sábado, 9 de enero de 2016

En ese sentido...Mariano del Castillo

Falleció Mariano del Castillo.
Por el inmenso cariño que tuvo por San Josemaría le encajaba abandonar este mundo en una fiesta entrañable para él porque el santo de lo ordinario hubiera cumplido hoy -9 de enero de 2016- ciento catorce años.

Mariano, desde su juventud, ha celebrado esta fecha cada año y en esta ocasión no podía ser menos, claro que hoy lo ha hecho vis a vis porque acaba de recibir una invitación formal para esa fiesta que se me antoja deba ser la apertura de los cielos.

En CuriositaTICs, este blog de reflexión tecnológica que estás leyendo en este momento, no podía faltar una nota de recuerdo a quien tanto ha hecho desde hace muchos años, cuando aún nadie utilizaba la tecnología en las aulas por implantarla, sensatamente y con inteligencia, no solo en las aulas sino en todos los procesos educativos.

Para ello creó en el seno de la CECE (Confederación Española de Centros de Enseñanza) el ITE (Instituto de Técnicas Educativas) desde el que brindó un magnífico servicio a la comunidad educativa española. Y sé de lo que hablo porque he tenido la oportunidad de colaborar en este ámbito con él en dos etapas de mi vida distanciadas en el tiempo: al poco de instituirse el ITE en la década de los 90 y en este último año en el proyecto de innovación educativa ITE-i, junto con nuestro común amigo Pere Marqués.

Decía San Agustín que la soberbia no es sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano:  Mariano era grande, sin inflamación alguna.

Como ejemplo, relato una anécdota hasta ahora solo conocida por él y por mí, que somos quienes las vivimos en primera persona -del plural-; aunque sospecho que habrá más personas anónimas que hayan tenido con él experiencias similares:

Mariano ha sido un hombre de proyectos, de muchos proyectos; incansable y enamorado de la estrategia ganar-ganar, sin agobios ni asfixias, perseverante. Durante su etapa de Director del Colegio Tajamar  -ya él colaboraba con CECE-  inició proyectos europeos y de tecnología que con algunas ideas tuyas a las que tú mismo no dabas importancia él diseñaba, escribía y enviaba a las distintas instituciones.
A veces, alguien que no conocías, te llamaba por teléfono o te escribía desde el otro lado de la frontera para comunicar algo relativo al proyecto presentado.
¿Qué había ocurrido? Muy sencillo: que tú no eras consciente de la existencia de ese proyecto pero Mariano había hecho las gestiones junto con todo el trabajo duro y lo había firmado con tu nombre, para no aparecer él en primera línea y promocionar así a las personas que trabajaban a su cargo; en este caso, a mí. Y lo he visto también en el caso de otros.

Con comportamientos tan generosos como estos pudo rodearse de un buen equipo de colaboradores que le ayudaron y que a su vez aprendieron de él a gestionar las virtudes de cualquier trabajo responsable, bien hecho. Porque para él el trabajo no era esfuerzo -no solo- sino que, sobretodo, era servicio: entendió perfectamente la sacralidad ordinaria del trabajo humano realizado con rectitud de intención.
En unos pocos años junto a él, he aprendido más sobre dirección de personas que en todos los libros que he leído durante muchos años sobre ello, que no son pocos.

Sigue diciendo San Agustín que cuando sientas que ya no sirves para nada, todavía puedes ser santo:
Mariano no ha tenido la oportunidad de experimentarlo porque ha muerto con las botas puestas, las botas de senderista, las que usaba para subir a esas montañas que tanto amaba. Por eso no ha querido la providencia que dejara de servir hasta el mismo final; pero, además, ha sabido santificar su trabajo y a las personas que le rodearon a lo largo de su vida. Soy testigo.

Ahora en la despedida me vienen a la memoria aquellos livianos versos de San Juan de la Cruz, tan cargados de serenidad y transidos de profundidad:

“Quedéme, y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado”.

"En ese sentido" -su expresión favorita-, querido Mariano, desde las almenaras de tu Castillo y ahora que enmudece tu palabra:
¡Qué elocuente se nos hace tu silencio!

Alfredo Abad Domingo.
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9 comentarios:

  1. Leopoldo Ceballos del Castillo10 de enero de 2016, 11:01

    Muchas gracias por esta reflexión y estas palabras de parte de todas su familia.

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    Respuestas
    1. Es lo menos que podía hacer.
      Yo admiraba a Mariano por muchas razones, pero sobre todo porque me parecía el prototipo de hombre profundamente libre. Gracias.

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  2. Muchas gracias por tus palabras tan bonitas y tan ciertas

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  3. Magnífica reflexión-despedida. Mariano tal cual: qué gran persona! DEP Muchas gracias.

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  4. Muchas veces he dicho que alguos de los proyectos más interesantes que he realizado ha sido en los años que coincidí profesionalmente con Mariano. Un gran señor, amable e incansable. Como comentas en la reflexión, seguro que san Josemaría le ha recibido con una fuerte abrazo. Gracias por tu ejemplo, querido Mariano.

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  5. Mariano del Castillo fue mi tutor el primer año que trabajé de maestro en Xaloc a los 22 años. Aprendí con él y de él muchas cosas que me han ayudado y en parte orientado a lo largo de mi vida profesional. Cuarenta años más tarde le reencontré y tuve la oportunidad de colaborar en sus proyectos del ITE-CECE durante este último año, en el que me apoyó y enseñó una vez más, a su manera, con su humanidad. Mariano, seguirás presente en mi recuerdo, con afecto y agradecimiento, y seguiré aprendiendo de tu ejemplo. Gracias.

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  6. Un gran tesoro hemos tenido los que te hemos contado como amigo y consejero. Dejaste desde el primer día una huella imborrable.Tu capacidad de trabajo, tus aptitudes, tu generosidad, tu alegría, tu espíritu joven, tu afán de servicio (después de 20 años sin vernos te acordabas de mi número de teléfono) Qué gran hijo de san Josemaría eres.

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