sábado, 22 de diciembre de 2012

¿Competencia o traición?

Hace algún tiempo leía la opinión de Nicolás Maquiavelo sobre la traición. Afirmaba que el traidor es el único tipo de hombre que no admite justificación: "los celos, la avidez, la crueldad, la envidia, el despotismo son, en ocasiones, explicables y hasta pueden ser perdonados de acuerdo a las circunstancias". Los traidores, en cambio, sostenía el autor de El Príncipe, son los únicos seres que merecen siempre las torturas del infierno, sin nada que pueda excusarlos.
Interpretaba Maquiavelo, el diplomático, funcionario público, filósofo político y escritor del renacimiento italiano, que la verdad es que la traición es un impulso complejo, donde se mezclan los más abyectos sentimientos con las pasiones más encendidas. Frecuentemente, la traición se nutre de la envidia y esta de la vanidad, para finalizar la cadena en la soberbia.

La traición más famosa es la de Judas a Jesús de Nazareth inmediatamente antes de la crucifixión. Pero, ¿pensamos que esa traición fue cosa de una locura puntual? ¿no será más bien que llevaba gestándose durante algún tiempo atrás y se materializó en un lugar y tiempo concretos de la historia de Judas?

Comenta en su blog Ángel Jiménez de Luis, periodista colaborador de El Mundo que a partir del próximo 30 de enero de 2013 Google dejará de soportar Exchange ActiveSync en sus servicios de calendarios y correos. De confirmarse la noticia, aparentemente intrascendente, habrá millones de usuarios de dispositivos con software de Microsoft que tendrán que decidir entre cambiar de sistema (dispositivo incluido) o abandonar la plataforma Google y derivar hacia la plataforma de Microsoft en la nube.
En la guerra Microsoft-Google esto no supone un arañazo más: es una auténtica y barriobajera reyerta a cuchillo y daga.

Hasta ahora -sigue comentando Ángel Luis- el soporte de Exchange era una forma útil para los usuarios de iOS (Apple) y Windows Phone (Microsoft) de obtener correo push en sus dispositivos móviles nada más que un mensaje llegara al servidor que aloja el buzón. Sin la plataforma Exchange, lo usuarios tendrán que tomar la iniciativa e interrogar al servidor periodicamente por si hubiera llegado un nuevo mensaje: la iniciativa de búsqueda se desplaza desde el servidor hasta el cliente, lo que va a incrementar significativamente el tráfico generado por los cllientes (y, probablemente, su factura telefónica si no se dispone de una tarifa plana o se tiene alguna ciertamente restringida).

Parece ser que en iOS el correo push no será un gran problema, ya que Google dispondrá de GMail una nueva app para iOS, disponible en iTunes, que gestionará este tipo de correo. Sin embargo, no ocurrirá lo mismo con Windows Phone.
Una sencilla decisión de Google desvía el peso hacia uno u otro lado en función de sus intereses comerciales, por otra parte totalmente lícitos. El problema lo tendrán, además de Microsoft, que tendrá que agudizar su ingenio, los usuarios de los servicios, siempre desprotegidos de las cuchilladas de los grandes que verán pasar el filo cerca de sus bigotes. En la sangre derramada por las grandes empresas, los consumidores de sus servicios -sus clientes- se ahogan.

Solo son treinta monedas, pensaría Judas. Parece que ni siquiera el factor económico le importaba demasiado, de hecho, al final no acepta el precio pactado de su traición: el motivo de su felonía debía proceder de algo más profundo, se trataba de una malicia sutil, conducida por ese diablo que "entró en él" durante la última cena.
Esto me lleva a pensar que cuando estos grandes toman decisiones, frecuentemente hay motivos subterráneos que "les entran" y que exceden de los simples -aunque intensos- intereses económicos. Si no, ¿por qué iban a salir tan perjudicados los usuarios?

La venganza -dicen- se sirve fría, pero la vanidad preña en el vanidoso el castigo de la propia acción vanidosa, puesto que todos menos quien se envanece se hacen rápidamente conscientes de las sinrazones de su jactancia.
Termina su artículo Ángel Luis con un comentario que me parece acertadísimo y que copio aquí sin mover una coma:
"El peso de Google es tan grande en el mundo de los servicios que este tira y afloja se convierte en un duelo interesante. Si Google "raciona" sus servicios en Windows Phone, podría restarle fuerza como contrincante de Android pero se arriesga a perder usuarios si estos consideran que es preferible usar otro servicio de calendario y prescindir del correo push a cambio de usar el sistema operativo de Microsoft."
Si Maquiavelo levantara la cabeza se asombraría de lo aplicado de sus discípulos. Claro que este modo de proceder no es ni mucho menos moderno y, si no, basta fijarse en el lamentable episodio de Caín y Abel.


Alfredo Abad Domingo.
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