herramientas y productos junto con la elevada productividad de los procesos repetibles y de ámbito universal hace que disminuyan significativamente tanto los costes de producción como los de distribución de productos. No debemos olvidarnos de que nuestra manzana es dorada y que, como ella, es igualmente repetible a lo largo de la historia.

Por último, podemos considerar la facilidad de acceso que proporcionan los aspectos digitales de la información. Internet es la red de acceso a los medios digitales por antonomasia. Si aceptamos esta universalidad del acceso a Internet, tenemos que concluir que nadie está excluido del disfrute de cualquier información digital en razón del modo de acceso. Esto quiere decir que es un magnífico medio para multiplicar lo bueno, y lo malo; la calidad, y la mediocridad.


El anonimato de los accesos a Internet lo hace idóneo especialmente para conseguir explotar los instintos que nadie querría que afloraran públicamente o a la comisión de delitos. Poner cota a la explotación de la sensibilidad, a la injerencia de lo económico sobre lo creativo o a las actividades fraudulentas es una cuestión de leyes, pero sobre todo de educación y no tanto de censura.

Tres fueron las diosas que se disputaron la hermosura sugerida por la manzana dorada de Eris; dorada, pero con gusano. Zeus, padre de los dioses del Olimpo, escogió a Paris, el hombre más bello de cuantos había en la tierra e hijo del rey de Troya, como juez de la contienda.

Atenea, diosa de la inteligencia, le prometió a Paris la sabiduría si la declaraba vencedora. Hera, esposa de Zeus, le ofreció el poder. Pero a ningún intento de soborno fue tan receptivo Paris —continúa Vidal en su relato— como al de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, que le prometió la mujer más bella que existiera sobre la tierra. No creo que los dioses griegos conocieran el mundo digital, pero, según Homero, ya eran sensibles a estas pasiones: la sensibilidad, el poder y el acopio de bienes.

La leyenda mitológica se complica a partir de aquí porque la mujer más bella era Helena, hija de los reyes de Esparta, que además estaba ya casada: un producto envenenado más de la diosa de la discordia. Conocemos el resto de la historia: la guerra entre Esparta y Troya con el legendario episodio del caballo de Troya, que terminó con la destrucción de la ciudad.

Podemos aprender algo: dejarse llevar por la seducción acaba por acoger un caballo de madera en nuestro quehacer.

Si te atreves, podrías preguntarte: ¿Cuál será mi Caballo de Troya digital?

Alfredo Abad Domingo.
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